


| Escritor: | satelite |
| Públicado: | 25/07/2008 |
Cuando stompctfj tocaba el saxo las cosas se acristalaban y rotaban veintinueve grados a la derecha. Dibujaba en el aire -y con stompctfj nunca se trata de metáforas- una serpiente marina, sólo con su saxo. Y nunca supimos qué guardaba en el instrumento -aunque hubo numerosas y diversas teorías, yo tenía la mía propia-, pero cuando stompctfj lo tocaba, del túnel dorado salían propulsadas, a veces con suavidad, y otras con violencia lujuriosa, aromas de frutas de animales, y de motores ruidosos y autos nuevos, y de mañana con mate y criollitos, y de melodías saxofónicas: debía ser un túnel realmente largo, tal vez de esos subfluviales, como el que hay por Entre Ríos. La línea musical, al momento de los orgasmos melódicos, era un látigo rojo, muy rojo, tan rojo...
Esa mañana del concierto, stompctfj me dijo la verdad de la milanesa, y debo decir que sin una gota de aceite de sobra, era la porción justa. Me quedé hipoacusticado de perplejidad cuando, después de escuchar cosa tan, pero tan horrenda, él dejó de llamarse stompctfj, en el instate, y las pupilas se le contrajeron hasta la normalidad, y en su nariz apareció una segunda fosa nasal. Pero lo más triste fue cuando el saxo se dio vuelta, como de adentro para afuera, y no había ni frutas ni animales, ni motores ruidosos y autos nuevos, ni mañanas de mate con criollitos, y ni siquiera melodías saxofónicas. El lado interno del saxo resultó ser el bonete que yo llevaba puesto, y que el ya-no-stompctfj, del otro lado del espejo, llevaba puesto.
Nunca llegué a saber si realmente stomctfj era yo, o si yo era una parte de él, del lado de adentro de un espejo que se rompió.
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