HUELLAS DEL ALMA

Categoría(s): Remembranzas

HUELLAS DEL ALMA

Luis Enrique Yánez Flórez .  XIII

(Leyanez)

 

I

Todo cambió, ya no es igual. Antes tenía una rutina; ahora, de un momento a otro todo cambió completamente. Ahora ya no es papá o mamá quienes me pasan la voz para que me levante, me duche, tome el desayuno, prepare mis cuadernos; y, uniformado de kaqui vaya al colegio; luego, al medio día regresaba a casa, me lavaba las manos, y a eso de las doce y treinta a almorzar, con papá a la cabecera, mamá a su diestra y mis hermanos alrededor de la mesa. Al centro de la mesa una jarra de agua, y en ocasiones, de vino tinto; también la famosa alcusa que contenía frasquitos con aciete vegetal, vinagre, pimienta y sal de mesa. Entretanto él indicaba a uno de nosotros         a que leyese un artículo del matutino “La Prensa”, previamente seleccionada por él. Luego del almuerzo, silencio absoluto en casa: papá estaba haciendo la siesta, que para él era SAGRADO. De diez a quince minutos duraba ésta. Después, a preparar los cuadernos y libros para la jornada escolar de la tarde, a lavarse la cara peinarse y enrumbar al colegio. A las 5 de la tarde, de regreso a casa. Ah, pero si me portaba mal o cometía alguna falta o no sabía la lección, el castigo era seguro; consistía, en este caso, en quedarse una hora más en le colegio en un aula especial para castigados, oscura y en un extremo un esqueleto humano colgado de un madero semejante a una de percha. Fatal, me perdía el capítulo de Las Mil y una Noches que irradiaba Radio América, que el día anterior había quedado, justo,  en un momento muy interesante y nunca te enterabas cómo fue el desenlace. Ya al anochecer, a tomar mi lonche, a jugar un rato, luego a bañarme, hacer las tareas, cenar, estudiar un poco más, salir a la calle con mis patas, conversar con mi chica, pasear por la Plaza de Armas, luego regresar a casa, asearme, ponerme el pijama, rezar las acostumbradas oraciones(Padre Nuestro, Ave María, el Credo y la Salve. Mamá decía que si uno no rezaba, se iba directo al infierno si no despertaba al día siguiente), acostarse y hasta el otro día en que me despertaba con el cantar de los gallos. La rutina se iniciaba con el nuevo día.


II

 

De pronto, todo cambió, como de la noche a la mañana. Ya no soy el alumno provinciano de ayer, hoy soy un alumno militar, un cadete del Colegio Militar. (Lo que yo más anhelaba). Es el primer día. A las seis de la mañana un soldado toca Diana. me levanto asustado.  Escucho silbatos por todo lado, fuertes voces de mando que ordenan ¡BOTAR A LA GENTE!...¡TRESÚLTIMOS! ...¡TRES ÚLTIMOS!

 

Todavía estoy medio cansado por el agotador día anterior, en que el recinto del Colegio Militar parecía un enjambre de muchachos con cara de asustado, principalmente los provincianos que como yo venían de todas partes de la Patria. Ahí, todavía de civil, y en fila india, recibí mis prendas y útiles. Un cadete de Quinto nos la iba entregando a cada uno de nosotros, diciendo con cachacienta ironía “cargue su bulto, ... tranquilo cadetito, tranquilo”. Luego, a la peluquería.

Pobre mi peinado a lo Tony Curtis, que lo cuidaba al extremo con Glostora y con mi peine en el bolsillo de mi camisa. Mi cabeza quedó “más pelada que un melón”. Me asignaron mi sección, mi cuadra, mi cama, mi ropero. A sacarse toda la ropa de civil, aún los calzados. A bañarse, y vestirse con el uniforme de faena de color kaqui, con hombrera celeste, cristina kaqui con un rombo celeste al lado derecho, correa militar con hebilla de bronce, medias negras y botines color negro; y para la noche, un capotín de paño verde oliva. Los atuendos celestes eran es el distintivo del Tercer Año, ... de los “perros”. Una potente voz ordenaba, ¡APURARSE! ...¡APURARSE!.

