


| Escritor: | bender_carvajal |
| Públicado: | 19/03/2008 |
Me vale más tu ausencia, que el puto amor a medias que me has dado
Le dije, y se marchó como se alejan las golondrinas hacia el cálido y seco resplandor de la primavera, con el giro deslumbrante, perfecto y gratuito de su cuello curtido con estas manos de alfarero indisciplinado; como nos dejan los buenos hábitos heredados en pro de las malas costumbres y los años. Se alejó entre lo confuso de la tarde pintada de noche dominical, entre la procesión de los muertos de esta ciudad adormecida, y calle abajo por Santa Isabel se me perdió bajo los estruendos letárgicos de Lira y de mi corazón, cual si mutara para ser reciclada entre la maquinaria frecuentemente avasalladora de los recuerdos y la ingratitud propia de la memoria.
¡A razón de mil años por día te olvidaré, maldita ingrata! Le grité desde el balcón del quinto donde inconscientemente me aferré contra el vacío sangriento en donde habría podido de una vez y para siempre sellar la conversión de un mal amor por la fineza de un pálido dolor. Pero ni muerto me vale que te olvide
susurré para mi con el aroma pútrido del primer aliento del inicio de la agonía.
(Ya no extraño tu mundo infinito
¿Será porque amo más mi soledad, a pesar de tu ausencia, incluso?).
Como sea, me has hartado en perfecta sincronía con lo cotidiano, y siento que ya no te debo nada, que estamos a mano, corazón partido, que nuestras deudas de amor a la mala han sido pagadas en su justa medida de sangre y odio; la furia desbordante no ha sido venganza ni el rencor el único recuerdo que me lleve de ti, hechicera del chakra
Descargué el arma y me alejé del balcón (un par de veces, por lo menos) libertador de todas las angustias. No, ya no vales la pena, ni mucho menos que te arranque de mí por la sangre derramada desde mis venas; ni siquiera te he parido, no eres ya nada en mí, sino el pálido dolor con que te he abortado, miserable hija nonata del futuro coartado y desaparecido. Eres apenas la rabia contenida de la mala suerte de jamás haberte de veras tenido, una resaca apenas de mal y casual sexo invasivo, y de lo que eras dueña se te ha expropiado, ya nada te queda en esta carne y huesos devorados por los gusanos de la insurrección.
(Todo lo extraño en mi vida es por consecuencia mi vida llena de infinitos y extraños acontecimientos).
Me cuesta menos la sed y el hambre que dejar de latir por ti
Me niego a ser el perro de tu rincón, al que cambias el trapo sucio a tu entero antojo. Me vale más la vida perra entre las perras que el cielo contigo ganado a medias.
Por tu culpa, maldita, me han puesto un marcapasos en el alma y he incinerado mis ojos alados para oler de por vida el trasero de la felicidad.
...aunque a veces no nos queda más que ser un perro envejecido con el hábito de comer siempre de la misma mano.
¿Qué va a ser de ti, mala, ahora que te mueres seca como el olvido entre los perros del abandono?
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