Insanamente Sucio

 

Hace poco que no me levanto un domingo con esas resacas indestructibles. No hay nada que pueda hacerla irse, es respetuosamente un asedio, pero a veces las batallas más medievales pueden llegar a transformarse en un cuento de hadas. O en una historia real, común y corriente. Al fin de cuentas... ¿Quien nos dice, acaso lo que cuanto sucede hoy en el mundo no parece una creación de Dalí y Buñuel juntos? ¿Otro perro andaluz?, pero a diferencia del hito cinematográfico, éste es catastrófico y parece que volvieron de la muerte para vengarse de todos nosotros...

Anoche volviendo del Bar, tuve la casualidad de encontrarme con una belleza: Belén, la chica de los ojos celestes cristalinos. Pocas como ella. Pocas te captan la mirada al instante y te dejan pensando qué engaño y  qué conjunto carismático es el mirar. Fuimos a mi casa, tomamos cuatro botellas de cerveza, un vino y tres cuartos, fumamos algunos cigarrillos, (Lucky Strike por supuesto) de los de tabaco, de los otros de verdad también. La noche cayó y como es costumbre los dos empezamos a sentir ganas, a tener necesidades. Quizá fueron necesidades de divisarnos en ciertos atuendos, replicas de nuestras propias fantasías, o el plagio de los cuentos de hadas. Alguna que otra Caperucita Roja, yo el lobo, claro está, y no le dejaría ninguna abuelita viva para que visite.

Me costaba imaginarla fuera de contexto. Yuxtaponerla en otro espacio histórico; mirarla igualmente era un consuelo, era una honestidad de mi barbarie, y creo que ella también disfrutaba imaginar con nuestras miradas las fantasías más emblemáticas en los cuentos de hadas.

Los dos colchones del piso fueron un campo de batalla. ¡Y que surrealismo! ¡Colores de diferentes gamas, escalas de grises, música tecno, dub reggae, post punk y un poco de tango nos invadió!. Al instante nuestros cuerpos se movían con la compañía del divague, de la imaginación, la mente volaba incluso: las pirámides de Egipto se mezclaban con la Nasa,  Nicole Kidman y Jim Morrison me hablaban de religión, Alí Baba y sus 39 ladrones, cactus y pinos, Mao Tse Tsung y Kim Ki Duk juntos tomando fernet en la Av. avenida Cabildo, el palacio de cristal y el Valhalla, donde a la puerta de este último estaba el Che Guevara con un libro de anarquismo y la cabeza del impostor americano. Una gama televisiva de psicodélica.

Pensé en volverme a ella, y decirle que por primera vez algo extraordinario estaba pasando. Nunca había sentido conexiones surrealistas, aunque quizá ya lo he dicho millones de veces antes.

Justo entonces, el rompecabezas pre-encamada, comenzó hacer su efecto máximo.

Yo siempre voy abajo, eso seguro, me hace mejor a la espalda, y de alguna manera supongo que me gusta que me dominen un poco....

Ella es la que me lleva, yo dejo que haga lo suyo. Aquella noche interminable, aquel libro de mitología me hizo viajar a una nueva tierra.

Yo era un Malibrán, ella la gran Llona. Una sacerdotisa de lo más sexy. Un báculo, medias de red y un atuendo amazónico. Dominadora como la mierda, pero qué piernas, y que ojos, además.

Resultó que vivíamos en unas tierras extrañas como las del Mago de Terramar. La gente estaba en completa anarquía. La medicina natural, extraída a base de Kadiga, una poderosa planta alucinógena, y el Ñu, un mineral inservible que según muchos albergaba poderes curativos. Dos tipos de medicina, dos grandes enfoques diferentes de la curación, uno a través de métodos convencionales, que destruyen al organismo, algo similar a la cocaína medicinal de Freud, y la otra, una planta majestuosa que dejaba a quien bebiera su jarabe en nivel veinticinco, como si fuese un juego de rol.

Mi viaje me llevó en busca de curación, de alguna posibilidad alterna a curar mi extraña enfermedad, que entre tantas cosas me generaba impotencia, alcoholismo y otras cosas obscenas que no voy a comentar.

Por suerte tenía unas alas. Destapaba una botella de cerveza y podía comenzar a levitar. De ahí en más me dejaba llevar por el vientito, los arcángeles con el culo al aire que te empujaban al destino. El surrealismo, la psicodélica era una paradoja en ambos mundos. No entendía casi nada, solo la buscaba a ella, mi sacerdotisa, y cómo ansiaba que me curara.

Entre pito y flauta comencé a darme cuenta que el mundo no era tan amplio como lo parecía.

Simplemente las cosas son producto de la imaginación, y es el subconsciente el que manda en casos de alerta cerebral; por mi parte, dejaba que se me llevara confiando que la brisa me iba favorecer siempre, hasta que caí depositado en una isla medianamente grande.