Ese día realmente fue muy agotador. Todavía recuerdo las palabras de bienvenida del  Monitor, un cadete del Quinto Año, quien, mientras estaba en formación con mis nuevos compañeros en posición de atención,  con potente voz militar decía. “AHORA USTEDES SON CADETES DEL COLEGIO MILITAR LEONCIO PRADO. ESTE NO ES UN COLEGIO DE SEÑORITAS NI UN CONVENTO DE MONJAS. AQUÍ YA NO ESTÁN CON PAPITO NI CON MAMITA, MUCHO MENOS CON LA ABUELITA. AQUÍ SE VAN A CONVERTIR EN VERDADEROS HOMBRES, TENIENDO COMO NORTE LA DISCIPLINA, LA MORALIDAD Y EL TRABAJO, COMO REZA NUESTRO LEMA. ACÁ, MILITARMENTE YO SOY VUESTRO SUPERIOR,  VUESTRO HERMANO MAYOR, VUESTRO CONSEJERO, VUESTRO INSTRUCTOR. NO SOY PAÑO DE LÁGRIMAS DE NADIE.  NINGUNO DE USTEDES SE PASARÁ POR ENCIMA DE MÍ, PUES YO SOY EL NEXO ENTRE USTEDES y LOS SUB OFICIALES Y LOS OFICIALES. ESTRICTAMENTE CUMPLIRÁN MIS ORDENES, SIN DUDA NI MURMURACIONES; EL PRIMER ERROR QUE COMETAN, SERÁ EL ÚLTIMO. Y NO OLVIDEN NUNCA QUE LAS ÓRDENES SE CUMPLEN SIN DUDA NI MURMURACIONES, PORQUE EL ÚNICO RESPONSABLE ES EL SUPERIOR QUE LAS IMPARTE. ¡¡¡¿ENTENDIDO?!!!. Todos contestamos, casi asustados “Entendido mi Monitor”. ¡MAS FUERTE CARAJO, CON VOZ DE HOMBRES” ... todos al unísono contestamos casi gritando ¡ENTENDIDO MI MONITOR!


III

 

En menos de diez minutos, ya estaba en el patio. Antes ya me había quitado el pijama celeste, tendido mi cama en la modalidad de día, aseado, y vestido con ropa de deportes y a corrido a toda prisa a formar en el patio para no ser uno de los tres últimos pues antes habías escuchado la imperativas voces de ¡TRES ÚLTIMOS, TRES ÚLTIMOS”. Ah, y no podías salir de cualquier modo, tenías que salir correctamente vestido de deporte, de lo contrario papeleta de castigo,        diez puntos. Luego en formación al campo de fútbol unos; otros, a los de básquet. ... “Un dos, un dos, un dos”, escuchabas las voces de los profesores de educación física. Corrías , saltabas, hacías planchas, barras; es decir, gimnasia total hasta sacar la legua. Luego de 45 minutos escuchabas otro potente sonido de trompeta. Ya se acabaron los ejercicios, y, ahora a las duchas. Todos desnudos y en fila india, con tu jabón carbólico en mano, desfilaban por un callejón que tenía unos tubos largos tanto en el techo como en los lados laterales de las paredes de los cuales salían abundante y potentes chorros de agua bien fría. Te jabonabas todo el cuerpo, luego otra vez por la bendita ducha que parecía chorro de manguera de bombero para quitarte el jabón. Presuroso te secabas. En formación a la cuadra a cambiarte con el uniforme de faena. Otra vez las voces de oficiales y suboficiales, ordenando formación en el Patio. Nuevamente el pedido de tres últimos. A correr se ha dicho. En pocos minutos ya estás en perfecta formación, con tus libros y cuadernos, que en esos pocos minutos ya los tenia separados. De pronto escuchas una recia y potente voz que dice ¡Batallón,... Atención! Como todos los demás, con la cara de asustado, eléctricamente  te pones  en posición militar. ¡En columna,.... Cubrirse! ... ¡Firmes! ....¡Descanso!...¡ATENCIÓN!. Ves a un oficial  al frente de todo el batallón. A seis pasos de él unos cadetes de Quinto Año con cristina negra. El oficial te los presenta. Cada uno de ellos es responsable de una sección. Ellos son los Monitores. A partir de esos momentos, dice el oficial, son nuestros jefes inmediatos, nuestros superiores. Estarán con nosotros de día y de noche. En fin son nuestros guías.

