Juanito....enamorado (dedicado a mi abuelo Juan B. Enamorado, cuento basado en la vida de un niño hondureño)

            Mi nombre es Juanito, vivo en un valle rodeado de montañas llenas de pinos y de árboles grandes, por las mañanas la neblina sube desde el valle hasta la montaña lentamente, parece como si el cielo bajara a dormir sobre el valle y por la mañana se levanta con rumbo hacia las montañas, cuando miro hacia ellas,  las veo coronadas de neblina y muy azules a lo lejos.

 

            Las mañanas son muy frescas la mayor parte del año, la aurora anuncia su llegada cuando el sol asoma su mechón de oro tras las montañas, los pajarillos siempre llegan a cantar a las ramas de los arbustos de limón que se asoman por la ventana de la cocina de mi casa dejando escapar un suave aroma a florecillas blancas que se amontonan en ramitos acomodados en las ramas del limón.

 

            Cerca de mi casa pasa un río, cada sábado mi madre me envía a buscar charamuscas para levantar el fuego de la hornilla y empezar las labores de la mañana, y una de las cosas más felices para mí, porque me doy mi tiempo para conversar con Dios por medio de la naturaleza, observo mis cinco sentidos, me observo a mí mismo, y pienso en todo lo que mis ojos alcanzar a ver y a escuchar, a oler y saborear y a tocar en la naturaleza es un contacto más con Dios, es como si me encontrara en un inmenso lienzo pintado por el artista más grande de todos los tiempos, creo que debo cuidar todo lo que me rodea porque lo considero un regalo, que disfruto porque me gusta.

 

            Solo espero la orden de mamá:

 

-Juanito ve a traer charamuscas para el fogón. -Ya la escucho.

 

-Voy mamá.- 

 

 Le contesto, y tomo mi lacito que tengo enrollado en un clavo detrás de la puerta de la cocina y me dirijo hacia mi borrico le tiro el lazo por el cuello y empiezo a caminar a la par de él hasta que llego cerca del río.

 

-vamos “Paciencia”, ¡camina! ¡ Camina! .-Le digo a mi borrico.

 

 A veces creo que “Paciencia”, que así se llama mi borrico, me escucha, porque me queda viendo y por ratos como si detiene el paso para oírme, y yo pues continúo platicando con él.

 

-Hay muchas pero muchas flores, por aquí “Paciencia”, pero necesitamos llevarle pronto las charamuscas a mamá.- “Paciencia” escucha, voltea su cabeza hacia mí, y continúa caminando como diciéndome.

 

-Juanelo, apúrate que tu madre tiene que prender el fuego.-

 

Busco con afán las charamuscas y cualquier rama seca que sirva de leña para alimentar el fuego del fogón y las llevo a casa.

 

-Ahora eres tú el que no camina “Paciencia”.- el borrico me mira y baja su cabeza para tomar agua en el río. Satisfecho voltea hacia mi y seguimos camino a casa.

 

Cuando es sábado regreso por las tardes al río Tonjagua, las personas del lugar le llamaron Tonjagua a ese río desde hace mucho tiempo, me gusta este río porque su orilla tiene muchas piedrecitas y en otras partes hay grandes piedras que parecen monumentos gigantescos o imágenes de gentes recostadas sobre el río, cuando me subo a la piedra más grande observo el río aquí se embalsa mucha agua y le decimos la poza de la sirena, el Tonjagua  baja corriendo desde la montaña, haciendo una carrera y metiéndose entre los huequitos de las piedras haciendo pequeñas caídas y mucha espuma , donde sus aguas se ponen quietas puedo ver los pececillos nadando de un lado a otro, aquí la gente les llaman lanchitas; el río es muy limpio, todos cuidamos el río, tratamos de que nadie corte los árboles que viven cerca de él, eso nos garantiza que siempre tendremos sombra y agua y nunca tiramos basura en sus aguas, el río con basura estaría contaminado y sucio y los peces no podrían vivir así, ellos morirían.

