Ironías de la vida causaron que me quedara ciego en mi infancia, o eso dijeron ellos; que a los quince años perdiera las piernas yendo al volante de un deportivo último modelo, y en cuestión de seis meses sufriera un derrame cerebral mientras participaba en la maratón que organizó mi ciudad natal.
Ironías de la vida causaron que yo me enterara de los tres terribles sucesos el mismo día, de camino al trabajo; e ironías de la vida causaron que no volviera a poner un pie en la oficina. ¿Y sabéis lo que aun no me explico? Que ironías de la vida causaron que el seguro, tras verme en pie leyendo mi póliza, lo siguiera creyendo.
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