El señor Antonio Amaya no había conocido nunca, en sus treinta y ocho años de experiencia como maestro en historia, un muchacho con semejantes características. Irreverente y altivo hasta la desesperación, violento y contumaz, no se proponía otra cosa sino entorpecer su clase hasta hacerle perder la paciencia. Pero el problema no era su conducta, porque con jóvenes así había tratado desde siempre; sino que a la vez de ser el alumno más problemático, era el más brillante de todo el instituto.
Sus padres, aparentemente normales ocultaban un pernicioso vicio por las drogas que definitivamente había marcado la infancia del muchacho: su madre abogada, con una carrera exitosa como Jueza rectora del municipio y el padre medico, integrante del comité directivo del colegio de galenos de la ciudad. Al tiempo que su hijo acumulaba conocimientos y distinciones, reservaba un rencor profundo hacia estos.
Pero este todavía no era el problema. Josías no se comportaba irrespetuoso en ningún aspecto en otras asignaturas; todo lo contrario, se le condecoraba anualmente por su temperamento pacifista y por una amplia labor como dirigente estudiantil. Era en su clase cuando el aspecto de niño rico y educado se transformaba en uno de delincuente callejero. Sus colegas habían empezado a creer que Antonio reservaba cierta envidia o complejo hacia el pobre muchacho. Y esto, lo enfurecía más.
Este día, Antonio planificó una clase distinta. Sin libros, ni citas, ni fechas o análisis; solo una conversación con sus alumnos. Y ahí, en su asiento Josías escuchaba, dispuesto quizás a atacarlo en cualquier momento o a molestar para hacerle perder la concentración.
- Cada día la vida nos enseña como soportarla en el futuro decía Antonio, mientras perdía su mirada en la pared como recordando algo- Si hoy caes, y logras levantarte es una enseñanza para el futuro: sabrás que ese lugar hay un obstáculo y sabrás además como levantarte en caso de que caigas de nuevo. Todo obstáculo en tu vida es un mensaje, de que la tuya no es una existencia simple y sencilla, que tiene sus propias características que la hacen diferente al resto de las vidas humanas. Por ejemplo, un naufragio afectará quizás a miles de personas, pero cada una de ellas reaccionará ante la tragedia de maneras distintas. Los que mueren en ella morirán diferente uno a uno y los que sobrevivan, lo harán por motivos diferentes uno del otro. Tu vida, en conclusión no es tan solo una existencia, es una singularidad.
Caleb lo miraba desde su asiento en actitud desafiante y grosera y estallando en una carcajada lo interrumpió:
- ¡De nuevo la cantaleta profe! nos va a narrar como pudo conformarse con su patética y problemática vida después de entender que no puede cambiarla. Eso es triste. Y según mi cronograma de clases, hoy veríamos la invasión de Bonaparte a Rusia; no las lecciones de vida que su papi le impartió antes de morirse.... "Ética para Antonio". ¡Patético!
- Si sus padres no se han sentado con usted a aconsejarlo sobre la vida, no es problema de la clase señor Riera. Lo planteado aquí se refiere al enfoque emocional que cada uno de ustedes le darán a sus problemas: malas calificaciones, desordenes alimenticios, inconvenientes con sus parejas........drogas o maltratos. Es, una clase integral - aseveró Antonio con un claro tinte irónico.
- ¡Al diablo con su clase! Eres una figura triste y despreciable Antonio. Te deleitas amargándoles la vida a tus estudiantes y peor aun te crees mejor que nosotros. Eres un remedo de sofista disfrazado de pedagogo- dijo Josias levantándose de su asiento.
- ¡¿Cual es su problema Riera?! Le indico que tiene un expediente levantado en dirección y que no dudaré en señalarlo nuevamente como perturbador de mi clase. ¡¿Que diría tu tío si te viera en esa actitud?!.
- ¡Su expediente me importa un carajo! ¿Levantado por quien? ¿Por usted? Ha perdido bastante credibilidad en el instituto, Antonio. No la embarre más. ¿Y mi tío? ni lo nombre. Se decepcionó de usted antes de que yo naciera. Y ya lo ve: El es ministro y usted un maestrico de segunda.
La paciencia de Antonio era extensa, la experiencia de maestro la había forjado, pero tenía su límite. Enloqueció de ira. Se levantó de su silla y tomo al muchacho por el cuello de la camisa abofeteándolo con furia en la mejilla izquierda.
- ¡Maldito hijo de perra! ¡Eres una plaga inmunda al igual que tu tío, ese invecil de Caleb!¡Ambos son escoria del mismo vertedero!
Se necesitaron tres hombres para soltarlo del maltratado cuerpo del joven que sangrando por nariz y boca solo reía repitiendo en voz alta:
- ¡Cayó en el hueco profe! lo vió y no lo esquivó ¡Su vida es solo existencia!
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