


| Escritor: | Hinoki |
| Públicado: | 16/09/2007 |
¿Has sentido alguna vez que te encuentras en un lugar al que no perteneces? ¿Sabes qué se siente ver a las personas a tu alrededor llevar una vida de felicidad mientras tú te encuentras perdido peleando contra tus demonios? Pero estoy seguro además que nunca te has enfrentado a un demonio como el mío El tiempo de crearme una vida de felicidad ha terminado para mí, lo único que aspiro es encontrar un fin honorable, así como lo hizo Mafij antes de mí Si quieres conocer mi historia puedo seguir contándotela toda la noche, realmente no es tan larga, o no tiene tantas partes interesantes para durar tanto tiempo, de cualquier manera no tengo mucho que hacer, las personas pueden sobrevivir sin mi ayuda durante una noche, al menos la mayor parte de ellas lo hará y habrá quienes no hubiera podido ayudar de cualquier manera.
>>Te advierto, además, que suelo ser aburrido al hablar, no soy persona de muchas palabras ni siquiera de pocas habrá momentos en que me pierda hablándote de situaciones que quizá no te interesen, yo he perdido la noción de lo que es importante y lo que no; aun así, te pido que no me interrumpas, llegaremos al final cuando sea el momento, de otra forma podría simplemente levantarme e irme. Sin más por el momento, aquí voy, es tu última oportunidad de irte antes de que termine mi relato.
Era un día de verano cuando salí al mundo, en ese entonces todavía tomaba esa clase de decisiones tontas: hacía demasiado calor, debí haber elegido el otoño. Pero no podía soportarlo más, contaba con tan solo 21 años y sentía que mi vida no valía la pena, que debía encontrar quien era yo y a qué lugar pertenecía, como podrás darte cuenta esos sentimientos los tengo desde hace décadas, no son tan recientes. Cargué con pocas cosas, venía de una familia de campo, poseíamos una granja, bastante grande debo comentar pero apenas podíamos soportarla, no sé si los viejos todavía la posean, no sé si los viejos todavía se encuentran vivos no ha pasado tanto tiempo pero ya sabes como es la senectud, las fuerzas se van poco a poco, y cosas que uno sentiría irrelevantes afectan tu vida dándote unos pocos días más o unos pocos días menos; ¿cuántos días te restará el que tu hijo se vaya sin previo aviso y dejando tras de sí solamente una nota de despedida?... o, ¿cuántos días te agregará la noticia?... no era su único hijo, tal vez ni siquiera notaron mi ausencia
Kellten
Laika, llevaba tiempo sin verte, pero sabes que no me gusta ser interrumpido
La joven agachó rápidamente la cabeza, su cabello de color cobre onduló con el movimiento; para acentuar todavía más su momento de pena, tras de ella, el metro comenzó a avanzar, su cuerpo menudo pero con curvas de mujer bien formada se dibujaba ante las luces de éste, alumbrado en momentos y oscuro en otros el silencio era incómodo pero no se podía hacer más, el ruido que provocaba la máquina en su camino era estridente. Por fin, el sonido se convirtió en nada más que un susurro en la lejanía del subterráneo y, en la retirada y oscura esquina, Kellten recobró la palabra.
Atenderemos cualquier asunto en cuanto termine, sabes que debes llevar la vida sin prisas
La joven se limitó a sentarse al lado del narrador, sus hermosos ojos color miel escondidos tras su ya bastante alterada cabellera, tendría no más de 22 años. Con el silencio reinando de nuevo a su alrededor, con la excepción quizá de los esporádicos transeúntes que pasaban cerca a tales horas de la noche, aquellos que salían de sus trabajos y se dirigían a sus hogares, plenos tal vez de alegría, otros tan llenos de aire que no cabía nada más que lo básico, vidas solitarias y vidas de gran bullicio, todas mezcladas bajo la ciudad, en el lugar menos esperado, tan solo porque ahí era un terreno libre para quien quisiera estar, pasar desapercibido, así como Kellten la historia continuó
Mi vida de nómada comenzó, como ya había dicho, a temprana edad, llega un momento en que tu vida se siente vacía, que toda aquella basura se vuelve costumbre y te ahoga tu propia idiosincrasia. Tal vez también ahogaba a aquellos que me rodeaban, si ellos podían soportar el tedio diario no sería mi problema, tomé muy pocas cosas y salí del lugar, tan temprano como terminé mis tareas en el hogar, mientras preparaban la comida, y tomé el camino de la ciudad. Nunca fui de las personas que creen que un futuro mejor te espera si entras a la civilización, trabajas para aquellos adinerados que se creen dueños del mundo a cambio de una miseria no, yo tomé ese camino por conveniencia, cuando quieras huir actúa de la manera que crean que nunca lo harías, de esta manera será más difícil que te encuentren.
