


| Escritor: | Gabrielalv |
| Públicado: | 16/09/2007 |
LA CORTE DE LOS NOMBRADOS
Existe un lugar donde ningún ojo se posa. Sus cielos están hechos de sueños que nadie recuerda, la tierra es fértil y cultiva realidad, pero su fruto es amargo.
Es tierra de nadie.
El Sol le teme y aleja de ella sus rayos, que develarían más de lo que quisiera el Gran Señor soportar; así que le da la espalda, pretendiendo que no está allí, y se cuchichea con la Moral. La vieja dama está escandalizada, y le pide su opinión a la Luna, aun sabiéndola su acérrima enemiga, pero sabia en las cuestiones de todo lo que se oculta ante el Sol.
A la blanca señora no le gusta que se le malentienda, y contesta a la ofensora; es ella, después de todo, la que intenta darle un toque de decencia a su buena amiga la Noche, aunque sus rayos no alcancen todos los rincones y la tenebrosa doncella no suela escucharla. Comenta con desdén su blancura, que ella no tiene relación con brujas ni con diablos. Todos ellos son hijos de la querida Imaginación afirma la señora de plata y hace énfasis en que es esta una criatura capaz de todo, más grande que lo más grande, y más pequeña que lo más pequeño, porque no tiene forma y es escurridiza y voluble, como el cándido Amor.
Pero ni siquiera la gran Imaginación puede entrar en la tierra sin nombre. Le teme al igual que el Sol, la Luna y la Noche; allí se encuentra el vacío que lo contiene todo, el velo roto que cubre mil ojos, la Felicidad que no sonríe y tiene 100 cabezas. Es el sitio que nadie ha pisado y donde la Palabra no llega. Se cuenta que este personaje, en su infinita arrogancia, ha hecho intentos vanos por abarcarla, hacerla suya y clamar ante el mundo que ha conquistado lo inconquistable. El Sol, la Luna y toda la Corte de los Nombrados ven con pena a su amo y señor: la Palabra. Temen que en esta obsesión se entregue a los brazos de la Locura, la cortesana eterna, la que seduce voluptuosa con promesas de alivio y libertad, la que guarda las llaves de la tierra sin nombre.
¡Terrible catástrofe sería para el reino de la Palabra, que todas sus tropas cedieran a la tentación! O eso es lo que piensan, pues en ellos, el velo de la Ignorancia es aún casto, y siguen en su afán de nombrarlo todo, de entregar más víctimas al poderoso Convencionalismo, mano derecha de la obsesión del rey.
Y así, el lugar que no ha sido nombrado sigue allí, seguro de invasores aunque codiciado por muchos, al alcance de cualquiera y lejos de sí mismo; llenos de espejos pulidos, guardianes y destructores del ego, que no reflejan nada gracias al temor del Sol y la Luna, ocultando ante la siempre necia Verdad aquello que nadie quiere ver.
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