 

            Me gustan los ríos con aguas claras donde puedo reflejarme y también pueda ver los árboles reflejados como un inmenso espejo, cuando veo la naturaleza no puedo dejar de hablarle a Dios y darle las gracias porque mis ojos pueden ver y mis oídos oír, mis manos tocar, y mi nariz oler puedo saborear la naturaleza, cuando encuentro árboles con frutos jugosos como las naranjas y eso me hace sentir como un ser privilegiado.

 

            Cuando me canso de ver a las aguas, me recuesto en la hojarasca, sueño que estoy volando, o que soy una hoja caída de un árbol y que va nadando sobre las aguas del Tonjagua, miro hacia arriba, me gustan las cabelleras verdes de los árboles grandes cuando las despeina el viento y mas allá al fondo las nubes blancas que juegan con mi imaginación transformándose en diferentes figuras, es muy lindo el campo, las nubes son muy blancas y el cielo muy azul, no hay nubes de humo como las que dicen que hay en la ciudad; cierto día no pude evitar escuchar a mi tía, la que vive en la capital decirle a mi madre.

 

-Isabela, fíjate que llevé a Luisito al médico porque se enferma mucho de tos, y me dijo que lo trajera a pasear a la aldea, pues el aire del campo le hace bien a sus pulmones.-

 

-María, deberías de visitarnos mas seguido.- le contestó mi madre.-

 

-Además quiero cambiar de casa, dice el doctor que no es bueno vivir en una casa que esté cercana a una fábrica. –Continúa contando mi tía María.

 

Y es que mi maestra en la escuela dice que las fábricas en la ciudad arrojan gran cantidad de tóxicos al ambiente, y por eso s enferma mucho la gente. Mi tía y mi madre siguieron la plática, yo me retiré a seguir con mis pensamientos.

 

A mí me gusta visitar las praderas, en ellas me siento libre, trato de aprovechar el mayor tiempo posible. 

 

            Cuando se va el día y son cerca de las cuatro de la tarde a esa hora regreso a casa y los jilgueros, zorzales y sanates parecen regresar a sus nidos porque los veo volando de regreso en un solo parloteo. Y al llegar a mi casa mi madre me da la cena, me da un plato con muchos frijoles colorados, tortillas de maíz gordas hechas por ella y con suerte algunas veces Don Miguel el ganadero más próspero de la zona le da a mi mamá unos cuantos litros de leche a cambio de asear su casa y así tenemos cuajada, también comemos  guineo verde cocido con sal, esto es muy sabroso para mi, tengo un vaso que mi madre me regalo y  al  terminar mi cena voy al porrón y tomo un poco de agua, el agua del porrón es muy fresca parece que ha salido del río porque como el porrón está hecho de barro esto le da más frescura.

 

            Por las noches cuando hay luna llena, nos vamos con mi madre a la casa de mi abuelo que está cerca y nos sentamos en un tronco de un árbol caído y jugamos con los otros cipotes a quien hace las mejores sombras utilizando nuestras manos y la luz de la luna, ya cuando me aburro del juego miro el cielo lleno de estrellas, las estrellas forman figuras en el cielo, mi maestra en la escuela dice que se llaman constelaciones y que tienen nombre, dice que hay una que se llama el arado, otra osa mayor y que también hay osar menor, hay una cruz del sur que le sirve a los viajeros para orientarse y hay una que se llama 7 cabritas, es maravilloso, la luna parece un inmenso espejo dorado, cuando hay luna llena puedo ver la silueta de las montañas allá a lo lejos.

 

                        Las noches me agradan, con la llegada de la noche, se pueden ver las estrellas, es como un manto negro lleno de diamantes en la espalda de una reina, el cielo se mira como lleno de broches las estrellas parecen estar cerca, mi maestra en la escuela dice que están lejos , siento que somos como las hormigas caminando alrededor de una naranja sin caernos así  nuestro planeta se mueve en el universo dando vuelta alrededor del sol y nosotros no nos caemos, hay una fuerza que hace que permanezcamos pegados al suelo, mi profesora en la escuela nos enseña, dice que se llama fuerza de gravedad, cuando miro los dibujos que hace mi profesora en la pizarra, nuestro planeta, acompañado de los otros, creo que en los otros planetas también debe existir seres vivos, que piensan al igual que nosotros, es posible que sean más inteligentes o tal vez no, pero si creo que existen que están allí, porque no tendría sentido la existencia de otros planetas sin haber vida en ellos.

