La despedida

Categoría(s): Romance
La Despedida

Por: Candy Alicia Centurión Polanco

Capitulo I. Un invitado importante

El zumbido de los cientos de mosquitos pegados al mosquitero la despertó, había pasado mala noche, últimamente hacia demasiado calor a tal grado que despertaba empapada en sudor y con el cabello totalmente húmedo.
No quería salir de la cama, estaba sola en su habitación y tenia miedo; esperó ansiosa a que los primeros rayos del sol alumbraran por completo su habitación, sabia que apenas ocurriera llegarían las doncellas a bañarla y vestirla, tal como lo esperaba ellas llegaron al alba…. Tres jovencitas una mucho mas pequeña que ella entraron silenciosas al cuarto, corrieron a los moscos impregnados en la telilla y con toda la delicadeza despojaron de sus ropas a su joven ama, nadie hablo, lo tenían prohibido a menos que la señorita les hablara para algo que requiriera de una respuesta. Pero la joven condesa hablaba poco apenas y conocían su voz, habían aprendido a interpretar sus gestos, su rostro se deformaba de sobre manera cuando algo le desagradaba y sus ojos delataban su alegría, por lo que no era tan necesario que hablará.

Briseida era la primera hija de un matrimonio de condes su padre había heredado el titulo de su tío que se lo había cedido a su muerte, mientras que su madre lo había heredado por la abuela de Briseida; la hermana menor era Leonor una joven carismática y risueña, pero también manipuladora y caprichosa quizá eso se debía a que era la menor y quería toda la atención posible, se llevaba poco con Briseida y solía decirle “la bella silenciosa”, la mayor solo la ignoraba y se iba a uno de los pocos sitios de la casona que realmente le gustaba, el jardín. 

Aquel era un lugar solitario, donde reinaba el canto de los pajarillos y todo el entorno estaba lleno de un sin numero de aromas distintos y siempre lucia colorido ya que había mas de cien especies de flores distintas.  Briseida no gustaba mucho de la jardinería pero ayudaba en lo que podía a Pedro el viejo jardinero de la familia y uno de los pocos que la había escuchado hablar más que solo monosílabos. Esa mañana Briseida  vio a Pedro y decidió hablarle de una inquietud que llevaba hacia ya algo de tiempo, le hablo de su gusto por aprender el arte del canto.

-Pero señorita Briseida ¿esta segura que le gustaría aprender canto?, usted es… algo tímida. –Pedro la miraba con orgullo casi paternal, esperando ansioso la respuesta de la joven que siempre meditaba un poco antes de hablar.

-A mi me encantaría, pero quizás tienes razón Pedro, o tal vez no tenga buena voz después de todo…-Medito un poco- Es que no me puedo sacar esa idea de la cabeza desde que leí los relatos de Homero sobre unas bellas sirenas que encantaban con sus melodiosas voces.

-Oh ya veo señorita, pero usted no necesita aprender canto para llamar la atención de jóvenes gallardos -Pedro aparto la vista del rosal para ver las mejillas sonrojadas de Briseida-  pero sabe… solo es cuestión de querer, su usted quiere estoy seguro de que será la mejor cantante de la región.

-Tal vez… -Sonrió tímidamente con el rostro aun ruborizado.

-Ahí viene su madre señorita mejor deje ese rosal no quiero que la regañen de nuevo por mi culpa.

La condesa Carolina caminaba con rapidez su rostro denotaba algo de enojo pero apenas noto la mirada del sirviente y su hija trato de tranquilizarse lo mas posible. -Briseida ¿No te dijo Leonor que llevo horas buscándote? –La voz de su madre era potente y siempre firme.

-Oh no madre, pero… ¿que desea? –La joven no podía evitar bajar la mirada siempre que estaba frente a su madre, ya que la cohibía de sobremanera.

-¿Recuerdas al Marqués de Santillana al que viene de la capital?... ya te había hablado. –La joven asintió rápidamente- Bien, resulta que esta de visita en el pueblo y vendrá a la hacienda, así que como buenos anfitriones solo espero un buen comportamiento de tu parte en la cena que ofreceremos, supongo que Leonor ya fue al pueblo a comprar un vestido apropiado para la noche y tu debes hacer lo propio, ya le he dicho a Norma que vaya contigo al pueblo y por favor nada fúnebre, compra algo… como la moda francesa por favor, sino me agrada lo hago devolver e iras por otro; Norma ya sabe como debe ser el vestido que elijas…-Briseida miro a su madre algo extrañada, pero cuando su madre se dio la vuelta rumbo a la casona ella hizo lo mismo, con mil preguntas en su cabeza pero como siempre sin el valor de hacerlas.

