la grandeza oculta

 

Con los ojos empapados de dudas, Román miraba temeroso el desdén del ventanal que   junto a el entorpecía la luz, una brisa de viento alegre le echaba los cabellos a la cara y el mientras mas trataba de sonreír, mas callaba.

Permaneció de pie por mas de dos horas, intacto, al filo del atardecer, hacia calor y el sudor le caia por la frente, de vez en cuando, el mismo llevaba un pañuelo entre sus manos hasta su frente y la secaba terminando con un suspiro hondo y vació.

Y observaba…

Y miraba de nuevo hacia arriba…

Sus manos nunca salieron del calor de sus bolsillos.

Estaba en donde el silencio se purifica por si solo, donde la luz que llega de afuera, se combina junto con la que emana los pisos, las paredes, las bancas,…y ya nacida aclara los pensamientos del doliente, de quien cae.

Una voz a medias, suave, salio de la soledad inerte, fuera de su vista.

-         ¿puedo ayudarte, buen hombre?

Román derribo su postura, al volverse con orgullo y gentileza, sus respiros agitados se llenaban de tibieza y ya casi no se notaban.

-         tal vez, ¿Quién es usted?-respondió conforme.

La silueta desconocida fue tomando forma, a como la luz le apagaba la oscuridad del rostro,

-         soy un trabajador en esta iglesia.

 

El primer hombre, vestía un traje de etiqueta, la salud de los buenos años, el calzado impecable, y un perfume embriagador, pero pasaba ya de los 50 y sus cabellos ya estaban carcomidos por la claridad.

El segundo hombre, vestía de forma normal, enmezclillado y con tenis. Y apenas su edad pasaba de los 20.  Después el agrego:

-         Hace un buen rato que llego, y lo veo perturbado frente a esta imagen, con ganas de mirarla enteramente y a la vez esconder sus ojos entre el piso para no ver…

-         Bueno.-adquirió Román mientras suspiraba contrariado-.Es que a eso vine, a ver… y no veo nada.

 

Frente de ellos una imagen de Jesucristo, de bella y fina estructura, pendía del altar,  atado a una cruz, que parecía seguir sangrando, seguir sintiendo el dolor, por las facciones sufridas, y los ojitos apasionados.

 

-         ¿y que esperaba ver?-titubeo el ayudante indignado.

-         Soy…-Román  uso un tono orgulloso, claro y relajado-.Uno  de los mejores arquitectos del país. Por años muchas personas me han insistido en diferentes momentos de mi vida, para que viniera justo a este templo, a analizar justo esta imagen, y precisamente a buscar esa grandeza que solo mis ojos no perciben en ella. Hoy, decidido vine, por mi mismo y sin la presión de regresar con un comentario bueno o malo para los demás, sin ninguna manipulación, solo para comprobarme de que me he perdido toda esta vida, y encuentro que…no hay mas que material viejo y dañado por el tiempo, ¿en que parte la gente le ve la grandeza? ¿Cómo?

El ayudante suspiro mas tranquilo, y ambos se hallaron de repente observando al hombre de la cruz.

Y sus labios contestaron pronto, sin tomar conciencia de ello.

-     Es que… la grandeza de esta imagen, se ve solo desde un lugar.

Román lo miro fijo y pregunto intrigado:

-         ¿y…desde que lugar es ese?

El ayudante también pacifico señalo con su mano, a la vez que indicaba:

-         ahí…

“…y ese hombre humilde, supo bien que decir, indicándole a su prójimo, que la grandeza de Dios se siente desde cualquier parte del piso; donde uno se pueda hincar…”

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Comentarios:

Escrito por: animalson       05/10/07 06:01
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Una buena narración.
Cuida de no dejar espacios en blanco

Un abrazo.
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