 

            Las noches son muy frescas en verano y muy frías en invierno pero igual de hermosas, en el valle parece que el tiempo abunda, los días a veces son muy largos.

 

            Tarde de la noche, las luciérnagas empiezan a salir, es hora de irnos para nuestra casa, si descansamos temprano podernos levantarnos temprano dice mi madre y así poder hacer nuestras tareas con más energía. La vida del campo es muy bonita solo que a veces hay algunas dificultades, creo que los lugares siempre tienen ventajas y desventajas, algunas veces me pongo triste especialmente cuando llega la noche, me da por pensar mucho, es sábado y puedo estar en el campo todo el día, los domingos vamos al pueblo con mi madre, podemos ir a misa y luego también algunas personas en el pueblo necesitan que mi madre les lave su ropa o les asee su casa, así que mi madre siempre trae algunos centavos en su bolsa eso nos sirve para pasar la semana, los otros días de la semana voy a la escuela.

 

            Medito en las noches, pienso acerca de la suerte que tienen los niños de la escuela en el pueblo, ellos tienen una escuela muy grande, la escuela en mi aldea es pequeña, solo tiene dos aulas, una para el primer grado y en  la otra recibimos clase los niños y las niñas de segundo y tercer grado, somos diez por todos pero el otro año no se qué va a suceder  eso me hace pensar mucho por las noches, por eso creo que los niños en el pueblo tienen suerte de tener una escuela con todos los grados, en mi caso tendré que llegar hasta el tercer grado, para poder llegar al cuarto grado tendré que viajar a otra  escuela, todo sería más fácil con una bicicleta pero eso es un sueño para mí-

 

            Tengo que pensar mucho, debo tener una idea, una idea grande que facilite completar mi escuela, así podría trabajar en el pueblo por la mañana y estudiar por la tarde en el colegio de secundaria, luego encontrar un lugar donde se estudie mucho y trabajar en un escritorio haciendo cosas importantes, todo es posible solo debemos observar nuestro cuerpo y nuestra mente en ellos encontramos lo necesario.

 

            No me gustaría abandonar mi aldea,  ya no vería el valle rodeado de montañas, llenas de árboles de pino y de maderas preciosas, dejaría de correr por los caminos o por el campo escuchando el sonido de los árboles cuando los mece el viento, que se escucha como si a lo lejos se acercara cada vez más una tormenta y se siente el aire fresco, yo siento como si la naturaleza cobrara vida, si miro al cielo veo las nubes blancas que van corriendo cuando estaba más chico no sabía si eran las nubes o los árboles que corrían, todo eso lo abandonaría, para seguir con mis sueños.

 

            Mi madre dice que estoy enamorado del bosque, en la aldea veo que pasan por la carretera unos camiones que llevan muchos árboles de pino amarrados con cadenas, creo que se están llevando muchos árboles, podrían acabarse, existen muchos lugares en el montaña donde hacen falta los pinos, el clima allí es muy diferente parece más caliente y a las aves no les gusta, así que se marchan buscando otros lugares donde hay más vegetación.

 

            Como tengo mucho tiempo libre, me gustaría aprender a tocar música, como guitarra, es porque yo me imagino que los sonidos de la guitarra se parecen a los sonidos del agua cuando cae por las cascadas, cuando sea grande construiré un armario grande y allí guardaré muchos libros, yo imagino muchos libros en mi casa y también sueño que muchos de ellos tienen mi nombre como si yo los hubiera escrito, y es que quisiera escribir libros y contar historias de lo que veo en el valle, la naturaleza es maravillosa y Dios creó cosas muy hermosas en mi aldea.

