JAZMINES

Categoría(s): amor

Eligió las trillas, los tomates perita bien maduro, busco la albahaca de mejor aroma, acomodó todo en su canasta, junto a los alcauciles, los limones y ajos,  eran  los ingredientes que le faltaba para preparar el gran plato de la cena; sería una noche muy especial, la noche más esperada e iba a sorprenderlo.

  Cuando regresó del mercado, Gabriela encendió la computadora, él estaba allí en línea.

  - Buen día Alberto, como estás? – tipeo en el mensajero instantáneo.

  - Hola muñeca!, acá estoy apurando papeles así hoy termino al mediodía. No es un día común!   No?

  - Claro que no es un día común! Gracias a dios llegó el día!. A que hora llegas?

  - Alrededor de las 9 de la noche.

  - Ya te estoy esperando! Maneja con cuidado! No te molesto más, seguí trabajando, un besote!-  se despidió suspirando.

  La alegría no cabía en su cuerpo, empezó a ordenar su casa delicadamente decorada, mientras lo hacía empezó a recordar cuando se habían cruzado en el chat.

  A ella le llamó la atención el nick de él, Dumas, pensó que sería como ella, un aficionado a la cocina y admirador del Gato, pero en realidad, Alberto, lector voraz, prefería las aventuras y con su seudónimo intentaba homenajear al autor de los Tres Mosqueteros. Él le preguntó si Canela era por la novela de Jorge Amado, pero ella lo desalentó de toda interpretación literaria al decirle que era su especia preferida! Se rieron con mucho, esa noche.

  Después se sucedieron varios encuentros, se sentía cómodos  en las noctámbulas cibertertulias que compartían. Así Alberto supo todo sobre ella, que era hija única, sus padres ya no vivían, que no pensaba nunca irse de su Necochea natal, que adoraba la música el rock nacional, que trabajaba en varios colegios como profesora de inglés, que los jazmines la derretían, y todo lo que en  horas y horas volcaron a través del ciberespacio.

  Por su parte, Gabriela, tomó debida nota de las preferencias de Alberto, soltero empedernido, abogado con estudio jurídico en su propia casa, practicaba tenis, fanático de Boca no se perdía partidos en la Bombonera, como ella hijo único sin padres, en su equipo de música siempre sonaba Génesis, y muchas cosas más.

  Acordaban los horarios en que se encontrarían para chatear, la vida social de cada uno empezó a acondicionarse de acuerdo a estos encuentros para no perderlos, se acompañaban, se necesitaban.

  Cada noche Alberto seleccionaba algún texto para compartir con Gabriela, y ella se sentía permanentemente agasajada por tanta deferencia.

  A medida que pasaron los meses se incorporaron nuevas formas de comunicación, del chat se paso al mensajero instantáneo, luego a la videoconferencia y al teléfono.

  Ambos sentían sensaciones especiales hacia el otro, pero ninguno se atrevió jamás a expresarlo, quizás temor al ridículo, quizás pudor, por eso sabían de la importancia de este primer encuentro piel a piel.

  Cerca de las 3 de la tarde suena el teléfono de Gabriela.

  - En media hora salgo para Necochea- le dijo Alberto desde Buenos Aires.

  - Bárbaro, voy a empezar a preparar la cena, espero que te guste lo que tengo pensado!

  - Seguro que me va a gustar! Si lo haces vos será la comida más rica que jamás haya comido – Galanteo Alberto.

  Cocinera aficionada, para la elección del menú tuvo muy en cuenta la predilección de Alberto por los pescados, a lo que le sumaba algunos ingredientes mediterráneos y afrodisíacos.

  Mientras fileteaba las trillas, cortaba en juliana los alcauciles y picaba ajos y albahaca, recordó los malos pasos dados en su vida, que la marcaron a fuego, como aquel amor que la dejo con el vestido listo, dos semanas antes de la boda, porque se fue con otra.

Ponía mucho amor en cada proceso de la cocina y esperaba esta vez no sufrir otro desengaño amoroso. Terminó el plato principal, lo dejo a punto para que con un simple golpe de horno este listo,  el postre seria muy simple.

  Estaba tensa, los nervios empezaban a hacerse notar, se dio un baño de inmersión que la relajó, esa noche estrenaba un vestido corto con delicadas flores rosadas, unas gotas de perfume en el cuello, detrás de las orejas y entre los senos, el collar de perlas de la abuela Julia, estaba bellísima!.

