JUAN EL INGLÉS

 

 

              “In Nomine Pather” señala Su Santidad haciendo una cruz imaginaria con su mano derecha y una parada antes de llegar a Letrán. La procesión, que viene de  la propia basílica de San Pedro, estaciona en carnavales frenéticos cada vez que el Pontífice solicita una pausa. Bailes, cantos y bullicio enardecen los ánimos que reconocen el cuerpo de Cristo recibido y proclamado como sagrado…también. El Pontífice Juan VIII se mueve lento. Báculo en mano, algunas veces toma el camino por sus propios pies, en tanto que otras, es llevado en andas por feligreses cercanos. A su derecha un obispo anciano, malhumorado y pedorriento. A su izquierda los monaguillos de rigor, un aguatero de rostro cancino y los sacerdotes de las prelaturas cercanas.

              El calor lo invade todo. La calle pedregosa se hace infinita. Aun así músicos y saltimbanquis no ceden en la festividad. Un anciano clama por Nuestro Señor, su señora mira con rostro sugerente al herrero quien, a su vez, le devuelve la mirada que recibe una lavandera, ella, a su tiempo, pensando que el guiño es para su persona, se despreocupa de su pequeño el cual comienza a perderse entre el dueño de la posada y el carterista de turno, quien apretando fuertemente su pubis contra las nalgas del jovenzuelo rubio - del cual todos sospechan- aprovecha de robarle algunas pocas piezas de plata que trae el extranjero universitario. En el tumulto Johanna Anglicus observa el cuadro. Se seca la frente y se mueve tambaleante. Mira hacia el horizonte y contempla las primeras murallas del Coliseo al cual se van acercando. Se toma el vientre. Respira profundo. Próxima estación: San Clemente.

            El sumo Pontífice comienza a recordar su participación en estas fiestas y sabía bien que ellas tenían mucho de pagano. Su conocimiento de diversos idiomas y su iniciación en Atenas respecto a los ritos cristianos le habían dado luces acerca del origen de la festividad. Recordó los cultos en torno a San Sebastián, capitán de bandidos y desafiante opositor de la Iglesia, quien, posteriormente se convierte a la fe cristiana y la defiende con su vida y su cuerpo, siendo atormentado hasta la muerte, como le corresponde a todo santo mártir.

            El cuerpo de Johanna también sufre el martirio, el embarazo avanzado le afecta profundamente. Ha podido ocultar las huellas físicas, pero las profundas hendiduras en la memoria no podrán borrarse. ¿Qué hacer?. ¿Abandonar la criatura?. ¿Cuidarla en secreto? ¿Dejarla al cuidado de su padre, prácticamente un desconocido?. ¿Cuántos meses serán?¿Los suficientes?. Johanna frunce el ceño y se lleva las manos al vientre como lo ha hecho durante toda la procesión.

          - ¿Pather, aqua?-. Le pregunta y obsequia al mismo tiempo un sacerdote que va a su lado montado a caballo. Juan VIII extiende la mano y bebe. Ya no puede caminar. Una figura excéntrica se pone por delante del sucesor de San Pedro. Le hace unas morisquetas, simula con pantomimas el martirio de San Sebastián y fallece en medio de la calle, siendo resucitado a patadas por unos guardias, quienes no comprenden bien la rutina del bufón, ni como demonios pudo traspasar las barreras de seguridad de la comitiva del monarca. Dos metros más allá cae el bromista desempolvándose con las manos el pantalón y la dignidad.

            Estación de San Clemente. Johanna no puede más. En el éxtasis que provoca los dolores de parto da comienzo a la retrospección de rigor. Las enseñanzas de su padre, un monje inglés misionero que intentó, infructuosamente, como otros, entregar el evangelio a los sajones. Volvieron a su memoria los primeros estudios de los idiomas latín, griego y galo (que tuvo en reserva por su condición femenina), sus posteriores conocimientos de la doctrina eclesiástica y, por último, su vida samaritana y abstinente hasta la recepción de los embates sexuales de Lamberto de Sajonia, embajador del cual a tenido pocas noticias y una criatura en el vientre. El calor es insoportable, el calor…el calor…

            La calle está atestada, se han sumado feligreses y curiosos, hay bailes y comparsas por doquier. El bufón hace de las suyas unas cuadras más allá imitando indolente los modos del Monarca de la Iglesia, también llamado abusivamente Juan el Hermoso, epíteto dado en injusticia, puesto que su apostolado ha sido uno de los más benefactores y misericordiosos que se han conocido. Hace algunas reverencias el gracioso hombrecillo hasta que el dueño de la posada lo toma de la cintura y lo lanza a la multitud, cae a los pies del carterista quien en esos momentos está sustrayendo una pequeña bolsa de las ropas de una cortesana que se ha quedado atrás. La señora del anciano ya ha sucumbido ante el herrero y yacen en los pajonales de unas caballerizas sin enterarse que, más allá, el joven universitario se ha entregado en corpus et anima ante los placeres de sodoma, justamente con el mancebo que cuida el lugar.

