La dama del paraguas

Constanza deambulaba por las frías calles de Altdorf, con paso lento y arrastrando sus pies. La lluvia había cesado, sin embargo aún se refugiaba bajo su viejo paraguas. Sus ojos negros, nublados por el llanto, apenas adivinaron los carromatos gitanos que cruzaron la calle en dirección al mercado o las tiendas que comenzaban a levantarse aún de noche para ofrecer su mercancía desde la primer hora de la mañana.
La ciudad daba a luz a un nuevo día mientras los faroles extinguían su brillo en delgadas fumarolas. La dama del paraguas continuaba, empero, aferrada a la oscura protección de aquella noche sin estrellas apresada entre varillas de madera. Como si negara la visión del sol o rechazara el bullicio de la vida citadina, empecinada en permanecer en el silencio de las sombras en el recuerdo de aquel aguacero de antaño.
Se paseaba en vigilia, con su cuidadas ropas y los labios expectantes. Su espera era larga como su falda abotonada, triste como la lluvia añorada, solitaria como la protección a la que se aferraba.
Su amor no volvería a pesar de las promesas. La fría tierra era ahora su amante eterna, aunque Constanza se negaba a aceptarlo. Ella salía a buscarlo cada noche, como aquella en la que se dijeron adiós. Aquella en la que la tormenta ahogaba sus gritos de dolor y el agua de lluvia borraba sus lágrimas saladas.
La guerra, la mil veces maldita guerra, había separado sus dos corazones hiriéndole el alma con su filo. Bajo sus pies, la misma tierra que hoy era cielo y cobijo para su amado, era para ella su único contacto con el mundo. El universo entero se había partido en dos y la humanidad toda continuaba ingenua, como si la eternidad y el amor pudieran comprarse por unas monedas en ese pequeño mercado cuando en realidad se escondían de la muerte, seguros, bajo la débil tela de un paraguas.
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Comentarios:

Escrito por: Piegrande2       05/04/08 19:00
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Romina: Recordá lo que te dije en mi comentario a tu historia...
Tampoco es que escriba tan bien, pero uno va aprendiendo el oficio, eso es todo. Aca mismo, en este sitio, hay escritores que REALMENTE escriben bien, te sugiero leerlos. El secreto es leer y escribir, leer y escribir...no hay más ciencia. Es un músculo que se debe ejercitar. Ya llegará el día en que te llenen de elogios. El ingrediente más importante es la pasión así que estás condenada al éxito.
Saludos!
Escrito por: romina_miraglio       05/04/08 17:50
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me encanta como escribis yo recien empieso pero quisiera tener esa facilidad como vos de expresarme besos.
Escrito por: SAFARI       18/02/08 05:39
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La recalcitrante esperanza que no cede, no se si para bien o para mal. Un texto íntegro y cohesionado. Tus relatos tristes son extremadamente tristes, no se como lo haces...
Escrito por: cuca       01/02/08 11:52
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Con ver a la dama,se nota ,su pena, que la embarga,su espera, sus lagrimas y ese paragua que trata de cobijar su sufrimiento, al no ver llegar a su ser amado y todo referente a la guerra es tristeza.A pesar de la distancia que los separa, de su ser amado ,en sus pensamientos están unidos eternamente hasta el resto de sus vidas.
Escrito por: minerva       01/02/08 08:32
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Más sabia la naturaleza, gime ante el dolor y la humanidad ingenua, piensa que no pasa nada.
El autor tiene razón ¡ maldita guerra!
Escrito por: Abedul       01/02/08 00:10
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La idea de hacer cómplice a la naturaleza de sus sentimientos, es un tema que siempre me ha atraído. ¿Quien no ha llorado en la lluvia? Es descriptivo y se centra en la pérdida del ser amado y bien describes lo que se siente: "El universo entero se había partido en dos y la humanidad toda continuaba ingenua". La agonía de la soledad.
Escrito por: Momo       31/01/08 19:46
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La idea de la eternidad y el amor escondidos bajo la débil tela de un paraguas, está cargada de una sensibilidad exquisita. Me ha parecido un relato precioso
Escrito por: ricardo48       31/01/08 18:37
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Un triste relato, con una férrea esperanza por lo imposible nos traen tu letras amigo .Un abrazo
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