Homicidas cotidianos

 


El pensamiento de un hombre es ante todo su nostalgia.
Albert Camus

Creo haber leído alguna vez (no recuerdo donde coños ni cuando) que el prontuario de un asesino no es el conteo exacto de sus víctimas, sino los súbitos estados de excitación de imaginar que ha cobrado muchas muertes, por medio de procedimientos descabellados, inenarrables, esas ideas macabras que apestan a los hombres de buena razón y los mueve al pánico, la compasión, el descreimiento puro: este libre albedrío de imaginar un asesinato antes de acostarse, por ejemplo; en el desayuno, mientras se espera el ómnibus en el paradero, o en el preciso instante en que se husmea el coño húmedo y caliente de una granujilla excitada, entre la encrespada confusión de los pelos enredados que hieren, con olores marinos, su pelambre montañoso. Así, todos de alguna manera somos homicidas, victimarios de nuestros propios desencantos, que cobramos nuestras muertes diarias e imaginarias como una forma de repulsiva condena a nuestros desatinos. Se es cuando se manipula con los sentimientos dulces de una mujer de naturaleza luminosa, o más aún, cuando nos asalta a la cabeza la idea de velar en un cuarto de luz apagada, rodeado por un catre de fierros, sin abrigo, la ruma de libros sobre la silla de descanso y los restos de cigarrillos en el velador, mirando el bajo cielorraso mientras esperamos, con una ansiedad que no cabe en el pecho, a la aparición de la definida luz de la mañana, para así poder involucrarnos nuevamente con el mundo, con esa sombras anónimas que lo pueblan y que se nos presentan en las calles de luz plomiza, en los vestíbulos neorrománicos de los hoteles, bajo los ficus de las casas, en los malecones... lo que hace desperfecto esta relación de desconocidos universos, invadidos por una angustia permanente en el espíritu, un semblante de aflicción que se nos impone en el rostro, en una expresión dura, fría, glacial, una piedra de varias aristas, y comprendiendo al fin que los sujetos con quienes nos cruzamos por las calles son en realidad asesinos de pensamientos lúdicos, estos que matan con honesta convicción y que hipócritamente condena el código penal.

 

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Comentarios:

Escrito por: ferruz       10/01/08 22:45
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Me gusta mucho cómo escribes, "son en realidad asesinos de pensamientos lúdicos", que buena reflexión.

Un beso
Escrito por: FranciscoARC       18/12/07 18:39
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Joder, escribes muy bien pero yo no lo he entendido, sé que está muy bien escrito, sobresalientemente escrito, pero yo no me he enterado de nada, será que me falta vocabulario. De todas maneras yo creo que un asesino es el que coge un hacha y le da un hachazo en la cabeza a su victima, y punto, los demás somos solo personas que unas veces tenemos un día bueno y otras veces tenemos un día malo.
Escrito por: ISISLA_2       30/11/07 02:58
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Me interesa la idea de saber que todos somos “homicidas cotidianos”, el enfoque que le das a nuestro accionar nos lleva a ser criminales y a la vez victimarios de manera ineludible y reiterativa, aunque no tengamos conciencia de ello o no querramos aceptarlo.
Escrito por: rotko       12/11/07 00:05
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Muuuy buena puntada...eso es cierto... homicidas cotidianos, ladrones cotidianos, amantes cotidianos...estimado arturo...esto que escribiste da para muuucho más...ojala lo retomaras, si lo que escribiste es ya pura vida, como decimos en Costa Rica...que no podrías regalarnos más? felicidades
Escrito por: guadalupe40       29/10/07 02:11
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Un pantallazo de la hipocresía, conocida pero a veces disimulada, buena tu reflexión.
Guadalupe de Santa Fe capital
Escrito por: Rina       17/10/07 21:40
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Un realto fuerte, profundo...un golpe definitivamente duro para el que no es realista.
Me gusto mucho
Besos
Escrito por: ricardo48       17/10/07 19:38
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SI AMIGO, TODOS MATAMOS ALGO QUE IPOCRITAMENTE CONDENAMOS EN EL OTRO. TE ESTOY LEYENDO
Escrito por: lorebl       17/10/07 19:05
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Me encanta la manera que tienes para entretejer los acontecimientos...
Un gusto leerte. Y sí, de algún modo todos tendremos algo de homicidas.
Saludos.
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