Jaque Mate

Tengo hoy una historia que contar, no es la historia de mi vida, si no la cúspide de mi fracaso como amante, seductor y galán cincuentón. Creía yo que ya lo tenia todo descifrado en cuanto al amor y las mujeres, pero la vida estaba apunto de probarme lo contrario. Y así es como todo empieza un típico martes de ajedrez en la sala de mi casa…

 

-Más que una charla interesante o perspicaz es el aroma lo que atrae a las mujeres, ellas son criaturas caprichosas y sensuales, no me atrevería a acercarme siquiera a alguna de ellas si dudara de mi aliento.

- Paulo, eso, lo dices tu porque eres un superficial cretino, que solo coquetea con mujeres bonitas, en plena juventud, que además, la única platica que les parece interesante es en la que se discuten tus ingresos.

- Es cierto Aldo, tengo una debilidad por la mujeres bellas y si, un poco superficiales, pero debes admitir ¡¿que  hombre no?!

 

Habíamos sido amigos por varios años, no obstante ser casi dos décadas menor que yo, Aldo era el tipo de hombres sobresalientes en lo académico, era medico, psiquiatra graduado en honores por la Facultad de Medicina Berselius, aunque no era en nada feo carecía de personalidad, mas que seductor era un nerd. Las mujeres guapas lo encontraban poco atractivo y muy aburrido, las inteligentes le parecían mordaces e insensibles, las sencillas eran torpes, las complicadas eran neuróticas y la mujer perfecta ni lo consideraba, ella se llamaba Emilia De Vere. Su familia era dueña de un gran conglomerado, aunque ella sobresalía en la medicina y la ciencia por meritos propios, además era sumamente hermosa, profesional y muy seria.

 

-          ¡No! Yo prefiero una mujer que sea inteligente y de valores, que a una modelito de pasarela Paulo

-          ¿Me estas diciendo querido amigo, que si Emilia fuera gorda, desaliñada, llena de manchas y granos en la cara tu fascinación por ella seria la misma?

-          ¡Basta! No soporto tus burlas Paulo me parece que te pasas de la raya, en primer lugar no es fascinación si no una muy profunda admiración por la Dra. De Vere lo que siento, y eso no cambiaria si ella no fuera tan bella como en realidad lo es.

 

Hacia mí jugada tranquilamente mientras oía divertido a mi vehemente amigo – Aldo, guarda tu energía para el juego, mira nada más estas completamente ruborizado-

-          Si, búrlate todo lo que quieras, te ganare esta partida eso es todo lo que me importa en este momento.

 

La noche había pasado así, prácticamente como todas, yo provocando a Aldo y el jactándose de ser mejor jugador que yo, aunque yo sabia que no era así, me parecía falta de caridad quitarle sus meritos al pequeño Aldo. Mi madre siempre me había dicho; Paulo jamás tomes ventaja del más débil, nunca robes, aunque tengas la oportunidad y no pierdas la dignidad. Esta última jamás entendí a que se refería, puesto que olvido explicarme a que llamaba ella dignidad. Aunque me enseño las cosas mas practicas y validas de mi sórdida y solitaria vida. A mis 50 primaveras me he casado solo 1 vez y me he divorciado 1 también. Me case a los 23, era una época loca, no tenia mucho dinero pero estaba perdidamente enamorado de Isabela, ella era 2 años menor y 10 años mas inocente, era dulce, sus ojos eran de un ámbar perfecto, su cabello era rojizo como divinos rayos de sol y en las mañanas lucia especialmente hermosa, pero yo he carecido siempre del don de la fidelidad y eso terminó por destruirnos. Ella se volvió a casar eventualmente, tubo hijos y yo pues seguí con mi vida. La abogacía al principio era mi pasión, pelear por los débiles contra las injusticias, combatir fechorías, ahora las razones son otras u otra, es simple dinero. Trabajo como representante legal en la misma clínica que el Dr. Aldo Carranza ejerce, lo que me deja un nivel de vida bastante cómodo. De mi pasión pues, sigo teniendo una ¿Qué seria el hombre sin ella? Mujeres; jóvenes, guapas, altas, delgadas, 23, 24, 25, hasta 28 años, simpáticas, sensuales, pero como todo en esta vida tiene sus fallas, con el tiempo estas damitas se vuelves sosas, insípidas, vanas y bueno es momento de volar a otras tierras y probar otras aguas. Puesto que hasta ahora no había conocido a ninguna que rompiera la regla y además de todas las cualidades que yo aprecio, fuera inteligente y digna de amar. Ojala todo hubiera seguido así.

