


| Escritor: | helenstephenson |
| Públicado: | 26/07/2008 |
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Las palmeras susurran con las suaves brisas, que desde el río cercano, refrescan el pequeño talud del cerro, donde el jardín prospera, y los retocillos corren a refugiarse, cuando el insomne paseante, pisa la hojarasca reseca por el sol del día.
La fuente canta arrullando a los enamorados, y los patos sacan sus cabezas de entre sus alas, cuando la risa cantarina de una mujer, surge ante los requiebros de su amado.
Una guitarra suena en la lejanía, y el quejio de un cante rompe la noche.
Los espíritus que en el jardín viven asoman entre el arrayán, y entre las sombras esperan el paso del humano, para continuar con sus tareas de cuidar de la magia que el jardín impregna.
Cerca del amanecer cuando los humanos cansados regresan a sus casas, los silfos y las hadas, acompañados por nomos y criaturas aladas, recogen las pequeñas gotas de agua que cerca de la fuente las hiervas empapan, para crear los perfumes que a ellos encanta.
El sol sale, la luz y el calor reclaman su parcela que al jardín arrancan, las flores nocturnas se cierran, y los pájaros cantan a sus amadas.
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