 

Escuchas otro toque de corneta. Anuncia el rancho, el desayuno.


IV

 

Marchando, todo el batallón de tercero, al Comedor de Cadetes. En fila, uno a uno van entrando al recinto. Hay muchas mesas con diez asientos cada una. Nueve cadetes se colocan frente a los asientos. En la cabecera, está el Jefe de Mesa, que es un cadete de quinto. En el recinto sólo hay cadetes de Tercero y de Quinto. Los de Cuarto ingresarán otro día. En algunos casos, si tienes suerte, te toca como Jefe de Mesa a tu propio Monitor. Los cadetes de Quinto y Tercero en posición de atención, están frente en cada mesa. Hay cierta bulla de confusión por parte de los novatos, de pronto escuchas un fuerte silbato, y como si fuese magia,  el bullicio bajó automáticamente a cero. Nadie hace bulla, aún los mozos con sus respectivos cochecitos; Luego la potente voz ordena ¡SENTARSE!. Pobre si arrastras la silla para sentarte, Nuevamente todos de pie, otra vez la voz ¡SENTARSE!. Ahora sí no se escucha ningún ruido al jalar las sillas. Una vez sentados, el Jefe de mesa ordena al cadete de su  lado derecho que sirva el rancho a todos por igual, por supuesto empezando por el Jefe de mesa. Hay avena (Agg, qué asco), - Ayer no más me decía a mí mismo, “que bueno que no veré el kuaquer por un buen tiempo”- leche, pan, mantequilla, mermelada o queso. Solo hay 30 minutos para todo esto. Terminado, en orden salen los cadetes del gran salón comedor. Primero los cadetes de Quinto; luego,  nosotros. Escuchas voces de mando militar. ¡EN COLUMNA,... CUBRIRSE.!  ¡FIRMES!, ¡DESCANSO!, ¡ATENCIÓN!. ¡DIRECCIÓN A LAS AULAS! ¡DE FRENTEEEE, MARCHEN! ¡UN, DOS, UN DOS... De pronto escuchas una potente voz como un rugido ¡Callarse miserables!. Es la voz rugiente, enérgica y autoritaria de nuestro instructor, un Teniente de Infantería del Ejército asignado a nuestro Año, de cara severa y adusta, que inspira una mezcla de temor y respeto,. Sigues marchando, en silencio, hasta que llegas a las aulas donde te esperan los profesores para impartirte las clases.

 

 


V

 

