Interrogatorio

James se sentó con sosiego, aunque algo perturbado. Esta bien, había herido en una redada, pero eso no justificaba, en lo absoluto, que lo enviaran a interrogar a un simple adolescente que hablaba solo luego de que, presuntamente, apuñalara a su padre durante un acto de violencia intrafamiliar. Eso era deprimente. Además, el chico que tenía al frente no se veía para nada como una amenaza. No. Más bien parecía muy tímido e inocente. Era delgadísimo, encorvado y con una piel rosada algo pálida que parecía hacer juego con el blanco perla de la pared, y poseía una desordenada mata de cabello color ceniza. Miraba hacia todos lados, con aire confundido.

-Muy bien…-James hojeó la carpeta que le habían dado antes de entrar a la sala de interrogatorio.-Kurt…

El joven lo miró con unos profundos y desafortunados ojos azules que denotaban una profunda inocencia. ¡Oh, por Dios! ¡Mírenlo! Esto no es un asesino dijo James para sí mismo. Dado que detrás de aquel enorme espejo en la pared lo estaban mirando y de seguro grabando, comenzó a interrogar al chico.

-¿Sabes por qué estás aquí?

Kurt continuaba observándolo con aquella mirada inocente.

-N-no, se-señor- tartamudeó.

James ahogó las ganas de ponerse a reír. ¿Era eso un cruel asesino? Pero prosiguió. Después de todo, eso le generaría un poco más de dinero.

-Estás aquí porque unos tipos por allí nos dijeron que eras tú el responsable de las…trece puñaladas que causaron la muerte a tu padre.

Kurt abrió los ojos, sorprendido y dejando ver como comenzaba a humedecerse su mirada.

-¿Es-está m-muerto m-mi pa-padre?

James no aguantó más aquella situación y se puso de pie. Saldría de esa sala y mandaría al infierno a todos los que les miraban desde afuera. De seguro era una broma de mal gusto. Nadie, por muy idiota que fuese, enviaría a esa criatura a prisión, menos bajo el cargo de un violento asesinato con arma blanca. Aquel chico no le habría hecho daño ni a la polilla que revoloteaba alrededor de la lámpara sobre el escritorio que tanto desagrado le causaba a James. Iba a girar el picaporte de bronce gastado de la sala para irse, cuando oyó una voz áspera.

-Por supuesto que está muerto, Kurt, si fueron las manos con las que todos los días te arreglas el cabello las que le ensartaron aquel cuchillo de carnicería a ese viejo inútil ¿recuerdas?

James se volteó de inmediato. En la sala sólo estaban él y el chico tartamudo. ¿De quién demonios era la otra voz? Miró al chico y con espeluznante atención observó su rostro. Sus ojos azules se habían achicado un poco, adquiriendo una expresión malvada. Pero luego volvieron a la expresión de inocencia y el chico comenzó a sollozar.

-D-déjame en paz…p-por favor… Ho-Horace…

Luego volvió a la expresión de crueldad. Ésta vez miró a James. Se puso de pie con propiedad y camino con ligereza.

-Es obvio que yo si sé por qué nos trajeron a este circo, colega. Yo fui el que disfrutó de ver la sangre de ese hijo de puta saltar con cada puñalada que le di.

James estaba perplejo. ¿Qué era esto? El chico ¿por qué ya no tartamudeaba? ¿Por qué si se veía tan frágil había adoptado esa postura tan intimidante? Sólo atinó a preguntar un detalle que le causó curiosidad, mientras se recuperaba de la impresión y volvía a poner en su rostro la dura expresión que le caracterizaba:

-¿Quién es Horace?

-¿Qué acaso eres tonto, colega?-preguntó el joven, como si se estuviesen burlando de él- Yo soy Horace.

-¿No te llamas “Kurt”?-inquirió James, ya más calculador.

-Por supuesto que no. Kurt es sólo un cobarde, un tonto que cada vez que era golpeado por aquel imbécil se escondía a llorar en la alacena.

Esto no tiene sentido pensó James. El joven lo miró, sonrió aterradoramente y luego prosiguió con aquella voz áspera y firme.

-Y en esos momentos me llamaba.- pusó un gesto y una voz burlona- “Ho-Horace,
p-por favor, ayudam-me”. –Se pasó la mano por el cabello, dejándolo más despeinado aún-Ya estaba harto de los lloriqueos de Kurt así que le di su merecido a ese viejo. ¿No habrías hecho lo mismo tú, coleguita?

James no podía creerlo. Ya creía haber encontrado la respuesta al acertijo. Sólo había escuchado unas cuantas veces de este tipo de enfermedad psicológica, pero nunca le había tocado estar tan cerca de alguien que sufriera trastorno de personalidad disociativa. Lo que más temía es que el caso que tenía enfrente era el de un chico inocentísimo que podía también ser un asesino brutal.

-¿Tienes un cigarrillo, colega?- indagó, como si pensase que esta situación era lo más corriente del mundo.

-Voy por uno- respondió James y salió con prisa de la sala.

Al salir, James se puso frente a un veterano de los que escuchaban.

-Caso Cerrado. Asesinato bajo circunstancias de enfermedad mental grave.

Dicho esto, se retiró del establecimiento, ante las miradas irresolutas de los otros policías, deseando volver a su departamento rápido y olvidar aquel extraño episodio lo más pronto posible.

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Comentarios:

Escrito por: Rina       17/02/08 04:50
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Senti un escalofrio al leerte...esa enfermedad es inquietante, me refiero a ser...digamos...dos personas en uno...que dificil situacion...nuevamente James toma una descicion rapida...
Te sigo
Besos
Páginas: 1

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