La ventana estaba abierta, entraba una brisa fría. La mujer descansaba, tranquilamente cuando el hombre entro a la habitación. Aun se respiraba el perfume del amante anterior. Su aliento alcoholizado la envolvió al saludarla. Ella descubrió su cuerpo aun desnudo y sudado, y el hombre se lanzo sobre ella. Era evidente por su cara, que traíaproblemas, pero aquella mujer se dedico a lo suyo lo envolvió con sus piernas y comenzó la lucha por desvestirlo de aquella camisa fina, amarilla. Algunos botones estallaron, volaron por el aire como proyectiles, mientras sus lenguas se amarraban en un nudo nunca antes hecho. Las manos del hombre se apoderaron de los pezones oscuros de la mujer y sintió aun la saliva del amante anterior, así que bajó hasta ellos a limpiarlos con sus jugos, sentía la necesidad de marcar a esa mujer, que oliera a él, que fuera de él completamente, ella continuo la faena de la camisa, y entre esa batalla logró despojarlo de ella. Tomó su cinturón, y lo sacó de las trabillas, se deshizo de él, como por arte de magia, y los pantalones ya no aguantaban mas la pasión del hombre ni la necesidad de igualación de ella él detuvo su ritmo. Se levantó. Y ella lo siguió tan desnuda como estaba. Él tenía confusión en su mente. Se dio la espalda. Ella lo abrazó, sus pezones rozaban la espalda pecosa del hombre, sus manos buscaban en sus tetillas las riendas que lo dominaran, que lo devolvieran al acto de amarse. Él suspiraba ella comenzó a bajar en círculos hacia su vientre, hallando de nuevo al pantalón; negro, fino, de corte italiano, metió su mano en la cremallera y se oyó el leve sonido de los dientes al separarse, luego; como quien cruza una llave mágica, pasó el botón negro y brillante por el agujero del ojal. Y todo se desplomó. El distinguido pantalón cayó al suelo. Y aunque ella no lo noto, algo del hombre también cayó al vació. Sus manos lo tocaban, escudriñaban su sexo, sus brazos, su pecho y en el descenso de sus manos arrastrando la última prenda, recorrió sus piernas. Ella preguntó algo que él no contestó. Sus manos, nuevamente, se encontraron con el sexo del hombre en su íntimo apogeo, suavemente comenzaron las caricias. Ella sabía como dominar al macho, el no contaba con la destreza máxima de la mujer, los toques suaves combinados con los fuertes apretones hacían de aquella bestia un manso cordero. Todo le era posible a ella con sus manos. Él en cambio se sentía el cazador cazado su cabeza se dejo caer en el hombro de la chica a sus espaldas, y su mente se olvido de todo, solo estaba el éxtasis de aquel momento. La pasión que sentía. No podría consumar el acto. Se volteo a ella. La tomo con fuerza, la lanzó a la cama y se abalanzó sobre ella nuevamente. La poseyó a sus anchas, con fuertes embestidas que la llenaban de amor y odio, con suaves caricias que le dolían en el alma, con su aliento alcoholizado era él y no lo era al mismo tiempo. Todo se le nublo en la mente. Le hizo el amor, combinado con sexo, la llevo a la cima y la denigro al infierno. Todo sucedió en aquella hora fatal. Todo sucedió aquella noche. Un grito de lujuria envolvió sus almas y estallaron sus dioses dentro de cada uno, conjugándose en la entrega como ningún otro mortal lo había hecho antes y cayó, él sobre ella, extenuado. Ella lo envolvió en un abrazo maternal. Y él lloró en sus brazos, como el niño que teme a la muerte, al espanto de la vitrina, al vecino de la cicatriz. Nada se oía después de los gemidos. El silencio era frío, espeso, asfixiante. Ella dormía placidamente. Él fumaba un cigarrillo. Se levantó de la cama, desnudo, busco en su pantalón y sacó un arma negra, limpia, brillante y colocó una bala. Se paró frente a la cama. Estaba observando a la mujer. Un rayo de luz ínfimo se coló por las cortinas y dio en la cara de la mujer dormida, con una sonrisa dibujada en su rostro. Él solamente la miraba. Una lágrima corrió por su mejilla. Era la gota que anunciaba el aguacero que afuera Dios preparaba. Las nubes se arremolinaron para ocultar el halo de la luna. Un relámpago hizo día la noche, un trueno retumbo en la lejanía y un disparo se hizo eco en la vida. Al día siguiente, un charco de sangre cubría la cama de los amantes, las sabanas mojadas de sudor se mezclaban con sangre, un revólver yacía en el suelo alfombrado y un cuerpo era encontrado desnudo, boca abajo, con los pies colgando de la cama. Y, en una esquina, acurrucado en un sillón, el cuerpo de una mujer lloraba a gritos la muerte de su mejor amigo.
Sensual, interesante y atrapante historia...descrita y plasmada de una manera en que el lector se queda esperando por respuestas aunque por momentos se olvide de ellos y solo siga las letras...
Muy bueno amigo
Nos estamos leyendo
Besos