La gárgola.

Era la creación mas feliz del universo. Disfrutaba del silencio casi perenne del castillo olvidado en la parte alta de la montaña que cercenaba abruptamente la vista hacia el mar. Lo construyeron hacía medio siglo atrás, cuando la libertad se peleaba en campos abiertos de batallas, con ballestas y uniformes azules. El castillo estaba en la zona alta, fue un puesto de guardia, una atalaya vigilante de los posibles ataques a la ciudad, hoy en día solamente es una casa grande donde habita la ninfa eco en todo su esplendor, con la que hablo a veces, pues desde hace años que no tengo con quien hablar. Todos parecen odiarme.
De esos tiempos inmemoriales sólo yo y mis otras amigas tenemos recuerdos, lastima que estamos tan lejos como para conversar… igualmente yo era feliz. Cuando hicieron el castillo, me ubicaron en el ala este del mismo, así que tenia la mejor vista; la del amanecer. Por toda mi vida vi el amanecer creyendo que era lo mas hermoso sin saber que a mi espalda, cada tarde, el sol se acostaba en las aguas rojizas del mar, pero eso nunca lo verían mis ojos huecos.

Cuando los tiempos eran los de guerras, no podía disfrutar mucho del silencio, que era lo que mas me gustaba pero, al menos, tenía compañía todo el tiempo, lo único malo es que los hombres son algo tontos y necios; siempre hablan de si mismo. Son como el amor no correspondido de mi amiga la ninfa: él se enamoró de su propio reflejo, y ella se volvió loca repitiendo solamente lo que los demás dicen, pero he aprendido a interpretar sus monótonas respuestas.

Descubrí algo absurdo en la mente de los hombres: se mataban unos a otros por la búsqueda de igualdad, en lugar de aceptarse… quieren paz pero se van a campos de batallas en lugar de sentarse, cerrar los ojos y verla llegar… Definitivamente los hombres son como las hojas llevada por el viento: sin rumbo fijo. Esa fue mi confesión.
Yo gozaba de la paz que ellos peleaban. La disfrutaba así como disfrutaba de la lluvia, de los olores de piedra, de los colores del alba, del trino de las aves, del canto del agua que de mi boca salía… yo era mejor que los hombres. Mas humano que ellos a pesar de mi condición. Era hermosa. Nunca supe quién fue mi padre, seguramente fue Dios. Pasé mucho tiempo creyéndome maravillosa hasta una noche de luna llena en que dos hombres que hacían la guardia se acercaron a mí. Estaban tomando aguardiente y al verme comenzaron a mofarse de mis facciones, de lo feo de mis rasgos, de mi condición de monstruo de piedra… era fea y ellos; faltos de corazón, se rieron de mí, y desde entonces me descubrí tal cual como era: una gárgola. Hoy en día solamente veo la luz del amanecer porque no puedo esquivarla, no me gusta el silencio y desearía ser amada por alguien pero, el castillo solamente es visitado una vez al año, por turista que aunque no están ebrios se siguen mofando de mí.
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Comentarios:

Escrito por: ricardo48       07/10/07 23:07
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Buena historia una visión muy personal para una critica justa a la humanidad. Me gusto mucho FELICIDADES
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