


| Escritor: | nyu_fb |
| Públicado: | 14/09/2007 |
Empezó trabajando de noche en un bar. Aunque no era lo que quería, lo tomaba como una simple fuente de recursos temporalmente. Su vida era sencilla, pero sin mas juego dentro del bar se resumía al mínimo hecho de que el estaba allí para cumplir con su obligación. Entraba al la tardecita por la puerta del fondo y no salía hasta no terminado el amanecer. Realmente no me acuerdo bien que hacía ahí adentro, pero tampoco era muy relevante su papel.
A nadie le importaba lo que el resto de la gente hiciera de día fuera del bar, y también se podía decir que mientras no se llamara la atención excesivamente, tampoco influía en mucho lo que se hiciera dentro. De todas formas no muy a menudo se daba una situación inusual, ya que los que concurrían solían ser personas de bajo perfil. El local estaba situado en los suburbios de la ciudad Más Gris Que Roja, en el planeta verde.
Volviendo a su vida, no tenía muchas ganas de trabajar ahí. Y digamos que tampoco tenía ganas de trabajar en otro lado. Más que ser vago al trabajo era vago a la vida, porque no tenía ninguna motivación para tener razones al elegir un buen trabajo, un buen hogar, o cuales quiera sean los lugares que frecuentaba.
Un día antes de entrar, por esas cosas que les depara a algunos el extraño pero no absurdo mundo verde, encontró una maseta poco extravagante, pero con una flor asombrosa, jamás la había visto. En su ciudad había muchísimas flores, hermosas, pero nunca había visto una como esta. Y lo curioso es que esta era mas hermosa que todas, no por poseer colores intensos o pétalos perfumados, sino por su curiosa y llamativa forma nunca antes vista, su sorprendente tallo que enroscado como preciosas trenzas alzaban a la flor para exhibir su belleza y por sobre todo por su inesperada aparición.
Sinceramente no se de donde o como llegó esa vida a la puerta trasera del bar, pero fue en ese mismo instante donde él cometió su peor acción: hacerla pasar.
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