LA FIESTA


 

 

            Que le vamos a hacer. Ya estoy en la Fiesta y esto me parece una tragedia. La fiesta es de máscaras ¿saben?. Una idiotez predecible digna de un grupo de snobs. En todo caso yo vine por ella y ella tal vez sabe a lo que vine. Hay demasiada gente en este lugar y el jueguito de las máscaras me parece francamente ridículo. Me dirijo al bar por una copa ¿Qué más se puede hacer mientras ella aparece?. Se me atraviesa en el camino un gordinflón de aspecto desaliñado con bigotillo árabe y sombrero de sultán. Come como bebe y entabla conversación hasta con los muebles. A su lado, una delgada señorita con antifaz de araña le conversa en voz baja a la que lleva una reproducción azteca. Atrás, resaltada con una pluma de pavo real en el centro, va ella con una clásica máscara veneciana. Salgo abruptamente del bar dejando atrás al barman con un gambox  negro como de asaltante. Copa en mano la sigo por el corredor, un mozo choca contra mi mostrándome en su máscara uno de los archienemigos de Batman, el Acertijo. La pierdo. Le pregunto al Acertijo dónde lleva ese corredor. Respuesta: Donde menos te lo esperas. Creo que todos están confabulados. Tal vez intuyen mi propósito, pero después me replanteo ¿Sabrán ellos que la vengo a estrangular?. La tipa con antifaz de leopardo me lleva a tirones a la pista. Entre compases y contorciones busco la máscara veneciana con pluma de pavo de real…no veo nada ¿Se habrá ido?. “Vamos arriba”- me dice borracha la mujer, mientras hábilmente yo se la encajo al que tiene una venda negra como el Zorro. Bajo la máscara veneciana veo el brillo de unos labios conocidos. Aun, con todo ese disfraz, ella sigue siendo bella. Aunque siempre y sólo se le vieran los labios seguiría siendo bella y completamente macabra. Va subiendo la escalera. Sabe que la he visto, me dirijo hacia sus escalones que están atestados de gente. Nuevamente se me cruza el Sultán, -¿Tiene fuego, señor?-, me pregunta mientras se tambalea y estira con dificultad un grueso habano. -No fumo- es la única posible respuesta y prosigo. Las manos me transpiran y tienen urgencia de apretar. Ella está loca o simplemente es sombría. Y yo que soy ¿un asesino?¿un amante que no puede perdonar?. Nos íbamos a casar ¿sabe?. Vivimos un par de años juntos. Si yo le contara como besaba…Siempre tuvo ideas raras. Pero eso, eso era lo atractivo. Se me pierde entre la señora que lleva máscara con incrustaciones de piedras semipreciosas y la dama con una máscara psicodélica. Solo se le ven, colgando de un frondoso vestido, los zapatos de un erótico transparente. ¿Puede ser erótica la transparencia?. No se lo que digo. ¿Qué si íbamos a tener hijos?¡Claro!. Se llamaría Leonardo, como el genio del renacimiento. El alcanzó a nacer, mire usted, de una forma exabrupta en el baño, sí en el baño de nuestra casa, pero murió inexorablente al ver la luz. La luz no siempre es esperanza ¿Lo sabía?.

 

 

            Me decido salir. Irme, irme lejos. Es que nadie vale la pena. Yo no soy nadie y ella lo es todo. Nunca fui nadie y en calidad de “poca cosa” imaginé tener para mí a la hija del dinero. Admito que me compró, pero yo lo di todo, el negocio está saldado ¿no?.

 

 

            Camino rápido por el corredor. Un antifaz de leopardo me dice “Ya es tarde”. Confirmado: Están todos confabulados. Aparece la máscara veneciana desde el tocador. Me mira y sonríe. Sale en dirección al salón de juegos. La sigo al tiempo de abandonar la idea de salir de ese lugar. Está cerca de la mesa del blakc jac. El couprier revisa las cartas. La casa gana, como no.

 

 

            Ha subido a la terraza y se ha retirado la carlanca de brillantes, me incita al asesinato presentándome su cuello desnudo e inmaculado. Las manos me transpiran nuevamente. Sale rápido. La sigo con desesperación, en el camino arrojo el carro con helados que lleva el mozo con máscara de duende. Veo su vestido, su rojo vestido campanear por los pasillos, baja la escalera.

 

 

            Mira hacia todos lados pero no me ve. El juego ha cambiado, ahora soy yo quien determina las reglas. Camina por el corredor mirando en todas direcciones. La sigo desde muy atrás. Ella se desespera y rápidamente se dirige al salón de baile. Un hombre con un antifaz de corsario me extiende una copa. Lo rechazo. Camino y la espío detrás de un biombo. Su desesperación la ubica en medio de la pista y sola. Todos borrachos, nadie da cuenta de su situación. El momento es propicio.

 

 

            Da vueltas sobre su eje y no me ve. Algo la calma, ¿Una intuición tal vez?. Aquieta un poco la respiración, aunque mantiene algo separado sus húmedos labios. Se da cuenta que todo es una locura y que nada le puedo hacer. Se siente desprolija y saca su espejo de retoque para mirarse. Los ojos se le agrandan notablemente cuando ve, de un modo retrovisor, mis dos manos al borde de su cuello. Aprieto con las fuerzas que sólo el odio puede dar. Intenta zafarse pero es imposible. La música suena cada vez más fuerte y todo, borrachos y erotizados, bailan en ritmos dionisiacos. Aplico más y más fuerza. Creo que, incluso, puedo oír su tráquea quebrándose. Adiós. Ha muerto por fin, ha muerto la insana como ella ha dado muerte. La he asesinado del mismo modo que ella hizo con nuestro hijo recién nacido sobre la loza del baño: estrangulada.

 

 

            Me incorporo para partir. Todavía sigue éxtasis demencial y nadie ha percibido nada aun. Salgo de la pista. Tomo el corredor y camino hacia la puerta de doble hoja. Y ella está ahí, con otro traje, otra máscara y la carlanca de brillantes sobre su cuello. La siniestra mujer había intercambiado vestidos con la que ahora yace muerta sobre la pista de baile.

 

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Comentarios:

Escrito por: S_Bustamante       14/05/08 12:22
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Safari, la gente parece estar ciega en este grupo. No entiendo como, ? no han echo ni siquiera un comentario?
?El mio?...: Te sigo leyendo...
Sergio
Páginas: 1

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