La dama de la noche

Categoría(s): cuentos henry

 











Nunca pensé encontrar  a la mujer casi perfecta para mí. Tan hermosa y hambrienta de sexo como yo, de esas que sólo hay una en un millón. Tan delicada, perfecta, tan ecuánime. Toda seriecita toda una dama, sólo hasta cuando sale la luna (cómplice de la locura, de lo desenfrenado, de lo perverso), ella  cambia de una manera radical, asombrosa (con ayudita de unos tragos encima, un poco de marihuana y una buena pasada de mano en el momento adecuado). Nunca pensé que pasaría esto y menos conocerla como al conocí.

Un miércoles por al tarde mientras esperaba a un amigo en el famoso Fundo el Fierro, donde se ve casi todo, (un poco más y tiran en presencia de uno y si te ven mal parado, no falta un cabro que te meta letra para más tarde intercambiar favores). Vi a una mujer espantosamente bonita y elegante como esa viejas de saco y vestido que ves por las calles moviendo lo que hace tiempo dejaron de utilizar. Algo así era, pero más tranquila o inocente; y es cuando me gané el pase de todo, cuando llegó un pata que por la seguridad de su caminar, a meterle letra. Ella solamente se limitaba a responder no y de pronto, de lo que se encontraba cómodamente sentada, se levantó, lo miró de pies a cabeza y escupió en la zapatilla del inmundo sujeto y se marchó. Cuando me encontraba sentado y dije: ¡Carajo, esta loca ahora falta que me escupa por mirarla!
Pero no, sólo se volvió  sentar y saco un cigarro de esos que parecen pinga de pato y se lo fumó sin mas ni mas. De pronto cayó mi amigo y nos marchamos rumbo  la juerga. Ya en la noche se nos dio por entrar a una discoteca, de esas que ya no hay, donde explotas sin tapujos tu instinto, tu libertad; y si conoces bien  a los dueños puedes abastecerte de tiros o sólo pacos, pero sino sólo te limitas a chupar y bailar como cualquier mortal...claro yo tenía quién me abasteciera, pero no ahí. Cuando tengo todo el trago en la cabeza y me siento como una espanta pájaro, duro por el cigarro y el trago corriente  que venden, me veo tan espantoso que mujer que me mira se corre. Me metí al baño a fumar un cacho de marihuana para poder empezar la juerga, la joda y cagarme de risa de la gente; salí del baño y me apoyé en la pared con una sonrisa media cabronesca, como esa de Beto Ortiz cuando tiene un negro delante y le brillan los ojos al muy puta.
— ¡Oye, apestas horrible, no puedes fumar algo de calidad!— me dijo la misma mujer que había  visto en la tarde en la plazoleta.
— ¡Ah eres tú!, la que escupe a los hombres...
—Ja, ja, ja, no  me digas que viste como lo mande a la mierda por pendejo.
—Algo.
—Échate perfume porque nadie va a bailar contigo...
—No me importa, porque no vengo a bailar, vengo a joder, a ver si me liga algo, a ver si me levanto a una puta o una lesbiana, pero nunca a un cabro porque traen mala suerte, ja, ja, ja.
—Eres muy bacán, ¿No?, ¡Ya sé!, ¿Por qué no...?, mejor no.
—Habla no mas, total...
—Sabes, por qué no te vas a la misma mierda, pobre huevón— y se marchó dejándome hecho un estúpido, pensando en su meneada tropical de caderas y curioso,  muy curioso el mecanismo de eso que llaman amor y no es más que el antecedente de la cópula. Entendí que era ella la que siempre busqué, pero tenía que remediar lo sucedido; disculparme, cuando la encuentre tal vez. La divisé a lo lejos, sentada en la barra fumando su pinga de pato.
— ¡Oye! ¿Bailas?
— ¡Sí, pero no contigo!
— ¿Te puedo invitar una cerveza?
—Mira imbécil, para empezar no quieras computarme, porque no soy lesbiana y para terminar, no me gustan los pastrulos...
—Escúchame bien..., no quiero computarte, sólo quiero tomar, joder y si puedo te presento a un amiguito que tengo acá en mi bragueta— y eché a reír, ella se levantó súbitamente me jaló el brazo.
— ¡Vamos a ver que tan bueno eres... palabreador!
Y bailamos unas ocho canciones con intermedio  de mucho trago, y cuando todo lo veía rojo, quise fumarme otro cacho y le dije:
—Creo que estoy mal, voy al baño.
—¿Otra vez vas a fumar esa porquería?...ven, vamos acompáñame — y me llevó a la parte más oscura de la discoteca, a un rincón donde no llegaba ni un ápice de luz, sólo la música...suave y dulce; luego frenética como su mirada. Y de su billetera sacó un poco de cocaína.
—Aprende a sentirte bien, o no sabes como se usa.
—Claro..., pero ¿Tan poquito tienes?, eso es sólo para mí.
— ¡Qué abusivo eres!, por eso apestas.