El camino fue largo, bajo un sol que no perdona a aquellos que se atreven a desafiarlo a pesar de ello, creo que algunas veces llego a extrañar los días la luz intensa, el calor sobre el cuerpo, el sentirse vivo sé que sabes a lo que me refiero, tú, al igual que yo, no te muestras en el mundo superior a la luz del día, la única diferencia es que tú tienes la oportunidad
Por fin, después de un día de camino, con hambre por no haber cargado con suficiente alimento, pero peor, tan deshidratado que cada paso que daba parecía que mi cuerpo completo se reduciría a arena, que se iría con el viento, viajaría por siempre y no encontraría aquél lugar que había estado buscando; se presentaron las luces de la ciudad, la noche calaba con la fuerza de dos soles, no sé si fue solamente el haber viajado un buen tiempo a oscuras y sin poder ver más allá de mis narices; o el haber vivido sin ver tantas luces juntas o ambas razones pero la ciudad liberaba una luz cegadora, mantener los ojos abiertos era más difícil que mantenerse de pie, por esa razón terminé en un callejón, el primero que encontré en mi camino, llegué al fondo, me acurruqué como pude y obligado por el cansancio caí dormido
En aquellos momentos, la joven posó su cabeza sobre el hombro derecho de Kellten, observaba con curiosidad al interlocutor de éste, sus ojos lo recorrían una y otra vez como si fuera algo que requiriera un estudio lento y prolongado, una sonrisa se dibujó en su rostro y permitió ver su belleza, escondida tras el rostro de una vida difícil y que cada vez volvía a golpearla con desgracias, no se encontraba en mal estado, de hecho, al igual que Kellten se veían demasiado limpios, cuidados y saludables para el contexto que los rodeaba, definitivamente ese no era el lugar de ninguno de los dos. Kellten hizo una pausa al sentir a la joven recargarse sobre él.
Duerme si quieres, sabes que no sé cuanto tardaré
No, me agrada escucharte
Es deprimente escuchar historias tristes
Pero tu historia me agrada, y no me parece deprimente, fue así como llegaste aquí y te conocí
Kellten se limitó a observar los cabellos de la joven, el había ayudado a su padre a recobrar la cordura, al menos un tiempo antes de fallecer y literalmente había salvado la vida de Laika, pero ella no era como los demás a quienes él ayudaba, ella se había quedado a su lado, siempre iba a su encuentro en el mismo lugar, con excepción de los últimos tres días, no sabía donde había estado y había temido por ella, verla de vuelta fue un alivio, su preocupación se disolvió, poco faltó para que se levantara a abrazarla pero hubiera sido una falta de respeto para quien lo escuchaba Kellten sabía que necesitaba de ella más de lo que ella lo necesitaba a él, de lo que no se encontraba seguro era de si ella lo sabía Kellten continuó desde donde había dejado el relato mientras continuaba jugando con un trozo de pan casi duro que tenía en las manos.
La mañana llegó con aún más ruidos estridentes de los que la noche poseía, la luz era más intensa a causa del sol y el calor fuera del callejón era insoportable, me sentía sucio y perdido, cuando por fin reuní las fuerzas suficientes, comencé a caminar sin rumbo y con la cabeza gacha, seguía teniendo hambre y sed, mis ropas despedían un olor extraño debido al suelo del callejón, aún así éste era superado por el olor de la ciudad, no sé si lo has percibido tú que has vivido siempre aquí, es un olor a bullicio, dulzón algunas veces y agrio otras tantas, las personas suelen pasar a tu lado sin percibirte y algunas otras te recorren con la mirada como queriendo desgastarte hasta tus entrañas, saber que hay ahí para después dejarte de nuevo en la soledad de tu anonimato.
