Me he dibujado una fachada, he creado una mascara impermeable a prueba de insultos, dolor y tristeza. Siempre quise esconder el llanto de mis ojos para que nadie se diera cuenta lo mucho que duelen las palabras, cuento hiere ser olvidada o recordada y por eso me puse un antifaz transparente, que combinaba perfectamente con la forma de mis cejas y el color de mis pestañas. El siguiente paso fue ponerle una capa de barniz a mi nariz, para proteger mi sentido del olfato de aquel dulce olor de los recuerdos, de aquella fragancia densa que viaja por los cuerpos y se instala en uno que otro cabello. Luego con molde salido de la gran empresa de mi imaginación, rellene mis labios rosados con una sustancia que cristalizaba el gesto que de diente para fuera escapaba para dar formas descifrables a los ojos de otros caminantes. Por ultimo maquille mis mejillas con flores de colores para que nadie lograra descubrir el abismo de mis pecas o el rubor de mi vergüenza.
Como un artista que ha creado una obra de arte veo en el espejo el producto de varios años de trabajo. Mi nuevo rostro, frío, rígido me protegería de las miradas incisivas que buscan conocer o descifrar un sentimiento. Por muchos años me creí dueña de mi mascara, caminando descaradamente por las calles de las criticas, aseguraba que mi invento era la solución perfecta a mis delirios y demencias. Que triste fue darme cuenta que mi mascara era un utensilio hermético, porque dentro de mi hervían una cantidad infinita de dolores, rencores, me estaba cocinando por dentro.
Pensé que nadie notaria la extraña sustancia que se estaba formando dentro de mi cuerpo, pero pronto comenzaron a darse cuenta que yo emanaba un olor a hipocresía, a desconfianza, a mentira y en un abrir y cerrar de ojos me encontré sola. Ya no había a quien ocultarle mi llanto, ya no llegaban palabras hirientes a mis plásticos oídos, ya no tenia que protegerme por que los había perdido a todos en busca de mi perfección. Intente quitarme la mascara que ahora cubría toda mi figura, pero fue inútil, descubrí que yo toda, entera era una farsa. Estoy abandonada, pudriéndome por dentro.
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