- Oh, no aguanto el dolor, decía la madre, tomándose el vientre con un rictus de angustia.
Un sudor frio recorría su frente, los labios resecos mordiendo un gemido. Las uñas crispadas agarradas al borde del colchón, denotaban el enorme dolor que estaba sufriendo.
El esposo, angustiado, corrió hacia el exterior de la calle, apenas iluminada por la macilenta lámpara de la esquina. El frio del inminente invierno, hacía temblar sus manos mientras se las frotaba vigorosamente, ¿o eran los nervios que traicionaban su hasta entonces recio carácter?
- ¡Taxi, taxi! Gritó, cuando al fin por la bocacalle apareció, milagrosamente por lo alejado del lugar, un auto del servicio público.
- ¡Rápido, lléveme a la clínica del Dr. Arzamendi le indicó al chofer, mientras la mujer era ayudada a subir, trabajosamente al auto, por la partera, madrina de bautizo de la mujer y comadrona de la familia por generaciones.
Llegados al hospital y ya en el quirófano el médico dijo:
- Su esposa está muy grave, apendicitis, debo operarla, pero no garantizo la vida del producto. ¿Qué prefiere, mujer o hijo?
-Los dos, respondió el padre, sin dudar.
- No, no es posible, el producto está muy tierno, apenas seis meses y medio. ¡Decídase, el tiempo apremia, urge la operación!
El padre, apesadumbrado con el corazon encogido por el peso de la decisión, casi mascullando las palabras, dijo:
- Está bien, doctor, salve a mi esposa, tengo tres hijos mayores.
Entonces, la comadrona, la vieja tía Amparo, intervino:
-Médico, déjeme estar en el quirófano, yo me haré cargo de la criatura.
- De acuerdo, respondió éste. Pero no me hago responsable.
Entraron a la sala de operaciones, el médico rodeado de ayudantes intervino y, sacando del vientre al bebe de apenas medio kilogramo aproximado de peso y dándoselo a la partera, dijo:
- Bauticen ésa cosa, no dura media hora.
Hoy, 27 de Noviembre del 2007 se equivocó por 54 años, 364 días, 23 horas y media y bastantes kilogramos de más. Esa cosa, cumplió 55 años
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