Norma era la única doncella que tenía más o menos su edad y la más parlanchina, todo el camino se la pasó contándole historias a su ama que solo le dedicaba sonrisas o breves miradas.

Norma hablaba y hablaba sin parar hasta que fue interrumpida por una vocecilla casi desconocida para ella: la de Briseida.

-Norma, tu… ¿sabes por que tanto alboroto por el Marques?

La doncella algo sorprendida respondió con rapidez y viveza, puesto que se creía privilegiada al ser a ella a quien la señorita interrogaba.

-Por supuesto madame, se dice que el Marqués vendrá a visitarles por que tiene intenciones casaderas, no le diga a nadie, pero Leonor esta enloquecida con la noticia ella cree que será ella quien se case con el y se vaya a vivir a la ciudad, usted sabe como detesta el pueblo y que mejor forma de salir de aquí que el matrimonio con el Marqués. Pero si le interesa mi humilde opinión yo creo que usted es mucho mas bonita que su hermana, lo conquistará estoy segura.

Las mejillas de Briseida se tiñeron de carmín, y fijo aquellos profundos ojos en el paisaje que cada vez se hacia mas boscoso; el carruaje se movía demasiado haciendo el viaje incomodo. Se hundió en sus pensamientos y sintió algo de lastima por su hermanita, hacer todo lo posible por conquistar a un hombre solo por salir de la hacienda. Eso era demasiado. Pero si aquello la hacia feliz… que mas daba.

- ¿No cree señorita? ¿Señorita…? –La doncella despertó a Briseida de sus pensamientos, eso la hizo enojar, pero una dama como su madre decía, jamás debía demostrar su enojo en público.

-Disculpa Norma, no escuche lo que decías…

-¡Ah! Se quedo pensado en lo que le dije del Marqués y su hermana. No se preocupe señorita yo le ayudare para que usted sea la elegida.

- Oh no muchas gracias Norma pero no estoy interesada.

-¡Pero que dice! En el pueblo, hoy en la mañana que fui por verduras escuche que hablaban de él, se dice que es joven y apuesto, aunque yo no lo creería por que para tener un titulo tan importante debes ser mayor, pero quien sabe… la esperanza es lo ultimo que muere. Ojala que las desesperadas del pueblo no se hayan hecho una falsa ilusión de el, sino pobre Leonor imagínate la sorpresa que se va llevar –La doncella cubrió su boca con sus manos para reprimir una risilla, cosa que no causo mucha gracia a Briseida.

-No debes hablar así de mi hermana, le debes respeto y ella no es motivo de burla.-
Esas palabras fueron las últimas que Norma escuchó al menos en las siguientes tres horas de camino.

Las horas pasaron lentas y tediosas para Norma, pero no fue así para Briseida que se entretuvo con los paisajes del camino. La carretera cada vez se fue haciendo mas firme y sin baches, no paso mucho tiempo para que el cochero bajara a abrirles la puerta. “Al fin…” pensó Norma.

-Bueno señorita ¿a que boutique iremos?  Por que ahí –Señalo una tienda de ropa de nombre Lady Fermina- hay gran variedad  y siempre he querido entrar ¿Qué le parece?

Briseida entro a la primera tienda de ropa que vio ignorando a la doncella que solo se limito a seguirle. Todos los vestidos de aquella boutique eran horribles a los gustos de Briseida, se decían a la ultima moda pero si eso era moda…
Norma le daba mil opciones pero ninguna parecía siquiera llamar la atención de la joven ama que solo se paseaba por los escaparates de las tiendas tocando en ocasiones algunas telas de los vestidos que Norma corría a mostrarle, pero no conseguía detener el lento andar de Briseida. Ya habían recorrido tres de las cuatro boutiques del pueblo y ninguna gustaba a la señorita.

-Señorita por lo visto no le gusta nada… pero su madre me ordeno no volver a casa sin un hermoso vestido, incluso me dio indicaciones para comprarlo y usted debe obedecerle.

-Briseida suspiro y sin oposición susurro- Tienes razón Norma, pero todos esos vestidos son tan vulgares…

-No es que sean vulgares señorita, es la moda y usted es demasiado recatada. –Norma escucho aquella risilla que podría reconocer en cualquier lugar y eso la puso sobre aviso, tomo el brazo de la señorita Briseida para agilizar su caminar-  Hay que apresurarlos Leonor seguro ya compro media tienda y ya debe estar de vuelta en la hacienda.

-¡Hey Hermanita! –La dueña de la risilla se hacia presente caminando rápidamente hacia su encuentro, su vestido se movía de una forma graciosa al igual que los bucles alrededor de su rostro.

Briseida se volvió hacia ella y le dedico una sincera sonrisa. –Hola Leonor ya te hacíamos en la hacienda.

