Mientras la noche se hacia larga, yo la observaba en silencio. Ella era sencillamente hermosa y ¿yo? un pobre animal. La noche seguía larga y ella se hacia cada vez más hermosa. Al parecer, con algunos grados de alcohol en su cabeza, el baile la hacía más sensual, más exotica a mis ojos. Sí, realmente era hermosa y ¿yo? un pobre animal.
La noche dejo de ser larga y, para fortuna mía, ella se marchó. Se despidfio de sus amigas y no dejó que el imbecil de gorra azul la llevar a su casa. Yo me levanté en silencio, hacía mucho que no me divertía. Camine tras ella como una serpiente entre el campo. En esa noche atrape en silencio a esa mujer. Fuí el hombre más cortez del mundo, a pesar de ser un animal siempre me he vestido como todo un caballero. La mujer no mostró inseguridad ni mucho mmenos miedo. Yo la salude y le propuse acompañarla a que cogiera el taxi. Me hice pasar pasar por uno de los hombres que trabajaba en el bar. Ella, tan hermosa, aceptó.
Mientras la noche se hacia eterna yo, con mi boca y mis manos ensangrentadas, devoraba su cuerpo, su hermoso cuerpo, trozo por trozo. no muy lejos del bar -Despues de haberle golpeado su cabeza certeramente- , en algun arbusto, comence a arrancarle trozo por trozo, desde la primera uña de los dedos de los pies...hasta el cerebro esponjoso y sabroso.
Esa noche fatal devoré una hermosa mujer...la dos mil cuatro.
(Psicopata II)
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