Sus habitantes vestían todo como si fueran aborígenes, algunas muchachas amazonas, de atuendos fascinantes. Pude darme cuenta (al terminar mi botella) que probablemente Belén, digo Llona, no estaba demasiado lejos.

Al fin de cuentas...

¿Quién carajo pondría una enorme pirámide estilo templo maya en el medio de la isla?

Por cierto, al pasar mis primeros instantes medio sobrios, comencé a ver el esplendor del anarquismo medicinal. Una especie de barrera dividía dos enormes grupos, dos aldeas, casi podría decir dos naciones.

Por un lado estaban quienes cultivaban Kadiga, hacían jarabe y eran muy exitosos: La Orden Laurencio; y, en contraposición, con una mirada soberbia de la vida, cerrada y con su medicina destructora (y mucho menos exitosa), se encontraban los atrincherados y ermitaños: Los.

El mundo era más o menos parecido ahora. La gente se peleaba a muerte, nadie era capaz de entender el punto de vista ajeno, de limar las asperezas y entre todos llegar a una medicina eficaz y potente. Unos sostenían la legalidad sobretodo, y que, por cuestiones fisiológicas, la curación con jarabe de Kadiga era un estafo a la fe y al ser humano.... Al instante me quedé pensando... ¿No había escuchado yo acaso esto en el mundo real? ¿No era otra estupidez difamarla, anti naturalista de las clases aristócratas medicinales?

La realidad era que los Nipizón eran unos imbéciles. Eran Grandes científicos, grandes anatomistas, pero sus estereotipos los absorbían, impidiendo la capacidad de reflexión respecto a la necesidad de aquella isla, en aquel momento.

Dejándolos matarse, discutir y no llegar a nada, volví a destapar otra una cerveza. Comencé a volar nuevamente, pero esta vez me dirigí al templo de mi sacerdotisa.

Ella sintió mi presencia al instante. Los arcángeles culones me dejaron en su cámara de reposo, nos miramos a los ojos nuevamente, como si en la realidad, en un futuro alterno, nos conociéramos. Ella sonrió y yo, como un estúpido, me sonrojé.

Al bajar la defensiva, ella comenzó acercarse a mi, primero hablándome en un idioma que no conocía, ni entendí absolutamente un pedo de lo que cuanto ella estaba diciendo, pero me deje llevar…

Como siempre hago, esperé a ver qué pasaba.

Se posó frente a mí, abrió la boca con toda suavidad, espero unos instantes y con una furia temible, destructiva, apocalíptica, religiosa e inhumana, transformó su bello rostro en una boca gigante, como si fuera la de un Rey Lagarto, que sin pensarlo demasiado engulló mi resacosa cabeza. No dolió ni nada, o qué importa, pero al menos el dolor se fue.

Volví a mi mismo. Desperté de un golpe y todo sudado. Ella estaba a mi lado, acostada como una sirena, el pelo le cubría su hermosa cara y esos ojos irresistibles. Estaba dormida y no se percataba de nada. Yo por mi parte, me quedé pensando en el surrealismo y la psicodélica de aquel sexo con Belén; me preocupaba lo qué había visto, imaginado, sentido o lo que fuera, y qué bien me había hecho aquella sacerdotisa.

Finalmente puede comprender que la Kadiga que tanto querían todos esta noche estaba en mi cama también, y que en la vida real, por suerte, tenemos montones de métodos para evitar la curación con elementos como el Ñu..... y sus derivados, claro... procesados de laboratorio.

Pero qué bueno es saber que, gracias al lúpulo, elementos como la Kadiga están a la disposición del enfermo y son completamente aceptados, ¿O no?

De una manera extraña, tras emitir aquella reflexión, Belén se despertó bruscamente mirándome con una especie de inseguridad.... A decir verdad, yo también necesité un consuelo después de aquella reflexión utópica.

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Comentarios:

Escrito por: Ozrics       15/05/08 00:02
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Parte de la escritura es poder anarquisar los terminos conceptuales a los que acostumbramos leer.. mis disculpas y si mejor leer atentos.
Grax a todos
Escrito por: S_Bustamante       14/05/08 13:49
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El dia que aprenda chino, creo que voy a poder leerte, amigo. Ser Anarquista es una cosa, ahora escribir en geroglifico, es otra cosa. De todas formas, me gusto el tema. Te esguire leyendo.
Sergio
Escrito por: acuarela       14/05/08 11:55
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Encantador. Sublime. Sensual. (je)
Escrito por: Cloro_fila       14/05/08 02:42
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uyyyy y yo que abandoné mis clases de griego!!!! No habrá un traductor griego-castellano por allí! buaaaaaa
Escrito por: Ozrics       14/05/08 00:50
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Otra historia de tarea que me gusto mucho..
Páginas: 1

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