 

            Algunas veces mi mamá va por un mandado al pueblo vecino al mío me lleva, cuando venimos de regreso y la baronesa baja por la carretera rodeando las montañas, se puede ver desde allí el valle, una iglesia pequeña y blanca, también  se ven unos hilos de humo blanco que salen de algunas casas allá a lo lejos, unas grandes montañas que se elevan al cielo para tocar las nubes, y al amanecer va quedando el pasto fresco y húmedo con gotas de rocío, las hojas de los cafetales y que cuando el sol se asoma con travesura sus primeros rayos hacen brillar el rocío.

 

            En ese mismo lugar también hay una montaña grande que deja salir por ella una cascada de agua limpia y fresca parece una cabellera de plata, la cabellera de la montaña que empieza con unos hilos y cuando cae por las laderas parece cabellera despeinada, mi maestra dice que hay hombres importantes que quieren que esa agua se mueva en unas máquinas para que se convierta en luz eléctrica, la aldea va a tener luz en las casas, es la llegada de progreso dicen las noticias, muchas personas quieren la luz eléctrica pero también creen que no volverán a ver la cascada despeinarse por las laderas de la montaña, en algún tiempo solo tendremos la cascada guardada en fotografías, para recordarla así como cuando guardamos el recuerdo de un ser querido que ha muerto, la cascada también va a desaparecer, solo quedará el recuerdo.

 

            Cuando bajo la montaña en la baronesa siempre veo la cascada para no olvidarla,  cuando se convierta en luz eléctrica.

 

            Mi abuelo dice que no debemos dejar que desaparezca la cascada, a mi abuelo le gusta contar historias,  él vive cerca de mi casa a la vuelta del camino, su casa  se parece mucho a la mía solo que más grande allí vive mi abuelo, mi abuela y algunos primos, mi abuelo me regaló un trompo, a mi me gusta ponerlo a zumbar, hago piruetas con el cordel y lo pongo en mi mano, este trompo lo fabrico mi abuelo en un trozo de madera,  nos gusta jugar trompo a todos los cipotes, cuando me canso lo guardo en mi bolsillo.

 

            Mi abuelo cuenta muchas historias, un día me dijo:

 

-Juanito, vení te cuento de cuando llegaron las baronesas al pueblo.

 

Como a mi me gustan las historias me acerqué a mi abuelo en el corredor de la casona, donde él vive.

 

Mi abuelo, primero tomó una mecedora de madera y la llevó al corredor de la casona, le pidió a mi abuela una taza de café de palo, a mi abuelo le gusta el café, dice que le reanima cuando tiene pereza por la tarde, luego que mi abuela le da su taza de café, me indica con su dedo el banquito hecho de adobe pidiéndome que me sentara. Y así comenzó su historia:

 

-Cuando yo era muy pequeño, para viajar utilizábamos los caballos o las mulas, pero un día, escuchamos un estruendo, como un tropel de caballos, pero más fuerte, y todo salimos a espiar. –se detiene de su cuento y sonríe maliciosamente, y luego cuenta.

 

- Cuando vimos asomar aquel gusano amarillo y grande a toda velocidad por la calle. Yo, salí corriendo para adentro y sin esperar me metí bajo la cama bien enroscado y tapándome la cabeza y cerrando bien los ojos, no quería saber lo que pasaba.- sonríe y afirma.

 

-Yo creí que se trataba de un gusano gigante, luego cuando todo pasó, mi papá me dijo que se trataba de un aparato embrujado que parecía que se tragaba la gente, los adultos también estaban asustados.

 

-cuando llegaron las primeras baronesas.-  sigue narrando mi abuelo.-   mi papá creía que la llegada de ese aparato era cuestión de maleficio o de brujerías, pues, miraba que la gente entraba a la baronesa y desaparecía dentro, pero después no podían explicar el regreso de la gente cuando bajaban del transporte.-   mi abuelo detiene su cuento, suspira y dice a continuación.

 

-Qué tiempos aquellos, a veces somos tan ignorantes, aunque la verdad siempre hay un momento de ignorancia para todos en este mundo, y también hay un momento para aprender cosas nuevas “Mijo”..- termina su cuento y poniéndome su mano tibia en el hombro me dice:

 

-Ya vete Juanito, ve a jugar y déjame terminar mi taza de café que se me está enfriando.