Bebí agua en los bebederos de un parque, de esos que te encuentras para las personas que se levantan para sus ejercicios matutinos, bebí como nunca antes lo había hecho y nunca después; a partir de entonces, esos bebederos fueron mi fuente principal de bebida con fuerzas recobradas por el líquido vital, decidí buscarme algo de comer, mi cuerpo pedía alimento a cada paso que daba, cada vez que respiraba, nunca había sentido tanta hambre, parece que caminas sin encontrarte vivo. La comida realmente fue lo más difícil, no poseía ninguna clase de dinero, solo las pertenencias que cargaba conmigo y que no creía tuvieran suficiente valor de cualquier manera valía la pena intentarlo; para mi suerte, al menos eso creí, aceptaron algunos accesorios con los que contaba a cambio de comida en uno de esos mercados en los que la gente puede acceder a lo básico, pude mantenerme así por un par de semanas. Con respecto a mi ropa, aproveché el único cambio con el que había cargado, lavaba de una manera que nunca me hubiera imaginado cuando caía la lluvia, algunas veces así me lavaba también. Después el alimento se volvió un problema de nuevo, tuve que recurrir a hurtos menores por alguna manzana o pera, pero nunca me agradó ser de esas personas, decidí que si iba a tener alimento la próxima vez, lo habría ganado por mi propio esfuerzo.
Kellten arrancó otro pequeño pedazo de pan, jugó con él unos momentos en sus manos. La ropa que vestía bien podía ser aquella de la que hablaba en su historia por las barbas que presentaba, pero no era así, esa ropa era casi nueva, la moda tiene algunas presentaciones extrañas. Kellten vestía mezclilla, tanto en sus pantalones acampanados como en su chaleco abierto estilo chamarra, las barbas se presentaban en la parte baja del pantalón y en vez de las inexistentes mangas del chaleco. Bajo éste poseía una playera color blanco en su totalidad la cual no debía poseer mangas tampoco, sus zapatos tenis no presentaban desgaste, debía poseer algunos pares. Aquello que más desatinaba con el conjunto era su paliacate, era azul como el cielo con adornos gris oscuro, como cuando una tormenta azota sobre las cabezas de los pobres incautos. Lo tenía atado alrededor de su frente pero no le cubría la cabeza, dejaba a su negro cabello, corto y alborotado, sentir el aire a su alrededor. Su tez clara apenas era visible en aquél oscuro rincón, sus ojos color gris que cambiaban de acuerdo a su vestimenta, podían verse solo cuando pasaba alguno de los trenes frente a él.
Su cuerpo mostraba que realmente era un viajero y que se dedicaba a trabajar, no era un tanque de guerra pero se encontraba marcado por los arduos trabajos, al principio del campo y después por el peso del mundo entero. Su mirada, en cambio, reflejaba ya no un hastío como el que mencionaba con tanto afán, sino una serenidad que contrariaba la tan desesperada búsqueda en que se encontraba, acaso se hubiera rendido
Salí de esa ciudad a los pocos días, pero lo hice preparado con algunas botellas que rellené en los bebederos, al menos tendría agua para algún tiempo. Decidí que conseguiría alimento en el camino, cuando atravesaba campo buscaba frutas y recogía todas las que pudiera encontrar, todo lo cargaba en mi paliacate, era el típico vagabundo con sus pocas pertenencias atadas a una rama. Algunas veces tenía la suerte de que me llevaran en auto y me dieran un poco de dinero; nunca conté con eso pero debo aceptar que me facilitó la vida. Comencé a respetar a aquellas contadas personas que se detienen a ayudar a los demás sin esperar nada a cambio, es casi imposible encontrar personas así al fin, decidí convertirme en una de ellas, empezaría desde abajo por supuesto, dado que yo no tenía nada material para poder brindar ayuda decidí que debía prestar los servicios que mi habilidad permitiera
Así comenzó mi vida ayudando a la gente, pasé por algunas ciudades, pueblos y por el campo abierto mismo, siempre que alguien requiriera un poco de ayuda yo se las proporcionaba si se encontraba dentro de mis posibilidades; tal como había decidido hacerlo, la mayoría de las veces solo me retiraba después de ver que todo estuviera bien, pero en los casos de mayor importancia me quedaba hasta asegurarme que todo volvía a la normalidad. Fueron estas veces las que me mantuvieron vivo, la gente que es agradecida me proporcionaba de lo más básico al ver mi condición, dos o tres veces incluso me acogieron por casi una semana, de cualquier manera siempre me fui, no soportaba quedarme en un solo lugar.
