Hoy tomé una combi equivocada

Categoría(s): crónica
Es exactamente la una de la tarde y acababa de terminar de cubrir una noticia sobre la primera Feria del chifle Piurano. Avancé por la Av. Sánchez Cerro con Joe Menacho, otro estudiante que está en la misma condición de practicante que yo en el diario El Tiempo. El sol quema fuerte y estuvimos parados en la esquina de Loreto esperando que pase mi combi. Rogaba que Joe aguante un poco más y comparta conmigo el sol de esquina y el rugir del estómago pidiendo comida. Por fin, llegó una 4s , una de esas tantas combis que transitan por las principales avenidas de Piura llevando a sus pasajeros casi en el techo. Esta vez conseguí una con asientos vacíos. Trepé, cogí bien mi cartera y guardé mi celular entre mi piel y el pantalón. Ya estando arriba me di cuenta, un poco tarde claro está, que estaba camino en dirección contraria a mi destino final. Imaginé erróneamente que al llegar al último punto la combi daría la vuelta y regresaría pasando por la Urbanización Angamos, que es donde vivo.

Cada vez me iba alejando más de mi comida, de la Habana, de mi cuarto y veía que en los rostros de la gente se dibujaba el hambre, como en algún momento los publicistas de los grupos de música chicha pintaron con fuertes y encendidos colores los carteles y pancartas que van colgando en las zonas de su público. Tanto calor y hambre se sentirá a esta hora que un par de escolares, no pudieron esperar la siguiente combi, que subieron sin importar que uno de ellos llevaba medio cuerpo afuera. Obviamente al cobrador no le importa si el niño cae, en ese momento tampoco le importa a éste, pero definitivamente le dolerá si es que llega a caer.

Antes de bajar todos tocan la lata pintada, que oculta el óxido de la combi destartalada que no sabe ni como lleva en su interior tantos kilos de carne. Cada vez la combi se iba refundiendo en lo más hondo de Piura. Ya me siento cerca del antiguo peaje. Estaría ya tan alejada que incluso vi en una tienda un cartel que decía: "pague aquí su recibo de luz y agua". Y sigo avanzando y ahora sólo veo una pista ancha llena de combis y a cada lado casas que han hecho que Piura se haga más extensa. Este es el lugar de esos carros colectivos de lata oxidada, su ciudad, lugar al que no se atreven a llegar los taxistas, o a los que los pasajeros no están dispuestos a pagar 5 soles o más, porque por cincuenta centavos pueden llegar igual. Todavía me pregunto hasta dónde llegará, dónde dará vuelta y me regresará al frescor de mi cuarto y a lo caliente de mi comida. Siento una especie de miedo a lo desconocido, y no se por qué tengo el presentimiento de que aquí me dejarán. No me equivoqué. El chofer dijo hasta aquí llegué. Yo pregunté si no regresaría. Y un "no" me dejó pasmada y con el corazón en alto. Me dijo espere aquí a la otra combi de la misma línea. Le dije al cobrador que si no me pasaría nada, si era tranquilo por ahí. Su silencio me lo dijo todo. Bajé con el pie derecho por si las dudas y me detuve frente a la puerta de calamina de una de las casas. Vi a una chica parada en la esquina y me acerqué. Ella esperaba la misma combi que yo. Gracias a su información supe que estaba parada en una intersección de "calles" del asentamiento humano Paredes Maceda. ¿Dónde es?, la verdad no lo se, sólo se que estoy aquí con una jovencita que va para su colegio llevando su tarea de costura: tapetes en punto margarita y echatillón.

Es como si estuviera viendo la otra cara de Piura. Niños de pies inmunes a lo caliente de la arena corriendo por ahí. Por fin, después de un rato de esperar pasó la 4s y la chica de los tapetes y yo subimos. Por aquí, cobrador y pasajero se conocen, por aquí todavía se ven madres que les sacan los piojos a sus hijos en las puertas de sus casas, niños que juegan a ganarles a las combis, niños que juegan con llantas a falta de un juguete caro, burros que avanzan cansados y a una cuadra de donde voy, ya se puede ver el desierto piurano lleno de algarrobos. Aquí también descansan los choferes de las combis después de su comida en platos de plástico. Es definitivamente aquí donde yacen los restos de la verdadera Piura, con su música, su gente morena, sudada, su cultura, su chicha y su leña. Y es al final del viaje cuando la combi se congestionó aún más, parecía que los pasajeros iban jugando twister, enredados todos, viéndose algunos la cara y otros el poto. Se me hizo casi imposible bajar, pero ahora ya estoy aquí, sentada en una de las mesas de la Habana, llevando a mi boca la contracultura piurana de una "ensalada turca" y la mayonesa, representación de la "modernidad" y la "civilización".
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Comentarios:

Escrito por: katycris       02/12/07 04:03
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No conocemos la realidad de los más humildes, a veces es necesario pasar por aquellas experiencias.
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