Era una noche como cualquiera, se reunían para lo de siempre, sin embargo cada ocasión era distinta llena de sorpresas y eventos que solo les pasan a ellas, esta vezsalieron a un lugar que casi no frecuentaban ya que encerradas en casita la niña playera no veía gente; la nena en cuestión estaba estrenando unos tacones que le estaban matando los pies, cosa curiosa, puesnunca había tenido unos, ella es una nena de tenis, una nena práctica y cómoda, que hasta tiene el cabello corto y rojo como prueba de ello. Como siempre ellas tenían algo de qué hablar, reírse y entretenerse en lo que a muchos les parece vano, desocupado, trivial, entre otros adjetivos que solo demuestran congoja ante tanta independencia que tienen en este momento de disfrutarlo y hacerlo todo. Desde que entramos a aquel lugar te vi, la niña playera lo notó e hizo que nos ubicáramos cerca de ti apropósito; de vez en cuando estaba pendiente de ti, pero no sabía cómo acercarme ni hablarte seguí en mi reunión y observando cómo cada vez el licor nos cogía poco a poco, como a la niña de cabellos largos y oscuros recordaba a su amor con la presencia de alguien que llegó, como la niña de sonrisa bonita estaba tan autista, y distante con un cojín en su regazo toda la noche y hasta pudo acostar su cuerpo entero y como la niña playera percibió la oportunidad para acercarse donde tú estabas. Salimos a tu encuentro pero nos situamos al extremo, y la niña playera parecía que los conocía, e inicio una conversación. La niña en cuestión estaba nerviosa y no hablaba mucho, y esperó, esperó que todos conversaran y observaba todo. Hay veces no ponía atención de lo que estaban diciendo por estar pensando en que pasaría después, pues la noche era joven. El niño en cuestión no arriesgó mucho, se comportaba distante pues algunos asuntos personales le impedían tomar otra actitud, estaba cuidándose de hacerle daño a alguien sabiendo que partía muy lejos en pocos días, por mucho tiempo. De todas maneras una niña que conoce un niño peludito en un bar y que se va a bailar con el salsa muy pegaditos sin saber si aquel niño era o es un sicópata tiene que tener algo de loquita, y por esa noche fueron solo ellos dos. El no contaba con algo, el no contaba que seguiría en contacto con esa niña loquita a pesar de estar tan lejos como el final del continente, el no contaba con que se entendería y compartiría tantas cosas inexplicables con una personita que conoció en su despedida y en una noche como cualquiera para nosotras.