Sin embargo, comencé a acostumbrarme a que era una mejor vida el volverse sedentario mi mente no quería descansar hasta lograr mi objetivo pero mi cuerpo exigía algo diferente
Kellten, no quiero molestarte, pero - la joven se detuvo, no sabía cual sería la reacción del joven
¿Qué sucede?, ¿acaso esta vez no pueden esperar?
No lo sé, confío en tus habilidades, pero realmente parecía estar mal
Así que allí era donde estabas
Sí traté de hacer que se recuperara pero no me fue posible, está bastante mal
Si ha sobrevivido por tres días, podrá hacerlo un poco más tranquilízate, llegaremos a tiempo falta muy poco para que el sol se oculte por completo, nos pondremos en camino entonces
De acuerdo
Perdón por la violenta interrupción Kellten volvió la mirada a su escucha de nuevo, sonrió al observar que todavía tenía su interés . Como decía, el ayudar a la gente se volvió común, no debería alargarme pero creo que es importante mencionar algunos casos especiales
El primero en que ocurrió algo que no comprendí en ese entonces fue al pasar cerca de una casa de campo, de esas que son tan antiguas como el terreno mismo, grandes por la codicia de sus constructores y resistentes por la habilidad de estos mismos. El ruido que venía de ella era espantoso, al parecer se desarrollaba una pelea dentro del lugar, se escuchaba el sonido de cristales rotos y el chocar de los muebles contra las paredes, lo que me dio el valor de acercarme fueron los ocasionales gritos de mujer que logré percibir. Los alrededores estaban desiertos por completo, corrí hacia la poco alumbrada vivienda tan rápido como pude, tropecé varias veces pero me incorporaba pensando que no debía perder tiempo, cuando al fin llegué al pórtico noté que los sonidos se habían calmado, la noche se volvió calma de nuevo, pero más extraño aún, las luces que alumbraban la casa ya no estaban ahí. De cerca el lugar era mucho más lúgubre, lo poco que la luna me permitía observar se encontraba desgastado, despintado, roto e incluso podrido había en el lugar un olor agrio que golpeaba mi rostro cada vez que el aire soplaba alrededor mío. No sé cuanto tiempo estuve parado esperando escuchar de nuevo algo, más no sucedió, tal vez fueron un par de minutos pero para mí pareció una eternidad, escalofríos recorrían todo mi cuerpo y mi mente jugaba con la idea de dar media vuelta y regresar por donde había llegado. Por fin decidí que si alguien necesitaba mi ayuda ahí adentro no debía darle la espalda, quizá no contara con suficiente tiempo, posé mi mano sobre la puerta y ésta se abrió con un chirrido que produjo un eco espectral por todas las oscuras habitaciones del lugar, no me había percatado que se encontraba tan solo entreabierto. La oscuridad era más negra que el petróleo, pero tan pegajosa como éste, el sudor comenzó a recorrer mis sienes y una vez más me encontré paralizado por el miedo, traté de percibir movimiento, sonidos, cualquier señal de vida pero ninguno llegó a mis oídos. Logré anteponerme a la incertidumbre y di dos pasos dentro, ahí donde la luna permitía todavía ver el suelo, la madero chilló bajo mis pies y tuve que volver a hacer acopio de fuerza para no salir de ahí. Busqué a tientas en las paredes cercanas pero no encontré ningún interruptor, el lugar no contaba con luz eléctrica, las luces que había visto lo confirmaban, bailaban como la llama de una vela luces fue entonces que las percibí, alejándose por lo que ahora tomaba forma de pasillo, mis ojos se habían acostumbrado aunque muy poco a la oscuridad absoluta, lo que veía parecía ser un candil alejándose e introduciéndose a alguna habitación, pronto quedé a oscuras de nuevo traté de hablar pero ninguna palabra surgió de mi boca, el frío a mis espaldas no se comparaba con aquél que provenía desde dentro de la casona. Caminé, guiándome con las paredes y comencé a cruzar el pasillo
