


| Escritor: | almend |
| Públicado: | 01/03/2008 |
Suenan lejanos aún, los tambores de la codicia. El
marcial compás estremece la piel de la mujer. El viento trae brisas de
hambres atrasadas, de anticipados tedeums por la inminencia de su
posesión, de interminables guerras consumadas y por venir. Los
redoblantes se escuchan nítidos ahora: 1-2-3-4, 1-2-3-4, la guerra
empieza. 1-2-3-4, 1-2-3-4, cada golpe retumba en toda la mar,
estremeciendo las palmeras, oscureciendo el cielo. Un hedor de
injusticias, de egoísmo profundo, de arrogancia que nunca vio ni sintió
llega hasta ella en exhalaciones de manos sudorosas, de sífilis oculta
tras el cuerpo y el alma. De pronto, el grito de un vigía rompe el
gigantesco cristal de su destino: ¡Tierra! ¡Tierra!
Clavando una cruz en sus lomos, la dieron por poseída.
(c) 2008, Luis Alberto Mendieta
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