 

  Cuando mi abuelo me cuenta eso, yo puedo imaginarlo pues, cuando era más pequeño me ocurría lo mismo, el mayor desconcierto era que no teníamos explicación cuando las personas salían de la baronesa.

 

 Dice mi abuelo, que su papá, trabajaba donde un señor que viajaba mucho a la capital, de donde siempre traía cosas embrujadas, una vez trajo una caja pequeña con rueditas para darle vuelta y muchos botones dentro vivía gente que hablaba contando cosas que ocurrían en otros lados y también había gente que cantaba dentro, la incógnita era como entraba la gente allí, por eso se creía que era brujería, luego viajó de nuevo y trajo una caja parecida solo que más grande, donde no solo se escuchaban voces sino que también salían a  través de una pequeña ventana, el patrón del abuelo de mi abuelo le llamaban la radio al m{as pequeño de los aparatos y televisión al más grande, pero el abuelo de mi abuelo decía que su patrón era brujo, el abuelo de mi abuelo nunca comprendió estos inventos.

 

            En mi casa vivimos con mi madre y mi hermana de 16 años, solo que mi hermana pasa la mayor parte del tiempo en el pueblo, ella trabaja en una casa cuidando unos niños que su mamá dice que son especiales con ese dinero le ayuda a mi mamá, nosotros no tenemos papá, mi mamá dice que fue a buscar trabajo, pero mi abuelo dice que no volverá, mi hermana quiere estudiar y me dijo que no le contara a mi abuelo, él cree que las niñas no son tan inteligentes como los niños y que los niños son más listos para aprender, yo le digo a mi hermana que estudie y que le cuente a mi abuelo cuando ella tenga su diploma de profesora de niños especiales, mi hermana quiere enseñar a los niños con problemas y ella está aprendiendo mucho acerca de estos niños, la señora donde mi hermana trabaja le está enseñando alguna cosas de niños especiales para que ella le ayude con sus hijos, creo que por este trabajo es que mi hermana sueña con estudiar en un colegio para aprender cómo se enseña a los niños especiales.

 

            Cerca de mi casa está la escuela es pequeña pero me gusta, especialmente porque es el único lugar donde aprendo cosas nuevas.

 

            En mi escuela, quien me enseña es una maestra, con ella he aprendido mucho, es una mujer muy inteligente, ella siempre dice que los sueños se cumplen, solo tenemos que tener un deseo o un sueño, planear nuestro camino a seguir y querer llegar a la meta, ella me enseñó que hay una oficina grande en la capital,  donde se reúnen para hacer leyes del país y en ellas participan mujeres y hombres.

 

            Un día yo escribiré un libro y contaré acerca de mi maestra y su vocación para enseñar, ella toca guitarra y se llama Ligia, aunque ella no se da cuenta he aprendido mucho acerca de mi aldea y de mi país, algunos maestros no saben que las cosas que ellos enseñan a sus alumnos tienen un impacto en nuestros corazones y en nuestra mentes, por eso es muy importante que los maestros siempre hablen cosas buenas y grandes a sus alumnos, yo escribiré cosas de Honduras y las diré por la radio o por la televisión así como lo hacen los periodistas, quiero contarle a la personas como es mi aldea y como es mi país, las cosas buenas que hay y lo que necesitamos cambiar enviaré mensajes al presidente y a los hombres y mujeres que trabajan con él, le pediré leyes que protejan el bosque de mi aldea, leyes para que los papás no se vayan de la casa y abandonen a sus hijos y a las mujeres que le ayudan al presidente que tienen que hacer leyes donde diga que las mujeres también son inteligentes y que no deben ser maltratadas ni con palabras ni con golpes por sus esposos ni por ningún hombre.

 

            Mi maestra dice que somos iguales pero diferentes, cada hombre es una mitad y cada mujer es otra mitad y que si sumamos un medio más un medio hacen uno.