Poco a poco, todavía con sudor pero ahora recorriéndome todo el cuerpo, un sudor helado que me hacía temblar a cada paso, alcancé la puerta por la que la luz había desaparecido, o al menos yo calculé eso. La luz no entraba por las ventanas de la habitación, ni de esa ni de otra, se encontraban tapiadas no sé como logré ver las siluetas, pero percibí lo que parecía ser una enorme cama, de esas que poseen pilares y que se cubren con telas, un enorme armario cuyo espejo se encontraba en buenas condiciones y una cómoda, al parecer rota pues se dibujaba ante mis ojos inclinada hacia la derecha. Me acerqué al ropero, el espejo era lo único que podía ver con claridad gracias a la poca luz que reflejaba, logré divisar mi propia silueta, como si fuera una sombra, sobre aquella superficie cristalina, me sorprendí de notar que el espejo se encontraba completo, ni una sola quebradura se dibujaba en él. Di la vuelta para dirigirme a la cama y fue entonces que la vi. A pocos centímetros de mi rostro se encontraba el talante de una mujer, arrugada y con ojos negros en su totalidad, todo su cuerpo era traslúcido y de un color blanco azulado, flotaba a por lo menos diez centímetros sobre el suelo, me observó por uno o dos segundos mientras yo me encontraba aterrorizado, después de eso abrió su boca y comenzó a gritar, un grito agudo y continuo, de dolor y pena, de furia enclaustrada, un putrefacto olor surgía de su boca directo hacia mi rostro, salí del shock por el horror, corrí sin mirar atrás, caí en el pasillo, me levanté y seguí corriendo; obligué a mis piernas más de lo que nunca había hecho mientras observaba la luz de la luna entrar por la puerta de la casa, parecía estar demasiado lejos los chillidos de la vieja continuaban a mis espaldas, no me atreví a girar la cabeza, corrí tropezando con algunos muebles y golpeándome las rodillas, cuando por fin salí continué corriendo sin detenerme. A unos cuantos metros de la casa caí de bruces contra la tierra, los gritos se escuchaban todavía dentro de la casa, alejados de mí, me incorporé y volteé la cabeza, todo estaba tal y como lo vi la primera vez, a esa distancia no percibí la puerta abierta pero las luces danzantes se veían a través de las ventanas que parecían no estar tapiadas con madera, los sonidos de cosas chocando con la pared y rompiéndose, todo estaba ahí, corrí de nuevo, ignorando todo lo que había visto, corrí a orillas de la autopista hasta que mis doloridas piernas, por golpes y cansancio, no pudieron más, entonces caí de rodillas y posé mis manos para sostenerme, lágrimas rodaban sobre mis mejillas y caían sobre la tierra, no sabía en realidad porqué lloraba, quizá de horror, jamás me había sucedido, temblaba desde la cabeza hasta las puntas de los pies; todo a mi alrededor me pareció terrible en esos momentos, la arboleda, el campo traviesa, incluso la autopista unos minutos después me incorporé y caminé como mis piernas me lo permitieran, quería alejarme lo más posible de aquél lugar y no volver nunca más
No sé como no mojé mis pantalones aquella vez, nunca he vuelto a sentir tanto temor, lo he tenido, sí; muchas otras tantas veces, pero no con esa intensidad
Yo creo que ahora eres demasiado valiente para esas cosas la joven levantó la cabeza del hombro de Kellten y lo observó directo al rostro , estoy segura que no temerías nada de eso ahora
No lo creo, nunca se es demasiado valiente tal vez solo sea que comencé a acostumbrarme
Yo no lograría acostumbrarme a nada de eso, al menos sé que cuento contigo a mi lado, así no tendré miedo
Odio decirlo, Laika, pero sabes que me iré algún día
Lo sé, pero me iré contigo, no tengo nada por lo que quedarme
No creo que eso sea posible, es arriesgado encontrarse cerca de mí, te lo dije desde que comenzaste a venir
Así es, pero yo también te advertí entonces que no me importaba, me mantendré a tu lado así como tú estuviste al lado mío. Ayudaste a mi padre a disfrutar sus últimos días de vida, a pasarlos controlando su mente, sin tener que tolerar los cambios que sufría
Me pena no haber podido ayudarlo, mis habilidades no podían arrancar su enfermedad
El estaba preparado para morir, yo no estaba preparada para su muerte. Si tú no hubieras ido a visitarme aquella vez a la casa, me hubieran encontrado muerta al día siguiente
Laika
Lo sé, me has dicho que olvide eso, pero no puedo hacerlo. Debo admitir que fui una tonta, creí que el mundo sería demasiado para soportarlo por mí misma, me sentía sola por eso tomé la navaja de mi padre y me sumergí en la tina
Pero yo llegué y sané tus heridas
Y te lo agradezco, por salvarme, y seguir conmigo repentinamente arrojó sus brazos alrededor del cuello de Kellten y besó su mejilla , por eso yo tampoco me iré de tu lado
Kellten se sorprendió por unos segundos, regresó el control de sí mismo y arrancó otro pedazo de pan.