El toque de corneta, anuncia el fin de la jornada del medio día. Nuevamente a formar. Voces de mando de orden cerrado, y, luego, marchando como en desfile a las cuadras; dejas tus útiles de clases. e aseas, de pronto, otra vez el toque de corneta que  anuncia el rancho. En esta oportunidad el toque de corneta parece decir “Toma tu plato, toma tu pan; anda a la paila a ver que dan”. El rancho, el almuerzo. Nuevamente escuchas las potentes voces de monitores y suboficiales: ¡A formar, tres últimos, tres últimos!; ¡atención!, ¡descanso! ¡de frente marchen!. Otra vez te encuentras en el gran comedor de cadetes. En perfecto orden ingresas. Ya están todos los cadetes dentro de este recinto; hay cierta bulla, un potente silbato hace el milagro: Igual que en la mañana, por encanto, automáticamente, silencio absoluto, hasta las escasísimas moscas parecen detenerse. ¡SENTARSE!. Qué rico es el rancho del Colegio Militar. Entrada, pan, arroz, frijoles, carne adobada, dulce de higo, manzana, o de otra fruta. Terminas el rancho, sales del comedor, a formar, y marchando hacia las cuadras, a descansar el almuerzo. Aprovechas para tu siesta, preparar tus útiles para las clases de la tarde. A las catorce horas (aquí aprendes a mencionar las horas desde la 01 hasta las 24), bien aseado, correctamente uniformado de kaqui, enrumbas en militar desplazamiento hacia las aulas para las clases de la trade. A las diecisiete horas (cinco de la tarde), nuevamente el toque del corneta. Anuncia el fin de la jornada del día “Ya se acabó la cojudez, ya se acabó la cojudez; ya se acabó la cojudez, ya se acabó la cojudeeez”. Nuevamente en formación y marchando a las cuadras, hasta las dieciocho y treinta (seis y treinta de la tarde). A preparar tu cama para más tarde dormir; descansas un poco, te juntas con tus nuevos amigos, o con los de tu barrio o pueblo; en mi caso éramos diez de mi provincia. Aún la pasas tranquilo, porque cuando ingresen los de Cuarto, te cuidarás de que esos cadetes no te sorprendan y te lleven a sus cuadras para que tiendas tantas camas como a ellos se los hicieron también los que ahora están en Quinto. Si te rebelas, peor para ti; los castigos corporales te llueven como cancha. Se oye otra vez al corneta. Rancho de la noche “Toma tu plato toma tu pan, anda a la paila a ver que te dan”. La misma rutina de los anteriores. Luego de este último rancho del día, sales luego en formación y marchando a las aulas, para estudiar y hacer las tareas.  A las veintiún horas, luego de regresar marchando de las aulas,  estás ya formado en el patio de tu batallón. Cada sección al mando de su respectivo monitor. Luego escuchas la voz del Oficial de Día. ¡ATENCIÓN!. ¡BATALLÓN BUENAS NOCHES!   SUBORDINACIÓN Y CONSTANCIA!  ¡ATENCIÓN A LA LISTA!  Inmediatamente los monitores comienzan a pasar lista. Al escuchar tu nombre tienes que contestar a todo pulmón ¡PRESENTE!. Terminada las actividades del pase de lista, en perfecto orden militar, cada Monitor se encarga de hacer ingresar a las cuadras. ¡Primera sección, Atención!, ¡Descanso¡ ¡Atención!. ¡Dirección a la cuadra, Marchen! Y así con las demás secciones hasta llegar a la Décima.


VI

 

El día fue largo y de mucho trajín. La noche no era igual que cuando estabas en tu barrio o en tu lejano terruño. Esta era negra, con una tenue llovizna, nieblas bajas, escuchas claramente el romper de las olas bajo el acantilado de la Costanera. Ya te cambiaste con el pijama celeste, te aseaste, y te acostaste. De pronto nuevamente  el corneta, pero esta vez con las notas  muy triste de “Silencio”, que te hace poner también un poco triste al recordar a tus padres, hermanos, amigos, tu chica, que a esas horas estarán paseándose en la Plaza de Armas de tu tierra con sus amigas. Te quedas así de triste hasta que cansado después de 15 horas de arduo trajín, te vence el sueño hasta el día siguiente, cuando el corneta toca diana. Comienza un nuevo día. Nuevas experiencias y la misma rutina. Todo cambió en mi vida, ya no soy un civil, uno más de la collera, no, no; ahora, soy un cadete del Colegio Militar Leoncio Prado, un miembro más del Ejército del Perú al que con tanto anhelo quería estudiar. En él aprendí y aplico en la trayectoria de mi vida, el valioso lema de Disciplina, Moralidad y Trabajo que ha dejado profundas huellas en mi alma. 

 

“Alto el pensamiento como una bandera.

Encendida el alma como azul hoguera.

Recio el corazón ...”

FIN

 

 

En memoria del Coronel Infantería E.P. Carlos Abad Araujo. Nuestro ejemplar instructor y guía.  Padrino de la Promoción XIII del CMLP.

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Comentarios:

Escrito por: guadalupe40       09/10/07 18:08
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Cuanto sentimiento en lo que escribes, un gusto leerte Guadalupe jubilada de Santa Fe Argentina
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