-Jajaja no no de hecho ya voy para haya pero he estado tan ocupada comprando que el tiempo se me fue volando –Señalo a su doncella que iba con unas 10 cajas a cuestas, después dio una rápida mirada a Norma notando que aun no llevaba nada- Pero por lo visto a ti no te ha ido muy bien.

-No, no me gustan los diseños. –Se excuso Briseida

-¡Pero que dices! Esto es la moda en toda Europa. Ya cómprate algo hermanita o te pondrás esos trapos de anciana. ¡Dime que no por favor!

Briseida enrojeció de la vergüenza. –Pues si no encuentro nada…

-¡Hay no! Norma debes ayudarle ese es tu trabajo –Reprendió Leonor a la sirvienta que solo se encogió de hombros.

-Ella me esta ayudando… es que ya sabes como soy yo…

-Pues no pierdas mas tu tiempo aun hay muchas cosas que hacer y ya falta poco tiempo –Como siempre las palabras de Leonor llevaban una carga de burla y altanería, pero Briseida no lo noto, ella solo pensó en las palabras de su madre que le recordaban lo que había hablado con ella en la mañana “Leonor ya fue al pueblo a comprar un vestido apropiado para la noche y tu debes hacer lo propio, ya le he dicho a Norma que vaya contigo y por favor nada fúnebre, compra algo… como la moda francesa por favor, sino me agrada lo hago devolver e iras por otro, Norma ya sabe como debe ser el vestido que elijas…” Tienes razón Leonor mejor nos damos prisa –Briseida cogió del brazo a Norma y camino con ella rápido a la ultima tienda que les faltaba por visitar- Ahora si, confiare en tu buen gusto Norma –La doncella sonrió ampliamente y se perdió unos minutos por la tienda mientras Briseida miraba los aparadores repletos de sombreros y guantes de todos los colores y diseños posibles.

No paso mucho tiempo para que Norma volviera con unos diez vestidos que obligo a probar a Briseida. Para las tres de la tarde ya tenían todo listo y estaban camino a la hacienda.

En la casona había demasiado movimiento, la condesa quería que todo estuviera perfecto a la llegada del Marqués y su esposo hacia lo propio dándole ordenes al capataz para elegir  uno de sus mejores caballos para el invitado.

El carruaje de Briseida llego poco después de las seis de la tarde, la recibió una madre histérica que solo se ponía en ese estado cuando habían celebraciones realmente importantes.

-¿Compro algo apropiado Norma? –La señora de la casa fijo sus ojos en la doncella.

-Si señora. –Una sonrisa de satisfacción invadió el rostro de la condesa. –Excelente Norma, no esperaba menos.

-Y tu ya sube a arreglarte, tienes que estar impecable y muy linda esta noche. –Su madre llamo a seis doncellas más que subieron con ella a su alcoba y le ayudaron con el vestido, peinado y maquillaje.

Briseida debía admitir que todo esto incluso era emocionante, nunca la ayudaba tanta gente a vestir.

-Oh señorita se ve hermosa… -Exclamo una de las chicas que emocionada se llevo las manos al rostro.

-¿Tu crees? –Briseida camino con curiosidad hacia el gran espejo que se encontraba en el centro de su habitación y se miro, al principio se sintió extraña al ver su reflejo, el cabello lo llevaba recogido con muchos bucles algunos sueltos caían graciosamente por sus hombros desnudos y parte de su espalda, la piel nívea de su cuello destacaba notoriamente por la suntuosa gargantilla llena de pequeños diamantes y con una bella piedra amarilla al centro, su vestido era vaporoso Norma la había persuadido para elegir el vestido color mostaza, tenia demasiados holanes y era realmente esponjado para gusto pero se veía bella, como si no fuera ella, Lety la había maquillado y se esmero en darle énfasis a sus hermosos ojos castaños que detrás de ese delineado oscuro los hacían ver profundos y misteriosos. En conjunto estaba hermosa.

La campanilla anuncio la llegada del Marques, al fin vería por quien se armo tanto alboroto.
Las doncellas la acompañaron rápidamente hacia la puerta donde ya esperaban la mayoría de los sirvientes con una reverencia. Briseida permaneció con su familia adentro de la hacienda, mientras el cochero se encargaba de abrir la puerta del carruaje del tan esperado Marqués. Pasaron unos segundos para que el Marqués bajará, así que miro de reojo a su hermana que tenia una gran sonrisa en los labios se veía tan emocionada que casi dio un gritito ahogado cuando la figura del Marques se dejo ver. Briseida volvió su mirar al hombre que caminaba hacia ellos, no podía ver bien su rostro ya que llevaba un sombrero alto, así que dirigió nuevamente su mirar a su hermana y casi le dieron ganas de reír a carcajadas, sin duda el hombre le había gustado a su hermanita ya que tenia una sonrisa boba en los labios que la hacían lucir mas pequeña de lo que era. El cochero dio un sonoro golpe con un bastón anunciando la presencia del Marques – ¡El Marques Esteban de Santillana! –Vocifero fuertemente. El marques después de ser anunciado camino hacia los anfitriones

-Conde Guillermo, Condesa Carolina… Un placer… -La condesa extendió su mano hacia el, y el joven la beso con delicadeza y caballerosidad.

