El abuelo
No os pasa que desarrolláis una historia y no podéis continuarla por que se os ocurren demasiados caminos para seguirla.
Como cada tarde el abuelo se sentaba junto a la vetusta fuente, casi mimetizándose con las yedras y el musgo que colgaban del muro , donde el agua manaba.
En tiempos decían que la fuente era mágica, y solo el abuelo, quizás el hombre mas viejo del pueblo, recordaba las antiguas historias.
Cada tarde esperaba con su bastón y sus barbas, muy parecidas a los líquenes de la pared, a que los niños, cansados de sus juegos se acercasen, para que les contara una de sus historias. Y junto a los niños siempre se veía alguna persona mayor que quedaba prendado de la historia, que el abuelo contaba en ese momento.
Hoy me toca a mi quedarme enganchada en la historia que el abuelo desgrana. Ya la oí cuando era niña, recuerdo que el abuelo ya contaba historias junto a la fuente, y la historia que mas me gustaba era esta, la de cómo surgió la fuente de la pared.
Cuentan que una niña, huyendo de una batalla en la que todo su pueblo resulto destruido, llego un día al pie de este otero, aquí a este mismo sitio, donde un gran roble con sus raíces y sombra le proporciono un precario refugio. Estaba muy cansada y hambrienta, y su pueblo creía que en los robles vivían espíritus que cuidaban de las personas que le pedían protección.
Así que después de implorar al señor del roble que la cuidara, la niña callo rendida entre sus raíces sin miedo.
La despertó una mano fresca que rozaba su cara, y unas palabras amables y dulces, que una mujer bellísima le dirigía.
La niña dio un salto y se apretujo contra el tronco del árbol, pues recordó de pronto que en su pueblo se hablaba de una bruja malvada que en aquel bosque vivía y no permitía que nadie pasara por sus dominios.
Claro que aquella mujer tan bella no podía ser una bruja, quizás un espíritu de las flores, o del agua pero no una bruja. Era muy alta y vestía de un blanco verdoso, su larga melena trenzada con cintas verde claro, le llegaba hasta la cintura, y sus grandes ojos marrones la miraban con ternura. No, definitivamente no parecía una bruja.
-te has perdido niña
Le pregunto la señora, y la niña sin mas le contó, como unos bárbaros subieron por el río y destruyeron su pueblo, y como ella corriendo entre los animales había logrado salvarse, y llevaba varios días corriendo por el bosque.
Lloro por las personas de su familia y sus amigos muertos, acurrucándose en los amables brazos de aquella desconocida como si fuese su madre o algún pariente.
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