La cabaña del bosque.

Categoría(s): cuento sentimental.
La cabaña del bosque.

 

¡Cuántos años han pasado desde que visité la cabaña del bosque!
Parece mentira, pero desde la muerte de mis abuelos no tuve el coraje de volver.
La cabaña era la casa de ellos, donde pasaba mis vacaciones y a veces hasta los fines de semana.
Todavía puedo verlos, a la abuela en la cocina preparando aquellos deliciosos pasteles de manzana que hacían latir con fuerza el corazón del abuelo, y a él, preparando su aparejo para llevarme a pescar.
¡Cuántos recuerdos, a pesar de los años, aún se agitan en mi memoria!
Mi abuelo era un hombre muy sabio, estudioso, pintor, solía enseñarme a manejar los pinceles y los colores con tal maestría que por fuerza tuve que aprender y gracias a él me convertí en el pintor de fama reconocida que hoy soy.
Pero no sólo a pintar aprendí con él, también llegué a ser un buen carpintero, para él no habían secretos, todo era fácil, desde construir la cabaña con sus propias manos y sin ayuda de nadie, hasta el bote en que salíamos a pescar.
Al acercarme a la cabaña, después de tanto tiempo, vuelvo a revivir el pasado, mi niñez y a pesar de los años, no puedo contener una lágrima furtiva que rueda por mi mejilla.
La cabaña aún se conserva, hecha completamente de troncos, con grandes ventanas que la hacían tan luminosa y atractiva, era el comentario de la época.
Por aquel entonces, las casas se construían sin mayor atractivo, debían cumplir su función y nada más, pero mi abuelo tenía visión de futuro y aún hoy, renovada, sería la más moderna.
Al estacionar el auto frente a la puerta, me miran espantados, conejos, ardillas y hasta algún ciervo, pero no me asusta ver tantos animales, me crié con ellos, mi abuelo me enseñó a quererlos y a respetarlos, él jamás los cazó, solía decirme que un ser humano podía traicionarnos, pero que los animales que se convierten en nuestros amigos, jamás dejan de serlo.
Todo esto y mucho más pienso mientras entro a la cabaña, todo está igual, sólo el polvo de los años cambia su apariencia, pero estoy dispuesto a recuperarla, quiero volver a vivir aquellos deliciosos días de ternura y amor que pasé en ella.
Nunca supe el motivo por el cual mis padres jamás se quedaban cuando me traían, solo se lo que me decían, que la vida del bosque  no era para ellos.
Mi padre y mi abuelo no se veían mucho, eran tan distintos, quizá por eso mi abuelo me quería tanto, no había tenido en su hijo al compañero deseado.
En cambio conmigo era diferente, teníamos los mismos sueños, la pesca, los animales, la pintura.
Mi padre era un gran abogado, pero más interesado en las finanzas que en el amor a los suyos.
Yo me crié diferente, pero al pasar los años y llegar la fama, a pesar de todo y quizá por la falta de mi abuelo, me fui convirtiendo en lo que más odiaba, un dependiente del dinero y yo, al igual que mi padre me preocupé más de éste que de mi familia y descuidé lo que más quería, mi hijo, que hoy me reprocha mi abandono de la misma manera que yo lo hice con mi padre.
Pero los años pasan y no podemos volver atrás, ahora mirando la cabaña, he despertado del largo sueño en que la fama me durmió y trataré de recuperar algo de lo bueno que había en mi dándole a mi nieto todo lo que recibí de mi abuelo, ternura, amistad, amor y enseñanza.
Voy a renovar la cabaña acorde a los tiempos modernos donde no van a faltar la televisión y la computadora pero tampoco las cañas de pescar.
Quiero recuperar a mi hijo, tanto tiempo olvidado, a través de mi nieto, tengo que apurarme, en unas semanas mi hijo, su mujer y mi nieto vendrán a pasar sus vacaciones conmigo, nada puede salir mal.
Casi un mes ha pasado, la cabaña está al fin renovada, pintada, completamente nueva, no le falta nada.
Ha llegado el día tan esperado, hoy llega mi familia.
A la tarde se oye el rumor de un auto, apenas perceptible, es un último modelo, de él descienden tres personas, una mujer joven y hermosa, un hombre joven también y un niño.
El pequeño mira a su alrededor como queriendo abarcar todo con sus ojos.
Se saludan y pasan a la cabaña.
El padre del niño, luego de una breve conversación con su padre, deciden que no van a quedarse.
El hombre siente en ese momento que la historia vuelve a repetirse, cuando su padre al igual que su hijo ahora, abandonaba la cabaña.
Sin querer él había hecho lo mismo que su abuelo, que a pesar de querer tanto a su hijo, no había sabido retenerlo a su lado.
Sebastián, que es un niño muy despierto para su corta edad, comprende el dolor de su abuelo al ver marcharse a su hijo y le pide a su padre que por favor aunque sea por esta vez, formen una familia unida y se queden unos días.
Al fin sus padres ceden ante el ruego del niño y deciden quedarse.
El abuelo se vio reflejado en Sebastián, recordando las veces que les pedía a sus padres que se quedaran, sin que ellos aceptaran hacerlo.
Ahora todo es diferente, abuelo, hijo y nieto se encuentran unidos, se han encontrado al fin, formando la familia que siempre quisieron y en la cocina, la madre de Sebastián, hornea, con una antigua receta un delicioso pastel de manzana.

 

Omenia.
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Comentarios:

Escrito por: Oscarhugo       22/06/08 03:11
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Hermosa historia, con un final que da esperanza. Creo que yo también cometí errores parecidos y ahora echo de menos la presencia de mi hijo mayor, quien viene muy a lo lejos a vernos.
Me gusta tu manera de describir situaciones y lugares; eres una maestra pintando con palabras.
Felicitaciones.
Escrito por: AndresMiranda       20/06/08 16:30
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Otra preciosa historia, y esta con muchos aditivos.
Las historias se repiten, es el karma o los círculos de vida, eso lo sabemos, como sabemos que cambiarlos representa abdicar de ciertos formulismos y el esfuerzo de olvidar hasta de ciertos condicionamientos, genéticos y adquiridos.
Tu los solucionaste en esta historia abierta, porque el resultado depende del esfuerzo continuo de todos los involucrados, sin claudicar nunca, porque lo contrario es volver al origen genético.
Podemos tomar esta historia para mirarnos y ver que nos toca a cada uno… y poder resolver algún desencuentro.
Muy buen trabajo María
Un beso
Andrés
Escrito por: sumysel       19/06/08 19:07
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Ay que bonito relato!!!
Pero me has hecho sufrir Ome, pues lo primero que veo al abrir tu página es ese pastel de manzana...qué delicia!!
Muy bien narrado, como siempre. Te extrañaba, amiga.
Un texto como para inculcar valores. La familia, valioso tesoro.
Un abrazo enormeeee y gracias por volver a deleitarnos con tus escritos.
Páginas: 1

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