Jamás pensé encontrarme frente a él. Representaba el último obstáculo para cumplir el objetivo que tenía propuesto, de nada serviría todo el trabajo realizado hasta el momento si no lograba superar al rottweiller que se plantaba ante mí como cual Cancerbero proveniente del mismísimo búnker de Hades. Sus gruñidos intentaban infundirme pánico y con movimientos pausados se iba acercando al punto donde me encontraba estático, sin ideas y desconcertado. No era el momento pero era inevitable el hecho de recordar aquel par de ocasiones en que fui víctima de la mordedura de estos animales, el haber traspasado su zona de seguridad lo había pagado con un precio muy doloroso y con cicatrices imborrables. Pero, de un instante a otro, el perro desaparecía en medio de la multitud. El combinado aurinegro acababa de marcar una anotación en tiempo de prorroga y nos mezclamos en la celebración sin importar que hasta hace pocos momentos las circunstancias nos habían obligado a considerarnos como enemigos mortales.