Personajes de la literatura como el caballero andante y su escudero evocan trasfondos de tragedias horribles entre quienes les rodeaban en su geografía patria, sumidos en su realidad, sin ser capaces de renunciar a ella o sin planteárselo siquiera, como personajes del teatro ineludiblemente ceñidos a un libreto absorto en el espíritu de su momento histórico, hallándose en los vericuetos de sus vidas nombres que de pronto aparecieron en una edad remota, como reza en libros antiguos. Es de observarse asimismo en el origen de este expansionismo que en la península ibérica era considerada esta lengua tosca para hacer poesía, hasta cuando apareció este personaje a caballo como suficiente razón, para que en la historia se señalen los inicios de Hispanoamérica. Obra escrita por uno de los súbditos más notables que tuvieron los reyes católicos, obediente del mandato divino y sobre todas las cosas- de las leyes para la causa imperial en lugares nunca soñados antes en Castilla ni en Roma; plasmados en pasajes literarios con la glorificación de la figura decaída de este caballero, quien al final de su vida no preconiza ya el combate contra los simbólicos molinos de viento ni pregona batallas motivadas por sus admirados predecesores en los libros que tanto había leído, sino que, desde su cama de enfermo hace apología del rezo con fe absoluta y del arrepentimiento de sus locuras.
Así, observando desde esta perspectiva generacional es bueno tener presente la enorme distancia en el tiempo y a la vez, la latencia de ese espíritu arcaico en la arquitectura actual de las ciudades colombianas excepto pocas-, en la estructura social del campo y en el lenguaje común de la gente de cualquier región latinoamericana, al valerse de palabras que parecen salidas del tiempo presente, arraigadas en el alma con las mismas formas de apreciar hechos de la vida y de evocar a Dios, muchas veces en los mismos tonos de los ancestrales colonos con su pensamiento rígido; permitiendo demostrar que cada obra en cualquier campo de la cultura revela trasfondos del autor y sus contemporáneos con sus esperanzas e ideales, tal como lo hace este cuento español que, al bajarlo del andamiaje en que se le ha catalogado por efecto de circunstancias concretas, revela los escenarios donde fue configurada y cada uno de los personajes que componen las imágenes contextualizantes de su realidad, cuando Cervantes sería apodado por siempre: Manco de Lepanto, después de participar en esa famosa guerra; haciéndole un honor a su lesión irreversible con el nombre de armadura que bautizó a su protagonista: quijote(21-22), y a la vez creándole una memoria a la caballería conquistadora que se lanzó al ristre por el expansionismo de coronas y bancos europeos, porque seguramente- ya habían pasado los tiempos de otros cruzados que creyeron en recuperar la sangre azul de los dioses que precedieron a la especie humana(l8).
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