            La celebración más parece acabo de mundo. Los feligreses están fuera de sí. La guardia Papal hace esfuerzos en contener la muchedumbre. Pero la procesión no avanza. Joahanna, por su parte ya no puede contener. Las contracciones se han incrementado. Salir del lugar es imposible y dar a luz es una idea suicida. Trata de contener, respirar hondo, pero no puede. Un grito desagarrado sale raspando bruscamente su garganta y los oidos de la concurrencia. Todos se voltean y contemplan las tristes contorciones de Johanna Anglicus. La plebe poco entiende, los guardias menos y el clero…el clero es el clero. Un nuevo grito de Johanna y el sonido chillante de un aullido menor permite empezar a entender.

            Ante la misma entrada de la Iglesia de San Clemente el Papa yace de espaldas, con esfuerzo abre sus tocas y presenta al mundo su creación. Juan  VIII y Joahanna Anglicus son la misma persona. Una mujer, la única tal vez que pudo alcanzar las cúpulas de la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana. Pronto se aclara todo. ¡Diabolus, Diabolus!. ¡Maledetto angelus!. Exclama fuera de si y con todas las fuerzas del cielo el obispo anciano. El resto de los miembros del clero se acercan despavoridos. La muchedumbre se pasa el cuento de boca en boca, al final el hecho. ¡Non posibili est!. Sentencia, con odiosidad el obispo. Pero ya está y el Sumo Pontífice ya ha dado a luz.

            "P.P.P.P.P." es la inscripción que hay fuera de la iglesia de San Clemente. Petre, Pater Patrum, Papisse Prodito Partum[1]
dicen que son las palabras que esconden aquellas siglas  En rigor, el recuerdo pétreo de aquella ocasión en que el Papa dio a luz durante una procesión y en plena calle, la evocación de cómo una mujer, Juana la Inglesa ocupó el Santo Trono de Pedro y la forma en que la multitud la despedazó postparto para exorcizar al demonio interviniente y, sobre todo, a sus propios miedos.

              El nuevo Pontífice ya no pasa por ahí. Marino I se sienta en la Silla Gestatoria pensando la nueva ruta a trazar para la festividad de San Sebastián, en el terrible fin de su antecesor y en sus gestiones como nuevo monarca de la Iglesia, toda vez que, y per sécula seculorum,  la totalidad del cónclave y uno por uno el conjunto de los cardenales le inspeccionen las partes inferiores por debajo del asiento y mencionen a viva voz ante el resto: ¡Duos habet et bene pendebant! [2]


[1] Pedro, Padre de los Padres, propició el parto de la Papisa” afirman que es su traducción

[2] lt. “Tiene dos y bien colgados.”

 

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Comentarios:

Escrito por: S_Bustamante       15/05/08 22:14
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!Te pasaaaaste! Aguardate del cuchillaso del Opus ..., re digoo, y no sigai asi, loco... que las piedras tienen ojos y los curas tienen oidos. (por siaca, que no se te ocurra ir a casarte con ellos).
Solidarium.
Sergio
Escrito por: rotko       14/12/07 02:19
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Muy bien en la descripción del ambiente
interesante el uso de frases latinasen
muy bueno!!!


Campaña Los Olvidados!
Escrito por: crizangel       13/12/07 20:02
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buenisima historia, cuanta cretividad hermano!!!, te tengo una envidia terrible, una soltura esplendida en la narrtiva, picardia, fue como estar ahi, en primera fila, un chisme de lavadero jajaja, contado de manera deliciosa, un gustazo leerte, con todo y tu condena directo al infierno, jajajaja.
Un besote.
Escrito por: Abedul       04/11/07 01:09
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¡Te pasaste!. ¿Cómo urdes una trama tan original?.
Nunca oí un relato semejante.
Me haz dejado con la boca abierta de puro asombro.
Admiro tu creatividad y la celebro.
Páginas: 1

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