Intento de asesinato al Sr. Inoski. (Segunda parte)

Quince minutos después, llega el señor Inoski a la escuela de artes marciales de su propiedad. Observa su reloj pulsera y, en voz alta dice: - bastante tarde, ya son casi las tres de la mañana… iré a la oficina por un buen trago de vino y después a la cama para soñar con esa linda mujer. - Y a pasos rápidos se aleja por el largo y refulgente pasillo. El caminar del maestro produce escalofriantes ecos por el tacón de sus zapatos, cuyos sonidos se pierden en la lejanía del silencio de la noche. Llega a la puerta de la oficina y abre, después de haber introducido la llave, pasa al interior y deja la puerta abierta. Luego se dirige hacia un garrafón que descansa dentro de una vitrina. Destapa la vasija y vierte una cantidad del añejo líquido dentro de una copa que esta hecha de cerámica. Tapa la garrafa, para luego dirigirse al refrigerador. Extrae unos cubos de hielo y lo introduce dentro de la copa. Luego regresa al escritorio, en donde descansan una gran cantidad de papeles y libros que están acompañados por una sofisticada computadora. Toma asiento detrás del escritorio y empieza a trashojar un grueso tomo, que cuya portada aparecen varios jeroglíficos orientales. Después de cinco minutos, se incorpora y al mismo tiempo toma con su mano derecha el vaso y, con dos tragos absorbe el contenido…
-         ¡Huum…!  Sabroso que esta esto… pero me parece que no tiene el mismo sabor de otros tiempos… debe ser por el hielo. Tengo que pedir otra caja a china, porque la ultima ya se esta terminando.   -Y el viejo chino, cuya edad es de sesenta y cinco años, pero con apariencia del baobab, se dirigió a pasos rápidos hacia la puerta… pero súbitamente dobla el tronco, a la vez que se lleva las dos manos al estomago con gesto de profundo dolor…  -  ...que me pasa…?  ¡¡Ooohh!! Que dolor tan fuerte siento…  -  el hombre de la espesa barba blanca, trata de no darle importancia al terrible dolor que lo quema… reanuda la marcha hacia la puerta… pero de pronto se detiene en forma brusca, a la vez que dobla nuevamente el tronco, llevándose las dos manos al pecho…  -  ¡¡¡AAAHHH...!!!  - Un ulular de clamor broto desde lo más hondo de su garganta. Hace esfuerzos para mantenerse de pies y no sucumbir ante el lastimoso dolor…  -  ¡¡¡AAAHHH…!!!    ¡¡¡Que… do…lor tan… fu…fuerteee…!!!  -  la voz es como un gemido, y las palabras son entrecortadas y tremulosas. Las piernas se niegan a seguir sosteniendo el fornido cuerpo… las rodillas se genuflexiónan  y cae de rodillas con las manos hundidas en el  vientre. -  ¡¡¡AAAHHHH…!!!    ¡¡¡OOOHHHH…!!!  ¡¡¡GAACH…!!!    ¡¡A… AYU… AYUDENMEEE…POR… FA….VOR… AAAYYYY… GAACHH… SO…CO…RROOOO…!!!  -  Baladra el hombre con voz susurrante y lastimosa. Su respiración se torna ahoguio y estérica, todo el cuerpo  es un espasmo  con mucha convulsada; los ojos los desorbita desmesuradamente; la boca la abre como buscando el preciado elemento que no llega a los pulmones, y lo trata de obtener afanosamente. Suda con copiosísimo, y a la vez un frio recorre su columna vertebrar. Los músculos de su rostro se contraen en forma involuntaria, y al mismo tiempo su semblante va adquiriendo un color verdusco. La respiración es honda, torpe, jadeante y entrecortada. Siente un ignífero dentro del organismo que le taladra los huesos y los  consumen en ardientes llamaradas…  y es entonces cuando en su mente le llega como una nube borrosa su estado de autenticidad y con su triste realidad…  - “ he sido envenenado”  -  y en el mediar de su desazón lo comprendió: ENVENENADO. Hace esfuerzos sobrehumanos para incorporarse, pero no lo logra, y se derrumba de bruce, quedando los brazos atrapado debajo del fornido e inerte cuerpo. Por la nariz y la boca empieza a brotarle una espesa y espumosa baba de color verde, haciendo con esto más dificultosa la respiración. Se retuerce como el reptil que fue echo prisionero, cuyo dolor se refleja en el rostro moribundo, sintiéndose fallecer en poco segundos.  Por instinto, empieza a arrastrarse como una Mapanare hacia un determinado lugar. Desde el lustroso piso con cerámicas blancas, observa con ojos caliginosos a una pequeña cómoda que tiene adherida una gaveta, y haciendo esfuerzos desesperados se arrastra hacia allá con los brazos extendido hacia adelante. Ya no puede pronunciar palabras algunas, y por ende pedir ayuda, porque su boca y nariz la tiene muy obstruida por la espesa baba… solo su mente esta clara y es la que trabaja en este momento: ¡¡¡ “Dios, dame fuerza por favor… te lo suplico”…!!!  -  vigor desahuciado hace el preceptor para llegar al sitio que tanto barrunta. Lucha en forma linfática con la poca reciedumbre que le queda en los músculos, soportando los terribles zarpazos de su corazón que ya esta dejando de latir. Continua brotándole abundante espumarajo por los orificios del rostro, a la vez que un hilillo de la secreción  se va extendiendo por el brillante piso en un camino de estierco a medida que se arrastra. La cabeza la levanta esforzadamente, a la vez que su mirada y los brazos los tiene dirigido a ese lugar que parece interminable de llegar. Siente que la vista se le nubla y las fuerzas le abandona por cada segundo que transcurre. Desde el suelo levanta el  brazo derecho y su mano abre torpemente la gaveta… muy desesperado trastea en el interior como buscando algo… la mano temblorosa extrae un pequeño frasco que contiene un liquido muy espeso, observa con fervor el contenido… el cuerpo desde el suelo, sufre epilepsia y la boca la abocarda con adinamia. Abre con torpeza el envase, y sin titubeo se lo lleva a la boca, tomándose todo el contenido. Luego deja caer la cabeza pesadamente, mientras que el pequeño recipiente resbala de las manos y rueda por la cerámica… y allí queda extendido, tal vez vuelto cadáver por el mortífero veneno ingerido.
Una hora después, un hombre entra lentamente a la oficina, asoma la cabeza y observa con satisfacción al cadáver que yace tirado, con un humor verde en la boca y nariz. Luego se dirige a la vitrina, y en su mano trae un garrafón con un líquido marrón. Toma el envase, que cuyo liquido esta envenenado y en su lugar deposita la otra jarra. Da media vuelta y viene de regreso. Llega junto a la victima y lo observa por largos segundos, a la vez que un rictus que denota demasía se dibuja en los labios.
-         Je, je, je, je… adiós querido viejo…  nos veremos en el infierno -  y sin dejar de sonreír se dirige a la puerta, trayendo en las manos enguantada un envase de vidrio. Rápidamente cruza el acceso, dejando la puerta abierta. continuara...
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Comentarios:

Escrito por: ysaiasnunez       12/03/08 16:48
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Va bien, pero describes mucho donde no es necesario y cuando hace falta no lo haces, eso llegó a aburrirme.

Saludos
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