 

Bueno pues aquí seguimos con la misma partida de ajedrez, y esta vez Aldo parece tener todo resuelto.

-          Jaque Mate!!!
-          Bah… La revancha mi amigo sera mia
-          Te queda ese consuelo Paulo

-          No en realidad ya no hay consuelo, ¿sabes que estaba pensando? necesito acción, adrenalina, fuego en la sangre, una buena y sana competencia.

-          ¿El ajedrez no te es ya suficiente? ¿Te apetece más el fútbol americano ahora?

-          Ninguno de los dos somos atletas Aldo, seria ridículo, pensaba en algo en lo que los dos tengamos una estrategia definida y diferente.

-          Una competencia de quien puede comer mas, seria grotesca

-          Estoy de acuerdo, además estoy a dieta, pero no seas ordinario Aldo, piensa en algo que valga la pena.

-          ¿Que valga la pena? Pues que te parece por honor, por respeto, por traspasar nuestros propios límites y paradigmas, ¡por pasión!

-          ¡Claro Aldo! ¡Pasión!, pero espera ¿que sabes tu de pasión Aldito? Ni siquiera eres capaz de pronunciar un enunciado a Emilia sin tartamudear.

-          Por favor, es la única pasión que conoces Paulo, la carnal, que patético

-          No es la única lo admito pero es la mejor, mira mi querido Aldo siendo tu un medico exitoso, atractivo y rico, no debería de ser problema atraer cuanta mujer te plazca, sin embargo, no logro entender porque tu falta de seguridad, actúas como adolescente frente a la sexy amiga de su hermana mayor.

-          Y tú crees que tu actitud de verdad es muy madura, semejante al adolescente que enamora a las amiguitas de su ¡hermanita menor!

-          Aun así, ¿sabes qué creo?, que tengo mas posibilidades de enamorar a Emilia De Vere que tu, en cualquier momento, situación y circunstancia. Ella sin duda se vería sumamente atraída hacia mi, de hecho así es.

 

Y tal como lo había supuesto mi predecible y buen amigo cayó redondito en la trampa. Verán yo soy ciertamente un cretino, que sin duda alguna haría la corte a la amada de cualquiera de mis camaradas, sin embargo, mi intención era otra esta vez. Así fue como al final de la velada una nueva competencia había sido pactada, el premio, ella, Emilia. ¿Qué clase de hombres tienen el descaro de apostar sobre los cariños de una mujer?, se preguntaran, bueno si tomamos en cuenta que el premio en si era la atención de dicha dama, esto no debería de ser infamante sino una cuestión de simple honor.

 

Al día siguiente llegue temprano como siempre y espere en el espacio vacío A5 del estacionamiento subterráneo.

 

-          Señor esta usted parado en mi lugar.

-          Dra. De Veré, ¿es este su espacio? No lo habría adivinado, en realidad esperaba que fuera del Dr. López Garza, vera úrgeme hablar con el, me he sentido terrible con las pastillas que me receto y siento que se me va el aire.

-          El Dr. López Garza se estaciona en el piso de arriba hasta donde se, no sabia que tenia usted problemas del corazón.

-          ¡No se imagina de que clase!

 

Mientras ella se bajaba del coche pude notar por primera vez sus largas y torneadas piernas enmarcadas en una fina falda recta que resaltaba sus caderas y acentuaba su pequeña cinturita, ya parada frente a mí pude notarla en toda su longitud y en toda su altivez. Podría ser la mujer más imponente que he conocido y no solo por su belleza sino por su seguridad y nobleza, sus hermosos ojos negros derretirían un iceberg, y su pelo era de un negro azulado brillante y sedoso. Me avergüenza admitir que me sentí profundamente intimidado por esta regia  mujer. 