 

En la iglesia los domingos el Padre dice que en la biblia está que la mujer es igual al hombre que por eso fue sacada de una de sus costilla para que estuviera a la par del hombre no abajo ni encima sino en medio y a un lado o sea a la par como una compañera.

 

            También voy a hablar por la radio acerca de hacer leyes sobre la aldea y los niños que quieren estudiar, mis amigos y yo hablamos de tener escuelas grandes, colegios, carreteras por donde podamos viajar a la ciudad para estudiar en una escuela grande que le llaman Universidad, allí dice la maestra que se aprende a escribir un libro, también se aprende sobre curar los enfermos con la medicina, acerca de construcción de casas grande y puentes, a hacer experimentos, a curar dientes, fabricar medicinas y hablar de noticias, lo que más me gusta es que dicen que en la Universidad hay hombres y mujeres estudiando eso me parece justo, así mi hermana me acompañaría también.

 

 Cuando les cuento a algunos amigos míos sobre mis sueños, ellos se ríen y dicen que soy un loco soñador, hasta me dicen de apodo “Juanito enamorado”.

 

            Necesito descansar para estar despierto temprano, mi madre dice que mañana tengo que viajar con ella, que emoción quiero conocer mucho mañana…

 

 

 

            Son las cinco de la mañana, mi madre me despierta.

 

-¡Juan, que se nos hace tarde!, ¡levántate muchacho!

 

            -Mamá, cinco minutos más y no me dejes!-  estirándome en la camita de petate que está tan calentita, le contesto a mi madre sin saber que esa sería la última vez que dormiría en mi casita de la aldea.

 

            Un poco irritada mi madre, y con razón me dice al ver mi pereza:

 

- así no vas a llegar a ningún lado, todo este sacrificio no valdrá la pena sino te levantas!

 

-Ya voy, ya voy! Le contesto pasándome la mano cerrada por los ojos que no quieren abrirse.

 

-Juanito!, este día es muy importante así que báñate, desayunas que ya pasa la baronesa! Replica mi mamá.

 

 

            Toda esta inquietud de mi madre, me pone nervioso, pero si ella dice que es importante para mí, yo le creo.

 

 

-Mamá, donde vamos con tanta prisa?- le pregunto a lo que ella responde

 

-Ya verás, te va a gustar, viajaremos y conocerás mucho, ya verás!, ya verás!

 

 

            Cuando ya estamos casi listos, me toma por el brazo y empezamos a caminar hasta llegar a la carretera y esperar la baronesa, la baronesa es un camión que ha sido adaptado así como un autobús, en la parte de atrás el dueño coloca bancos de madera y hay ventanas sin vidrio por más limpio que vaya siempre  llegamos llenos de polvo hasta las pestañas, mientas caminamos con mi madre, se ve el primer rayo de sol a lo lejos asomando tras la montaña, el pasto está húmedo, con el primer suspiro del día las vacas salen al ordeño, y un potro joven corre alrededor de la cerca con la cola levantada, meneando su negra crin que se despeina con el viento; por los tejados de algunas casas se ven los chorros de humo saliendo por las chimeneas de las casas, en esas casas ya está listo el café y las tortilla empiezan a empilarse en las canastas, las mujeres palmean desde bien temprano, los hombres se acomodan sus botas de hule, meten el pantalón por dentro de la bota para no ensuciarlo y lavan los cumbos  los llenan de agua, buscan su sombrero y se alistan para subir a la loma a sembrar maíz, otros al ordeño, otros a montar caballos jóvenes para domesticarlos.

 

            A lo lejos van quedando los paisajes campestres y entre más desciende la baronesa los pinos parecen especies raras; las mesetas se ven desérticas; no hay pájaros y el aire fresco de la mañana que se mete por la nariz; se convierte en viento cálido y asfixiante.

 

            Cerca del medio día llegamos a otra carretera es como de cemento, los hombres le dicen pavimento, tiene unas líneas blancas en el suelo unos carros caminan a la derecha y otros a la izquierda, es primera vez  que los veo en forma real  pues en unas revistas viejas que me regaló Don Miguel encontré unas fotografías de ciudades, … ya casi llegamos a Juticalpa.