Iremos a cenar después que atendamos a nuestro paciente
Me parece bien la joven volvió a recargarse sobre el hombro de Kellten y puso sus manos en su propio regazo
Lamento decir esto pero tengo que apresurarme, por respeto resumiré la historia completa, si nos volvemos a encontrar te contaré detalles mayores
Aunque fue la primera experiencia que tuve y hubiera preferido no experimentarla, no fue la única; una vez estuve seguro de ver las gárgolas de una iglesia moverse sobre el techo de ésta, lo peor fue cuando la gente del lugar me dijo que tal edificio no contaba con esos adornos; una vez más observé como un grupo sospechoso se introducía en las sombras de un edificio a media calle de distancia, tal vez ellos no me vieron a mí pues dormía en un callejón, pero fue como si entraran en la pared, por la mañana fui y la sentí tan sólida como cualquier otra, quizá incluso más. Un tiempo después conocí a Mafij, o por lo menos, lo vi por primera vez; una madrugada mientras buscaba un lugar donde cobijarme para dormir presencié un desgraciado accidente a poco menos de una manzana de distancia, fue un golpe y huída. Un automóvil golpeó a un muchacho que seguramente se encontraba camino a casa, corrí tan velozmente como pude para llegar al lugar y me arrodillé junto al cuerpo. Se encontraba todavía tibio, el líquido vital corría lentamente por sus venas y comenzaba a perder fuerza, el joven se encontraba inconsciente a pesar del dolor que su cuerpo debía sentir, quizá a causa del shock. Grité pidiendo ayuda pero no había quien escuchara en los alrededores, no quería mover al joven pues quizá lo lastimara todavía más. No sé cuanto tiempo pasé tirado a su lado, sintiendo solamente desesperación, angustia e incapacidad, pudieron ser segundos, minutos u horas, todavía no sé descifrarlo pero fue entonces cuando se acercó, con ese andar calmado que lo caracterizaba, el mundo giraba a pesar de él y él lo sabía, bajó de la acera y se dirigió a donde me encontraba, yo pedía ayuda pero él parecía no escuchar. Su ropa se encontraba desgarrada, empolvada y maltrecha, dudé por completo que pudiera ser de alguna ayuda y quizá tuviera intenciones de asaltar al indefenso muchacho no creí que a mí pues no encontraría nada. Mafij solo me miró un instante al llegar a nuestro lado, se acuclilló y posó sus manos sobre el cuerpo del joven. Yo no hice más que observarlo, sosteniendo todavía la cabeza del joven sobre mis rodillas, después de unos momentos Mafij se levantó y metió las manos en los bolsillos, dirigiéndome la palabra sólo cuando ya comenzaba a caminar para alejarse.
Él estará bien, sólo debes esperar a que despierte
Sin más, se alejó de ahí con su andar relajado y sin prisas, observando el piso frente a él o las estrellas de vez en cuando, pensando en algo que nadie más que él mismo podría descubrir quizá él tampoco
Kellten hizo una pausa brusca en la historia, observaba las escaleras que permitían salir del subterráneo, ya no había personas recorriendo el lugar, el silencio lo inundaba todo. Laika notó su interés por la salida y se levantó de su lugar, ya era hora.
Disculpa, amigo mío. La historia tendrá que quedar pendiente, debo seguir adelante con mis obligaciones puedes quedarte con todo
Kellten dejó caer lo que restaba del trozo de pan que mantenía en sus manos mientras se ponía de pie. El roedor no tardó en desaparecer con su nueva comida atorada en el hocico. Después de observar a su interlocutor alejarse por un par de segundos, Kellten se dirigió a las escaleras seguido de cerca por Laika.
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