


| Escritor: | Rykardo |
| Públicado: | 11/09/2008 |
Y arriba,
la lluvia se forma en dos ciclos:
triste y luego agua.
Pero acá abajo,
acá en el parque,
suenan las campanadas de las 5
y el júbilo crece en los infantes.
Recrean batallas epicas, unos.
Los otros desparraman
el agua de los charcos,
elevan risas hacia el cielo.
La plazuela pertenece,
ahora que llueve,
a los niños
pero pertenece aún más
al amor primero,
florece con tanta agua,
se esconde como si un delito fuera
(inocente,
si supiera que tiene más
grado delictivo el desamor).
Retozando en un baile,
la lluvia,
se asemeja a notas musicales,
notas que llevan un texto codificado,
quietud.
Ellos,
los novatos amantes,
saltan
tomados de las manos,
apenas presienten
lo que es una prescencia súbita
que revuelve las entrañas,
apenas saben
lo que significará un sutíl besar,
un cariñoso abrazo
o
un simple mirar.
Y sin más,
se relaja el tiempo,
detienen el saltar y extender
del agua en los charcos,
se entrelazan
y se aman en la mirada,
en los fiambres de cabello en la frente,
en la lluvia
que rosa el beso de los labios en los labios
apenas un segundo
y se eterniza.
Y arriba,
la lluvia se entretiene con el sol
en dos ciclos:
amante y luego iris.
|
Imprimir |
Enviar historia |