 

            Juticalpa es un municipio, es de Olancho, tiene un clima caliente, cuando llegamos en la baronesa el conductor se estacionó, después de 4 horas de viaje cansado, cruzamos la calle con mi madre y al otro lado vi unos enormes baronesas, pero con vidrio mi madre les llama autobuses, eran enormes a los lados se abrían unas puertas y un hombre las llenaba con las maletas de todas las personas que íbamos a viajar, también había una puerta grande adelante, mi madre me ayuda a subir unas grada, hubo un rato que me empujó, yo, yo estaba confundido, no sabía lo que ocurría, no sabía hacia donde caminar, pero aun así aquello me gustaba, algo me decía que ese era el camino para alcanzar mis sueños.

 

Mi madre llevaba en una bolsa de plástico en sus manos, dentro iba algo de comida para el camino, y en otra bolsa pequeña sus documentos que siempre los metía por dentro de la blusa de su vestido junto al poco dinero que cargaba, nuestra ropa la llevábamos en una pequeña caja de cartón amarrada con una pita, era inconfundible, nuestra maleta viajaba con las demás maletas, yo me dije algún día mi madre tendrá una maleta como las que viajan hoy con nuestra cajita, con el corazón palpitante, me senté en los asientos más cómodos como ningún otro donde yo me hubiera sentado, sin quitarme de la espalda mi pequeña mochila, color rojo oscuro regalo de Don Miguel, miré a través del vidrio de la ventana, así observé que en la pared de la oficina donde compró el pasaje mi madre, había un afiche pegado, tenía la fotografía  de una dama y decía Clementina Suárez, poetisa hondureña, sus libros de venta en Librería Excélsior, calle del parque central. Esta es una nueva prueba de lo que las mujeres pueden llegar a ser escribir libros.

 

            El ruido del motor de autobús me sacó de mis pensamientos, partimos hacia otro sitio poco a poco el panorama cambia mi madre me dice que vamos rumbo a la capital a Tegucigalpa, no sé cómo es Tegucigalpa, pronto lo sabré…

 

            Estoy asombrado, dice mamá:

 

-Juanito, mira! que estamos entrando a Tegucigalpa.

 

-Mamá,  porqué es tan importante, esta ciudad? .-Le pregunto

 

 - Hay Juanito, es que es la capital del país, y según dicen están todas las oficinas importantes.- me enseña mi madre.

 

Yo no miro oficinas, las casas parecen amontonadas, una detrás de otra aglomeradas en los cerros, y hay mucha gente caminado de un lado para otro, me siento nervioso, al llegar a la terminal de los buses, nos bajamos y buscamos otro transporte que nos va a llevar para la Costa, dice mi madre que vamos a buscar a unos parientes que viven cerca del lago de Yojoa, en el departamento de Cortés.

 

            Hacemos un gran recorrido y mi madre me enseña algunos lugares como Comayagua, Siguatepeque, cuando llegamos  cerca del lago, los árboles son diferentes a los de mi aldea, las hojas de ellos son más anchas  y el lago se mira como un espejo gigante, las montañas lo rodean y muchas canoas se ven en la orilla, los árboles que están cerca del Lago de Yojoa, parecen viejos de barbas largas y blancas, casi todos tienen colgando unos largos mechones de otra plantas que les gusta vivir colgadas de otros árboles.

 

Pasamos rodeando el Lago por una carretera muy amplia, hay muchos hombres y mujeres vendiendo pescado en la carretera, llegamos a Santa Cruz de Yojoa, el pueblo que andaba buscando mi mamá, llegamos en un bus que decía Transportes “Yazmín”, nos bajamos en el parque, es un parque muy bonito, tiene muchos árboles de acacia y están con muchas flores rojas, ha de ser porque es el mes de las flores, el mes de mayo y dicen que Santa Cruz de Yojoa está de fiesta celebrando la feria patronal, hay muchos vendedores de algodón de azúcar, a la entrada del pueblo se encuentran las ruedas, los caballitos y mucha gente apostando con unos aros, las muchachas gritan cada vez que la rueda da vuelta, en otro juego siempre de ruedas, la gente ríe mucho parece que alguien perdió un zapato, esta gente es muy alegre, yo nunca había visto una Feria, en una de las calles se están preparando para un carrera de cintas, muchos hombres muestran sus caballos arreglados, correrán y tratarán de tomar con un lápiz una argolla con una cinta pequeña, el que tome más argollas, gana más cintas, las cintas son entregadas por unas muchachas muy guapas, las ferias en los pueblos son divertidas.

