La bestia

La Bestia

 Prologo
La muerte llega, en algún momento de nuestra corta vida, pero llega. Sea como sea, naturalmente o provocada. Es menos criticable la muerte natural que la provocada. La provocada implica una serie de sucesos que una persona acciona en contra de otra llevándola por fin a la muerte.
 
No me afectó. No lo hizo, para nada. Una y otra vez me lo repetí, incrédulo de mis propias palabras. Sabia que habia estado mal, muy mal para ser sincero...
 

Capitulo Único: Adiós

Cuando entre por ese portón, sentí mi corazón palpitar como nunca antes. La sangre fluía en un curso anormal. Mi mente estaba en blanco, si, en blanco. Lo que haría esa noche no tenia perdón de dios.
Entrar despiadadamente, acercarme poco a poco, subiendo sigilosamente la escalera, que chirriaría al menor descuido, y por supuesto la culpa. Esa cosa que debe invadirte finalizado el acto. No, mi suerte no lo permitió, lo hizo al comienzo y no al terminar.  Retrocedí unos pasos y pensé. “No, esta mal”. Avancé unos metros mas tratando de convencerme de que era lo correcto, pero me fue casi imposible. Hacer todo eso por una mentira no tenia sentido, y menos si la amaba.
El tentador titulo de “Crimen Pasional”, se reflejaba en mi mente con lujuria, convirtiéndome una vez mas en el monstruo que tanto aborrecía. “Basta, debo irme”.
Mi subconsciente me lo suplicaba pero el conciente me impulsaba a seguir  buscando a mi victima, no había otra salida, tenia que matarla.
La bestia pudo mas y salió a flote con todo su esplendor. Discretamente, pisé cada uno de los escalones que quedaban tratando de no emitir sonido y pasados unos segundos, me encontré delante de la puerta de su habitación. Se hallaba entreabierta y una luz intensa salía por la ranura, era la Televisión encendida. Ella parecía dormir, pero no. Estaba cambiando de un canal a otro, hasta que se quedó en uno de cocina. Treinta largos minutos, y ya estaba en el mundo de los sueños. De un solo toque, termine de abrir la puerta y me introduje dentro sin pensarlo dos veces, si lo hacia corría el riesgo de arruinarlo todo.
            “¿Estas loco?”, me dijo mi subconsciente al darse cuenta la hermosura que yacía sobre la suave y gran cama. Di un paso hacia atrás y por poco caigo, menos mal que el equilibrio no me fallaba en casos como este. Volví a observar a mi amada descansando, con una paz descomunal. No podía hacerle eso, ¿qué dirían nuestros retoños?, ¿qué pensarían de su padre?... Era algo que me marcaría por el resto de mi vida, algo de lo que no podría arrepentirme, porque el tiempo no vuelve atrás, solo pasa y pasa. El tiempo nunca envejece, siempre es el mismo, mas nosotros nos vamos desvaneciendo con el, y así nuestra vida se nos esfuma en un abrir y cerrar de ojos. ¿Era capaz de arriesgar mi existencia por una traición?... mi monstruo rugía por dentro, pronunciando un terrible “Siii....”.
Era algo difícil, porque la parte mas humana de mi, decía que no tenia que concebirlo y la bestia reclamaba su porción del pastel...maldita bestia, quería deshacerme de ella, antes de que acabara con mi vida... pero no era posible, una vez que empezaba no acababa hasta cumplir su cometido.
La pelea interior desapareció y en cuestión de instantes me vi sobre la pobre de Marianne, esta ni se sobresaltó, “claro, las pastillas” pensé extrañamente feliz, de saber que no sentiría el mas mínimo dolor ante las despiadadas puñaladas del cuchillo de carnicero, que portaba mi mano derecha. “¡¡Ya!!” gritó la bestia. Una y otra vez, el cuchillo se introdujo en el delicado cuello de Marianne, dejándola así, sin voz. Hice un tajo desde la yugular al pecho, atravesando una vez mas la piel de mi joven esposa.
            Al terminar con mi macabra obra de arte, la parte humana resurgió de las oscuridades en la que la bestia la había sumido. Se horrorizo al contemplar tal escena, fue tanta la conmoción que vomite. El olor de la sangre me mareaba... pero fue peor cuando me di cuenta de que el sabor era aun mas terrible. Si. Había tomado de ella, mas bien, la bestia lo había hecho.
Corrí al baño, para vomitar mas, era repugnante. Un sonido me desconcentro y vi como mi hija Melody de 5 años me miraba con los ojos bien abiertos. No pronunció palabra, solo me acerque a ella y la abrace con todas mis fuerzas. Tan inocente, tan pura, ella no tenia la culpa de que yo fuera lo que era.
“Mary” pensé luego de escuchar un grito ahogado proveniente del pasillo.  Mi otra niña, mas crecida, pero igual de inocente que mi Melody, estaba frente a la puerta de entrada de la habitación de su madre, viendo con los ojos llorosos la lamentable escena. La tome de la mano y junto a Melody, nos fuimos a la sala de estar. Subí de nuevo arriba y cerré la puerta, limpie un poco el baño y me dirigí donde mis niñas. Jamás se me ocurrió pensar que Mary haría algo así...
 

Epilogo

 
Mi propia hija...¡Increíble!. Con sus 12 años, entendió todo. Y si, tenia  quien salir. Pero que ganas de acogotarla... “maldita niña, me condeno por el resto de mi vida, pero algún día me las pagaría... y muy caro”; no, eso solo lo diría la aberración de una de mis partes, la humana jamás.
 
El sol brillaba en las afueras de la penitenciaria y por la pequeña ventanita, enrejada, se podía apreciar a unos cuantos convictos jugando un partido de fútbol.
- ¿Vamos a jugar?- preguntó mi compañero de celda.
- Y, no hay mas nada que hacer, vamos- respondí ya sin saber que mas decir.

Me levante de la litrera en la que me hallaba sentado, observando el partido al que pronto me uniría. Medite un poco mas lo que le había dicho a Josh. Tenia razón, no tenia mas nada que hacer que distraerme para alivianar la pesada sensación de encierro. Al menos la bestia, estaba calmada.

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Comentarios:

Escrito por: arturo       05/10/07 17:50
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este cuento nos muestra el talento narrativo de su autora, que no apura la tensión, sino que la deja nutrirse en cada párafo exacto, limpio que nos ofrece, como una invitación a la muerte. o a una compañía con esa bestia de la historia.
Páginas: 1

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