La esposa


 
            Las gotas de lluvia caían de las hojas de los árboles oscuros de la tarde. El frío subía salado desde el cercano mar, en una extraña despedida del invierno en pleno noviembre del litoral central de Chile. El olor a césped recién cortado del exclusivo parque cementerio de Concón, se entremezclaba con el sonido del mar y las sutiles trazas del humo del crematorio, que solo un experto catador podría distinguir con tacto tanatológico. Marieta disimulaba su confusión y tristeza bajo un negro sombrero de ala ancha y unas gafas tan extremadamente a la moda, como extremadamente grandes. Al cuello un pañuelo de seda oscuro. El rictus firme y sutilmente maquillado para alivianar los rastros de las horas anteriores. El impecable traje negro de luto, que nunca había utilizado y que por esas vueltas de la vida le había regalado su esposo… Tan lúgubre!!!  Había dicho ella. – Es elegante… la voz de Andrés tan cautivante como embriagadora, se escuchaba lejana en su mente… si no te gusta lo puedes usar en un entierro… jejeje… El beso de Andrés humedeció en su recuerdo… unas gotas de lluvia que se habían acumulado en el borde de su sombrero, se arrebataron por una ráfaga de viento cayendo algunas en su frente.
            El sermón lánguido del sacerdote se esfumó con el viento, y tal vez fue a parar a la orilla del cercano mar. La nimia asistencia, solo formada por los parientes mas cercanos de la familia de su marido, su madre y sus hijos, desfiló sin contratiempos entre los rectángulos marmóreos rodeados de flores. Sentada en su silla Marieta reposaba su pena, la mano firme de su hijo apoyada en su hombro serenaba su piel blanca y tersa. A pesar de todo aun lo amaba. A pesar de los desencuentros lastimeros, las fechorías mutuas, el desencanto del amanecer día a día y saber que poco a poco se fue  perdiendo ese fino y sensual lazo que los unía desde el primer día que el puso su mano sobre su hombro desnudo y una ráfaga estremecedora cruzo su espina dorsal… Eres hermosa... latía la voz de Andrés… Cuéntame lo que haces y haré que cada día sea algo mejor… y se sentó a su lado a platicar de la vida… sin poder intervenir, Marieta solo atinaba a sonreír avergonzada… cayó inmediatamente embaucada por la ardorosa presencia de ese galán maduro de ojos maravillosamente verdes… pero fue firme y solo a la tercera cita en el mejor restaurante de la zona central, frente al mar en que entregó su beso, a pesar que quemaba en ella desde el momento en que le acarició su fuerte mano sobre su hombro… Marieta sonrió… acarició suavemente la delicada mano de su hijo, y este servil, enjugó una gota salada que caía por la lisa y límpida piel de la mejilla de su madre.
Porque se transformó en maricón?… sollozaba… le había perdonado cada una de sus damiselas de pasillo, estudiantes avanzadas en el lecho que satisfacían a su profesor favorito… al menos en eso estaban a mano, también un joven había jugueteado entre sus piernas aletargadas y las había vuelto a desperezar, mientras su marido escudriñaba las faldas de alguna que otra coqueta, o tal vez, ahora lo sabía mejor, de mas de algún pantalón varonil. Ese joven que ahora era más que una simple juerga de alfombra, había sido su compañía y su secreto. Su amante beato que la había rejuvenecido a pesar de sus avejentados treinta y ocho años, cuando comenzó la aventura. Que diría la vecina, la compañera del te de las tardes del sábado, las damas de rojo que semana a semana limpiaban sus culpas con caridad barata. Podría haber gritado de impotencia por su marido adultero, y exculpada por la ley del taleón, caminar por la avenida de las delicias con la frente en alto.
Marieta Fermina Gonzalez Crouchaga… que feliz me siento… como se sentiría tu querido padre al verte tan bien comprometida… la voz cinica y arribista de su madre en su memoria, el día en que presentó a su novio de alta alcurnia en su corte, contrastaba con la delgada dignidad que representaba ahora a su siniestra. Marieta no llores… digna por favor… pero a pesar de todo le consolaba que estuviera ahí, firme contra la vorágine que se aproximaba… te acuerdas madre?… qué?... te acuerdas cuando me decías que me pusiera firme y dura como una piedra… que a pesar de todo tenía marido bien puesto… buena casa y posición... eso era lo mas importante en todo… que las diabluras de hombre se debían de olvidar… que las de mi padre habían sido peores y que nunca ni yo, ni mis hermanos habían sido afectados por arrebatos comunistoides de celos y feminismo… Hija… no es el momento de recordar ciertas cosas… La madre de Marieta sujetaba firmemente el brazo derecho de su hija, flanqueada por el otro lado por su hijo, se acercaba lánguidamente al vehiculo de la familia. El chofer del automóvil, joven, de impecable traje negro bien planchado y perfume sutil acorde a la ceremonia, abrió la portezuela trasera bajo un paraguas tan oscuro como su corbata. Marieta retomó con firmeza el pulso de la conversación... madre yo también tengo un secreto, también tengo un amante… desde hace algunos años cuando supe lo de las putas de mi marido… y pensar que eran también malditos putos asesinos… baja la voz por dios… la madre abrazó a su hija y de reojo recorrió en rededor, algunos pasos disminuyeron su marcha, y otros disimulados sacudieron las gotas de sus trajes europeos, no hubo una sola queja de la familia de Andrés, tal vez un silencio cómplice por las circunstancias en que sucedieron las cosas. No era orgullo para ellos que su más congraciado pariente, el más importante de su generación, apareciera en su departamento en Concepción acuchillado brutalmente y envuelto por una nebulosa de perversión homosexual.
No madre… ya no aguanto más… perdóname hijo… pero este secreto me tiene desolada… y se abalanzó de improviso a su amante silente, que por sorpresa botó el paraguas y cerró la puertezuela del Audi negro en el que esperaba a la esposa de su jefe muerto y recién enterrado, ante la mirada atónita de todos los presentes.

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Comentarios:

Escrito por: nil_da       07/02/08 01:44
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Muy bien relatado lleno de fuerza me gusto!!!!!
besos y abrazos de osa
NILDA
Escrito por: Rina       27/01/08 00:49
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Excelente, llevas bien la historia, es muy atrapante, la trama ni que decir, realmente la disfrute. Son esos finales los que me gustan, los que dejan con la boca abierta a todos...
Nos estamos leyendo
Besos
Escrito por: KARYNNA       26/01/08 17:46
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Ufffffff...que excelente relato Katar,ya extrañaba,tus relatos por aqui y este que buena esta,suspenso,amor,traiciòn,total para un film,me senti casi leyendo a Simonetti,aunque lo tuyo es màs real,sucede,si que sucede,ademàs tus letras son bastantes atrayentes,describes,muy bien todo,sin la exageraciòn...

dos besos
Escrito por: Katar1819       22/01/08 16:50
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Nota del autor: Este relato es en si mismo un cuento unitario, aunque pertenece a una serie de cuentos que se complementan, compartiendo hechos y personajes... algunos ya publicados en esta pagina (el taxista, la compañera, el complice)
Espero que tengan la paciencia para leerlo... gracias de antemano... JDO...
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