Hola viejo:
Quizás esto, tal vez no lo leas nunca y es que los minutos que tienes, están contados, pero bueno, lamento decirte que, me está doliendo.
Se que estoy lejos de ti y que tienes que estar en esa camilla blanca del hospital regional. En cuidados intensivos, y es que el tener colapsados mas del 80% de tus pulmones asmáticos, no es para menos. Ya casi no respirabas.
Pero así te conocí, con esa imagen mental llegó al mundo la segunda de tus nietas. Con esa característica tuya, de que en cada paso que dabas, dejabas un pedazo de tu aliento y de paso, un pedazo tú de vida
¡¡Vamos!! Que siempre creí que eras una magnificencia, te veía tan lejano, y ¡¡que viejo mas astuto!!
Eras un hombre de campo, de tierra, trabajo, esfuerzo. Sureño como ninguno.
Cuando pequeña adoraba ir a meterme a esas plantaciones, para mi, gigantescas de papas, de trigo, de tantas cosas que, antes, tu enfermedad te dejaba hacer, por que era controlable.
Y tu llegabas, casi de la nada, con ese sigilo, con esa velocidad increíble, aun no se como diablos lo hacias y sabias en donde estaba, y me sorprendías haciendo una que otra maldad con las plantitas. Es que ¡no comprendías que era tan divertido pisar las plantitas chiquitas!
Cuando ibas en busca de nuestra codiciada fruta, la que tenias escondida, por miedo a que nos encaramáramos al árbol y lo hiciésemos pedazo.
Esas vueltas infinitas que dabas en el prado. ¡¡Sabías que íbamos tras de ti!! Pero siempre terminábamos perdidos y sin rastro de tu presencia. Contigo nunca se nos dio lo de detectives.
Pero siempre volvías; siempre te veíamos bajar de esa colina, siendo que cuando te comenzamos a seguir íbamos en bajada, con tu brazo lleno de ramitas, una para cada uno.
Ni tus hijos sabían ese secreto, cincuenta años en los que nadie había podido encontrarla, y que si no fuera que me fracturé una mano mientras trataba de sacar unas manzanas, yo tampoco habría sabido.
Suerte de los intrusos, caí justo en la convergencia de la cerca del terreno y frente a él, el arbolito.
Aun va a ser nuestro secreto, aun vamos a mantener algo en común. Aun cual sea la distancia a la que estemos sometidos .
Mi viejo, hiciste unos hombres maravillosos, uno de ellos se convirtió en mi padre. Aunque siempre le reproche lo poco cariñoso y afectivo que es.
Es un hombre de hierro. Pero aprendió de ti y como le agradezco a Dios por el papá que me hiciste, por el hombre esforzado, trabajador, algo loquito cuando está de fiesta.
Y como agradece él, la mano dura que tuviste.
Un hombre grave, recio, imparcial, firme, hay de quien osara pasar sobre ti.
Ahora eres tan solo un hombrecito de pelo blanco con los mismos ojos celestes, débil, que minuto a minuto extingue su chispa de vida.
Pero del que nadie ha perdido ni una pizca de respeto.
Me dijeron que estabas hospitalizado, nuevamente, allá te tienen siempre una cama lista, eres un visitador frecuente. Pero esta vez tu visita se está prolongando y ahora, no pretende dejarte salir de ahí con vida.
Se que estás a días de partir, tal vez horas, en esto no hay nada certero. Pero vas a dejar a una familia maravillosa.
A unos hijos que llevan más que muy orgullosos tu apellido y te adoran.
A una mujer, que te acompaño y te sigue acompañando, tu complemento en todo el sentido de la palabra. ¿Qué habrías hecho sin ella?
Abuelo, se que estás orgulloso de mi, soy la primera de tus nietas en entrar a la universidad. La primera que pretende con su esfuerzo lograr tener un titulo. Te hinchaba el pecho decirlo.
Te adoro mi viejo, te adoro. Gracias por existir, gracias por ser mi abuelo y no de otro. Gracias por regañarme cuando me subía a los árboles, para no caerme. Gracias por haber hecho a mi padre, junto con mi abuela, el súper héroe que tuve de niña.
Por siempre, siempre siempre y para siempre en mi corazón Don Tomás
Espero que Dios y solo él, te lleven a cielo y de ahí cuides a todos nosotros.
Deseo que al fin puedas respirar una bocanada extensa y libre de aire.
_____________________________________________Tu Nieta.
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