Nos metimos un par de tiros cada uno y me miraba con una cara de hambrienta, sacaba la lengua y se la pasaba por los labios, me excitaba. Con la escena todas las partes de mi cuerpo estaban tiesas y me lancé sobre ella con  mis manos sobre sus pechos. Mientras la besaba le soltaba la blusa negra de seda junto con el  brasier y de pronto ante mis ojos se presentaron dos senos duros como piedras, brillantes, bien  formados, con una transpiración excitantemente agradable. Mientras mi boca bajaba sus pechos, la otra mano frotaba su entrepierna que comenzaba arder, ella me devolvía caricias de igual manera esperando la dureza increíble, de eso que la hiciera gemir.
—Espera— me dijo— acá no, vamos al baño de mujeres.
Nos fuimos, pero antes nos metimos otro par de tiros para ponernos “Románticos ” nos encerramos en el baño y empecé a besar sus pechos otra vez, volviéndola a acariciar hasta que entre en calor y luego la volteé de cara contra la pared, mientras le sobaba el trasero con mi falo y mi mano.
Acariciaba sus pechos sólidos y con la otra mano empecé a subir su falda hasta la cintura y continué bajándole el calzón; era muy blanco y apretado. Ella con las manos hacia atrás tratando de desabotonarme el pantalón hasta que lo consiguió. ¡Empezamos!. Poco a poco comencé a introducirla hasta el fondo. Mientras se me apoyaba en su espalda comenzó a gemir como una loba huérfana de amor, comenzamos a copular sin descanso.
—Ahora vas a sentir lo que sienten las perras.
—Métemelo como  buen perro que eres.
Y sin pensar lo que sucediera lo boté dentro de ella y sin cansarse de pedir más y más se  seguía meneando y yo acariciándola y ella arañándome las piernas tan fuerte mientras sentía como entraba. Al acabar nos fuimos de bruces hasta el piso y la agarré de cuatro hasta acabar con todo.
—Eres un loco, pero tengo ganas de seguir.
—Yo también, pero con esos tiros siento que voy a reventar. Pero ¿ No tienes más ?
—No. Pero si quieres, consigo...
Ahora se acomodaba la ropa y se abotonaba la blusa .Salimos del baño y de pronto ella desapareció, luego retornó con más cocaína en mano, me la entregó, dijo que se iba al baño, pero no regresó en toda la noche.
Cómo  la busqué, cómo la extrañé, y podría decir mil cómos, pero lo cierto es que esos días no hacia más que ir a la discoteca y al Fundo a ver si por casualidad la encontraba.
Es increíble decirlo pero su perfume, la transpiración de su cuerpo, su acento medio argentino, lo blanco de sus piernas; su cuerpo tan duro, me producían una nostalgia horrorosa cada noche. Mi cuerpo estaba hecho para ella, éramos la suma perfecta. No era amor lo sé, era deseo de su cuerpo, de esa dama de apariencia inocente de día y de loba, ninfómana, desenfrenada, lasciva, viciosa de noche.
Dos semanas después la encontré en una conocida avenida, se encontraba con unas amigas, me acerqué a saludarla (aunque no lo crean no sabía ni su nombre).
— ¡Hola!— la saludé,  me miró de pies a cabeza.
—No te conozco.
— ¡Qué te pasa!, ¿No te acuerdas de mí?
— ¡No!
— ¿No te acuerdas cómo gritabas esa noche?
—Fuera huevón de mierda...
Me escupió los zapatos y se fueron todas matándose de risa y me quedé hecho un imbécil mientras escuchaba a unos patas decir: “Pendejo, lo cagaron, seguro quería meterle letra”.

Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: Linosangalli       19/09/07 20:37
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Hola Henry: tiempo que no te leía. Me gustó mucho tu historia, es mi tipo de literatura: locas mujeres misteriosas y lascivas, mucho sexo, droga, alcohol y rock. La combinación perfecta para un buen cócktel literario.
La encuentro interesante y amena, muy bien narrada, fácil de leer, aunque se te pasaron por ahí unos mínimos detallitos de concordancia sobre todo.
Buena amigo.
Lino
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Preguntas frecuentes    -     Anunciar    -     Publicar poesía
Nuestra red: Adelgazar sin trucos