 

Empezó así la cacería, conversamos unos minutos mas en el estacionamiento, trivialidades le comente de mi malestar por la mañana y ella sugirió que dejara el viagra, lo cual me incomodo bastante, y me hizo pensar lo torpe y viejo que le debí parecer hablando de malestares que lo mas triste es que en realidad siento. Decidí cambiar mi estrategia inmediatamente, y mostrar mi mejor faceta, le comente de la subasta para recaudar fondos para los niños con cáncer, a lo que ella respondió que efectivamente la caridad era una manera común de las empresas para deducir impuestos aunque en su opinión personal no le parecía una estrategia congruente viniendo de un hospital, pero finalmente si los fondos llegaban a su destino ella asistiría. Y quedamos en que yo personalmente pasaría por ella. Faltaban unos días para el evento, me pareció que no era bueno buscarla antes para no demostrar tanto interés y desconcertarla, pero tampoco quería que pensara que no era un caballero así que le envié un hermoso ramo de orquídeas amarillas, con una tarjetita que decía “Bellas orquídeas para una mujer de ensueño”. Deje el anzuelo reposar y decidí ver que tal estaban yendo las cosas con Aldo, lo encontré en su oficina absorto en sus pensamientos y por demás extraño.

 

-          ¡Aldo Amigo! ¿todo bien?

-          Si… todo bien, tengo cita en 5 minutos Paulo, es un paciente que me tiene un poco estresado.

-          Claro, pues con esa profesión de loquero que te has escogido mi buen amigo, ya parece que algo se te ha pegado de tus pacientes, mira nada mas esos pelos de alambre, y que decir de la corbata, ¿la compraste en el tianguis y en rebaja?, pues no sabia que hay sección de corbatas color pastel

-          La corbata ha sido un regalo…

-          ¿De tu abuela o de tu madre?

Aldo solo sonrió mas para si mismo que para mí, fue una sonrisa placentera casi perversa que me inquieto un poco, no contestó nada mas, su paciente bipolar estaba ya esperando la terapia y era la personalidad agresiva e insolente, así que me fui sin más.

 

Por fin llego el sábado use mi mejor gala y salí puntual hacia el domicilio de Emilia, ella aun no estaba lista cuando llegue, me pidió que la esperara unos segundos en lo que terminaba, su casa era de un gusto exquisito, de estilo minimalista no había muchos objetos que ver, sin embargo el decorado era impecable y moderno. Me senté en la sala blanca sosteniendo un wisky que ella sirvió. No tardó en bajar y se veía radiante, usaba un vestido rojo que en cualquier otra mujer se hubiera visto vulgar, pero en ella lucia simple y elegante, en el momento que salíamos de la casa pude notar su espalda desnuda que enseguida cubrió con chal blanco de seda. El camino hacia el evento fue muy cómodo platicamos cuanta trivialidad se pudo, que si el clima, que si el trabajo, que si el candidato a gobernador era malo o regulas, estuvimos de acuerdo en que buenos ya no hay. Llegamos al fin, el mundo entero puso sus ojos sobre nosotros al entrar, no pude dejar de notar la mirada inquisitiva de las esposas de los médicos que conocían nuestras reputaciones bien. Debo admitir que me divertí como un muchacho con la niña más bonita de la escuela, me sentí envidiado y admirado por los demás caballeros que veían boquiabiertos a mi acompañante. Al final de la velada ella confesó que no sabia que esperar de esta entrevista, ya que de sobra conocía mi fama de mujeriego y rabo verde, y le apenaba reconocer como había venido a la gala conmigo con ese prejuicio sobre sus ojos, pero en realidad yo le parecía encantador y divertidísimo. La pasamos de lo lindo y la noche termino fuera de su casa mientras le besaba la mano y agradecía por una velada tan maravillosa. En fin Emilia y yo nos hicimos grandes amigos comíamos una vez a la semana y mi afición por ella crecía cada vez mas. No dejaba de pensar en ella, cuando no la veía no dejaba de vagar como bestia errática y cuando nos veíamos era el momento cumbre del día.

 

Así era como todo iba viento en popa, había resuelto no callar mas, la llamé para invitarla a cenar a La Mision, ya estaba decidido esta noche seria perfecta, con una botella de champagne le confesaría mi amor y esperaría que ella sintiera lo mismo por mi. Nuestra reservación era a las 9.00 p.m. y llegamos puntuales ya que es un restaurante muy exclusivo, conseguir reservación me había costado todo un mes. Nos dieron la mesa perfecta, en medio del gran vitral por el que se veía la ciudad inundada de luces, la música de violines enmarcaba perfecto la velada. No sabía como empezar la noté nerviosa y ansiosa, así que decidí dejar que las cosas fluyeran con naturalidad. Ya estábamos en el postre cuando me soltó la bomba. -¡Oh Paulo! Es que estoy tan enamorada- En el momento que escuche estas palabras mi corazón dio un vuelco, ¡lo sabía! Ella también me amaba.