  Acomodó el centro de mesa con flores naturales, preparó las copas para el aperitivo, el clásico Martini, preferido por Alberto, revolvió entre los CD y eligió uno de Sting, todo estaba listo.

  El motor de un auto se escucha, esta estacionando frente a su casa, se asoma por la ventana, es Él!

  El corazón parece estallar, abre la puerta y un enorme ramo de jazmines invade con su perfume. Ella se derrite. El también al encontrarse frente a frente con semejante hermosa mujer.

  Los primeros instantes fueron muy ceremoniosos, poco a poco se fueron aflojando, se miraban, se sonreían, se gustaban.

  Compartieron la cena, fue como ella la imaginó,  el se sintió encantado con el menú. Durante el postre, helado de limón con champagne, las miradas fueron más intensas, las sonrisas cómplices, la seducción a pleno. Eludieron el formal café en el living, allí mismo emergen los primeros arrumacos, él suave pero avidez le prodiga sus mejores caricias y besos, ella se deja llevar, cae su vestido con flores rosadas e instantáneamente su mano atenúa la luz. Fusionaron sus cuerpos, gozaron toda la noche, no salieron de la cama hasta el mediodía del sábado, estaban rozagantes, felices.

  Esa tarde salieron a caminar por la playa, tomados de la mano como dos adolescentes no eligieron camino, se dejaron llevar por los impulsos, nada importaba, el mundo era solamente ellos dos.

  La noche del sábado los encuentra en la cama picando unas rabas y una cerveza, para que más. Repitieron la ceremonia del amor.

  El domingo al mediodía despertaron, ella le acerca un café con unos panqueques preparados especialmente para él. Empezaba a entristecerse, llegaba a su fin este encuentro maravilloso, se esforzaba para no demostrarlo. Acordaron no prometerse nada durante el fin de semana, que cada uno solo en su lugar decodifique lo que su corazón impulsaba, sin influir en el otro.

  Se despidieron dulce y melancólicamente, Alberto tomó su auto y regresó a Buenos Aires. Por la noche, Gabriela, esperaba alguna noticia, al menos como había regresado, se durmió en el sillón del living al lado del teléfono, la mañana del lunes la encontró así.

  Fue a dar clases, pero no fue como todos los días, se la notaba radiante, feliz,  sus amigas se lo hicieron saber, ella se sonrojó pero no aportó dato alguno. En las primeras horas de la tarde, ya de regreso en su casa, llaman a su puerta, un mensajero con un enorme ramo de jazmines enviados por Alberto, una enorme sonrisa se dibujó en su rostro, corrió a encender la computadora, no encontró su amor en línea, recurrió al teléfono, tampoco allí,  seguramente estaría en Tribunales, pensó Gabriela. Insistió nuevamente a la hora y tampoco pudo ubicarlo, recurrió al celular que le respondía que estaba apagado o fuera del área de cobertura.

  Los días transcurrieron de igual forma, ella no pudo volver a comunicarse con Alberto, todos los indicios indicaban que Alberto no quería atenderla, seguramente no era ella lo que él esperaba. Una profunda depresión le ganó, los recuerdos de dolores pasados la obnubilaban, había pasado el último tren, pensó. Una botella de whisky, una caja de clonazepan, ingredientes del último cóctel. Se acostó a dormir, cerró los ojos, nubes rosas y celestes la envuelven. Flota en el aire desde la ventana ve su cuerpo inerte y se deja llevar por las nubes que la depositan en el lugar indicado.

  Allí aparece Alberto con jazmines en sus manos, con lágrimas en sus ojos Gabriela le cuestiona

  - Porqué no me llamaste?

- Un caballo que se cruzó en la ruta no me dejó! Respondió.

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Comentarios:

Escrito por: Andrea1968       21/12/07 02:07
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Mientras leia pude ver las imagenes claramente, pude sentir el olor al jazmin. Buen trabajo amigo. Una historia hermosa.
Nos leemos.
Escrito por: guadalupe40       18/12/07 00:23
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Vos sabés que no me atrevía a continuar leyendo, sin precisar el final intuía que sería triste, pero opino como mariarosa, no es tan malo, dejaron de ser terrenales, quizás un amor tan grande tampoco merecía serlo; muy bueno, con la ternura invitada de lujo.
Guadalupe
Páginas: 1

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