El conde volvió la mirada hacia sus hijas presentándoselas al joven Marqués  -Mis hijas... Leonor y Briseida –Ambas hicieron una reverencia al unísono. Briseida aun no había podido verlo bien…

-Mucho gusto señoritas… –La primera en extender su mano fue Leonor que recibió con una amplia sonrisa el beso del joven sobre su mano finamente enguantada. Briseida hizo de nuevo una reverencia y el tomo su diestra para después besarla cortésmente, fue en ese momento cuando Briseida fijo su mirar en él, era muy guapo debía admitirlo, pero casi se quedo sin aliento cuando el levanto su rostro para mirarla también, Briseida sintió su mirada penetrante y inclino nuevamente el suyo.

-Bueno Marqués ahora que ya conoce a mi familia, ¿le gustaría mirar los alrededores? –Pregunto el conde Guillermo a su invitado. 

-Esteban –Dijo el  invitado- Pueden llamarme Esteban… somos amigos ¿no?

-Oh pero como dice eso joven seria una falta de respeto para nosotros… -Menciono la condesa Carolina abanicando su rostro con el abanico color azul rey que combinaba perfectamente con su atuendo.

-Insisto condesa.

-En ese caso, me parece apropiado que usted nos llame por nuestro nombre también. Ya que estamos entre amigos… -Sonrió sinceramente la condesa-

-Muchas gracias señora…

-Bueno bueno vamos, que nos anochecerá y te perderás de lo mejor. –Insistió Guillermo tomando del brazo al ahora nombrado Esteban.

-¿No nos acompañan señoritas? –Esteban se detuvo esperando la respuesta de las hijas de Guillermo.

-¿Puedo padre? –Pregunto ansiosa Leonor.

-Si quieres hija pero apresúrate que se va el tiempo. -Leonor corrió de nuevo graciosamente con su vestido aun mas esponjado que de costumbre el carmín de su vestido le iba muy bien, pensó Briseida, y más ahora que combinada con sus siempre sonrojadas mejillas.

-¿Y usted señorita nos acompaña? –Le pregunta sorprendió a Briseida, ella sabia que la atención siempre se la llevaba su hermanita por lo que no pudo evitar sonrojarse.

-Oh.. no no muchas gracias joven…

-Esteban- Menciono el marqués con una sonrisa…

-Disculpe Esteban… -Repitió Briseida haciendo hincapié en su nombre aun con las mejillas ruborizadas.

-Esta bien, entonces espero que nos honre que su presencia mas tarde… -La joven solo asintió para después verlos partir con prisa siguiendo al conde que hablaba sin parar sobre todas las antigüedades que habían ahí.

Briseida caminaba por el pasillo ya estaba apunto de entrar a la biblioteca cuando la voz de su madre la hizo detenerse de súbito.

-Briseida.

La joven volteo para mirar a su madre que yacía de pie en el umbral del pasillo.

-¿Si madre?

-¿Por que rehusaste la invitación Briseida? –Aquello más que una simple pregunta parecía un reproche.

-Bueno yo… no tenía ganas… además Leonor los acompañó… y con ella era suficiente ya sabes como es… -Dijo la joven excusándose.

-Pues para la próxima cuando él te invite tu aceptas y ya. Como te atreves a rechazar al Marqués ese es un lujo que TU no te puedes dar. Debes ser la más interesaba en conquistarlo, él es todo un partido y tu ya tienes que casarte si sigues esperando ya nadie te va querer y te quedaras a vestir santos ¡Que vergüenza Briseida ni creas que voy a permitir que una hija mía se quede solterona escuchaste!

La joven asintió avergonzada, como detestaba que su madre le dijera esas cosas, ya sabia que tenía esa edad pero ella lo ultimo que quería era casarse, o al menos no con alguien a quien no quisiera. Había leído muchas veces que el amor se daba desde la primera vez que veías a tu persona ideal. Y a ella aun no le ocurría eso. Por eso debía esperar…

Continuará…



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Comentarios:

Escrito por: Charlotte       28/06/08 03:30
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¡Hola!
La despedida es solo el primer capitulo de mi historia, sin embargo; me interesa saber su opinión al respecto, si el tema les agrada por favor seran bienvenidos sus comentarios... y si existen dudas con gusto las aclararé... Les agradezco de antemano.
Charlotte.
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