 

-          Emilia estoy tan fe…

-          ¡Es Aldo!, no te parece increíble, ¡lo amo!, oh Paulo, se que no te había contado nada de esto, pero es que a veces me gusta tomarme mis medidas de precaución hasta ver que tan segura va la cosa, pero lleve saliendo con el ya casi cuatro meses. Y ya es oficial nuestra relación.

-          Pero… ¿cómo?

-          ¿Recuerdas el día en que te encontré en mi lugar de estacionamiento?, a pues fue un día extraño, primero por este incidente, que te confieso me pareció raro, nunca creí que buscabas al Dr. López, y después cuando estaba apunto de llegar a pediatría choque con él ¡pum!, así nada mas, cuando me di cuenta todo mi café estaba en su corbata, te imaginas, pobrecillo dijo que no me preocupara, pero pues como no, al día siguiente le lleve una corbata nueva de regalo que uso inmediatamente, lo que me pareció un detalle muy tierno.

-          La corbata…rosa…

-          ¡Si! Precisamente, y bueno Paulo, pues lo demás es historia, soy la mujer más feliz, él es encantador, es tan inteligente y sensible, respetuoso, pero lo que me enamoro fue su apego hacia sus valores e ideales, es un hombre tan cabal.

-          Si, es un hombre admirable- y ahora envidiable.

 

Mi corazón estaba partido en mil pedazos ¿Cómo pudo esto pasar?, ¿Cómo no me di cuenta de lo que mi traicionero amigo había estado haciendo a mis espaldas? Pues me toco perder y esta es la verdad, aposté todo a mi habilidad de seductor, y perdí. Ahora admito ante ustedes que si bien al principio de todo esto, me había convencido a mi mismo que esta misógina apuesta, era un acto nobilísimo de mi parte para impulsar al torpe y patético Aldo, a la hasta entonces imposible tarea de conquistar a Emilia, la verdad es que no fue así, lo hice por simple orgullo, por probar una vez más mi hombría y mi viril superioridad. Y en mi propio juego fui vencido. Y es que en el amor como en el ajedrez, la estrategia es lo importante. Jugué al seductor y esta vez la victoria no fue mía.

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Comentarios:

Escrito por: KARYNNA       22/12/07 02:25
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Que bien veo que ya van dos lectores,aun espero por màs,realmente tu relato es,simplemente exquisito,das detalles de cada situaciòn sin que se vuelva tedioso,vas paso a paso,logrando que la lectura sea amena,en ningùn momento se hace dificl seguirte,y el final,sin mayores adornos,pero justo,sencillo y completo...felicitaciones.

dos besos
Escrito por: jmrousell       11/12/07 06:31
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Amiga, no creas que nadie leyó tu historia, por lo menos yo si. Es maravillosa. Te haré una confesión, no siempre me nace un comentario útil, que por lo menos esté a la altura de lo leído, por ello no siempre los pongo.Hoy, solamente para dejar constancia de que he leído tu texto, añado este comentario, que de antemano se que no tiene ningún valor crítico.
Escrito por: jacoescribe       11/12/07 06:03
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Amiga Gaby:

En tus escritos encuentro acertado movimiento de personajes en planos distintos, como la Dra. De Veré y la corbata, por ejemplo, excelente imaginación para tejer argumentos válidos, según situaciones planteadas, detalles de reiterado conocimiento social y cultural los que, en conjunto, gustan al lector. (Las reglas morfosintácticas se dominan con el tiempo y la frecuencia de su buen uso). En términos generales, me agradó tu relato, aun cuando, para reafirmar el título de tu trabajo, pudo terminar "...Jugué al seductor y me hicieron jake mate.". Pero sólo es un decir.

Agradezco tu estimulante comentario sobre mi renuncia a las Palmas Magisteriales.

Me gustaría seguir cultivando nuestra amistad literaria, para un recíproco aprendizaje. ¿Podrías darte el trabajo de leer mi relato "El último homenaje el Sol"?

Un saludo cordial

JACO
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