 

-Juanito!, camina!, no te quedes atrás, por la noche saldremos a caminar un rato.- la voz de mi madre hace que me sobresalte.

 

-Mamá, me comprarás dulces y algodón de azúcar?.-pregunto a mi madre.

 

            Mi aldea pertenece a un municipio. Llamado San Esteban, en Olancho, y allí también hacen ferias, mi abuelo me llevó una tarde y me regaló un algodón de azúcar, desde ese día siempre deseé tener dinero para comprar otro algodón de azúcar, contaré las hora que faltan para la noche y así poder comer mi algodón de azúcar.

 

            Llegamos a la casa de nuestros parientes, en el barrio El Capiro, mi mamá me dice que salude a mis tíos.

 

-Bendígame tía!, le pido a mi tía. Colocando mis manos juntas hacia el frente y haciendo reverencia.  A lo que ella me responde tomando sus mis manos entre las suyas y luego sobre mi cabeza y dice:

 

-Dios me lo bendiga “mijo”, te gustó el viaje?, o venís cansado? Replica mi tía.

 

-Sólo tengo un poco de hambre tía, y mucha sed!.- contesté sincero.

 

            Mi madre se apena y dice mintiendo.-

 

-Juanito, recuerdas que comimos en el camino?-

 

            Yo la miro, quisiera que leyera mi mente y escuchara mi estómago, pero todo es en vano, tengo que irme a la cama, y lo más seguro es que los ruidos de mi estómago no me dejen dormir.

 

            Me acomodé en mi puesto en la camita que me asignó mi tía y por fin el cansancio me dominó, hasta quedar profundamente dormido…

 

 

 

Subo a un autobús rumbo a Tegucigalpa, me siento muy cansado así que desde que entro al autobús, busco la forma más cómoda de viajar y decido dormir cuidando siempre mi mochila roja regalo de Don Miguel allá en Tonjagua, cuando llegue a la capital estaré más relajado, espero que en este tiempo que pasé en Santa Cruz de Yojoa las cosas hayan mejorado en mi aldea allá en Olancho…

 

El tiempo ha pasado…muchas cosas han cambiado, yo también cambié, es tiempo de viajar de nuevo…

 

 

 

            …El hombre  que revisa   los boletos  del autobús, me toca el brazo y me dijo;

 

-amigo!, despierte!  Hemos llegado!

 

Me sobresalto, abro mis ojos, me estiro un poco y pregunto:

 

-Tan rápido? Hace poco salimos, este  autobús venía rápido.

 

El  ayudante del conductor,  sonríe y continua su marcha por el pasillo del autobús, yo por mi parte junto las cosas que llevo en mis piernas, me estiro para botar la pereza, bostezo, y quedo viendo mi mochila, dentro hay algo que pesa, abro mi mochila y me encuentro con un libro empastado en rojo y con letras grandes que dice “ Juanito… enamorado”  escrito por…. ¡No lo puedo creer! mi sueño realizado, el libro dice mi nombre ¡yo lo escribí, es un sueño que se hizo realidad.

 

            Recuerdo lo que mi mamá me decía, mi esfuerzo del día que salí de mi casa valió la pena.

 

            Una vez más puedo decir que los sueños se pueden realizar, solo debemos buscar el mejor camino para llegar a ellos.

 

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Comentarios:

Online
Escrito por: gallinamarihuana       19/10/08 20:41
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Bien se podría creer que lo escribio un niño
Que bueno está.
un abrazo
Escrito por: S_Bustamante       15/09/08 13:34
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Lindo y tierno mundo de un nino campesino. Pura inocencia.
felicitaciones.
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