Historia de un hospital

 

                                      Historia de un hospital

 

 

       El hospital como siempre, con gente que viene y va, gritos, chillidos, ayes, lágrimas por algún difunto; gente que corre en busca de información, y sobre todo ese ambiente deprimente que quita toda esperanza de recuperación a los enfermos. Jesús había vomitado, era la tercera vez en aquella mañana, definitivamente no terminaría jamás de  acostumbrarse al olor a desinfectante y las caras de pesadumbre que le rodeaban. Era difícil ser optimista en ese hospital. La noche anterior, el paciente de la cama del costado, había estertorado  antes de morir  de una manera tragicómica, pues cuando todos lo declaraban fallecido, de pronto despertaba y volvía a toser. El querer acostumbrarse a ese escenario le había costado a Jesús, despedirse de la poca autoestima  que tenía guardada para situaciones como esta.    

 

 

 Virginia no eligió el paciente, aquel viejo que tenía fama de testarudo y andar cagando a cada rato, aquel renegón que deseaba un olor a rosas en un hospital  marginal  y que se quejaba porque el olor de mierda del desinfectante para las losas lo hacía vomitar, le había tocado en el sorteo; sin embargo era un sorteo donde ella fue, por malicia de sus compañeras, la última participante; y en consecuencia a la que le tocó, a- quel señor indeseable.

 

Era su primer día de prácticas y sus amigas habían estado bromeando sobre la desnudez de los enfermos, atrás había quedado su cándido colegio de monjas, aquel enamorado que le hizo odiar el amor  y la perspectiva de irrealidad que tenía sobre sus problemas. Ahora le había tocado el que se decía era el peor paciente, el que no paga nada y encima se queja, se queja toda la vida, un quejón  infame.Cuando Virginia se acercó observó aquel rostro enjuto, poblado por algo de barba y bigote desordenados, observó con mucha parsimonia aquel cuerpo; estaba flaquísimo  y con  una mirada perdida hacia los árboles de la ventana.- Señor buenos días, mi nombre es Virginia y soy su enfermera de cabe...- No jodas- Oiga señor, no sea pues malcriado, no tiene porque...-¡ Carajo, he dicho que no jodas!, ¿no entiendes ?

 

 Había salido llorando, y lloró largo rato por el pasillo, se ocultó de su supervisora en un cuarto de utilería  en la soledad de ese espacio y luego regresó  con los ojos rojos y la nariz tupida.-  Señor, escúcheme bien, usted no va  a malograr mi primer día de prácticas, va a comer quiera o no.    Pero Jesús estaba dormido y  ahora roncaba con tranquilidad absoluta, a Virginia no le quedó otra que taparlo bien, acomodarle lentamente la almohada y quedarse sentada durante tres horas, para velar el sueño de ese viejo renegón. Se agachó a recoger una libretita vieja tirada en el suelo, el lapicero estaba a treinta centímetros, también lo recogió. Y ahora era la primera vez que hurgaba la privacidad ajena, porqué sería, ¿intuición ?, ¿ confusión ?, o simplemente delación. Leyó con atención aquellas páginas amarillas y con una letra casi ilegible:

 

" Me invitó a su casa, y yo no podía creerlo, pero estaba sumamente nervioso, y me preguntaba si saldría su padre, o su madre, o algún hermano matón, cuando llegué a la esquina me metí a la tienda de enfrente y pedí una cerveza negra;  y me la bebí callado, lento, parsimonioso; para darme valor, mucho valor; luego toqué su puerta. Estaba tan hermosa, su sonrisa era la misma de la fiesta en que la conocí, y ahora yo entraba a su casa, que años después sería mía, cuando sus padres viajaran a Estados Unidos, y cuando finalmente ella desaparezca para siempre de mi vida. Pero eso estaba lejano aún, estaba lindísima con su traje largo y sus mejillas sonrosadas.-Pasa- me dijo. Y yo de alborozo casi me tropiezo con la alfombra. Cuando nos sentamos apareció su madre, con una mirada cómplice le guiñó el ojo, ella me confesó luego al oído , mientras nos besábamos , que había pasado la prueba, que su madre me había dado el visto bueno y ahora podía venir cuando quisiera.  Mientras escuchábamos música de Serrat, ella parecía no soliviantar cuanto pudiese ofrecerme, como era ya de tarde, me ofrecieron más  de cincuenta   bocadillos , creo .Fueron exactamente siete meses después  que nos casamos, la ceremonia fue estrictamente familiar, nunca me dio gusto las fiestas pomposas que poblaban revistas  o crónicas especiales, mi amor estaba dirigido a Marcela y eso era suficiente; debo suponer que sus padres aceptaron mi propuesta sin mediar problema por la apuranza de su viaje, por la preocupación en sus negocios, que se yo...lo cierto es que ese fue el momento más intenso de mi vida, ante un altar de iglesia colonial, nuestros padres y algunos amigos cercanos Aquella maravillosa manera de tratarme, la intensidad de su mirada, de sus ojos  azules, hicieron que la recordara por escenas milimétricas los siguientes años, pues fueron una correspondencia absoluta al itinerario en función a ella. El que nunca me haya vuelto a casar por ejemplo, acaso no es una prueba de cuanto la  quise. El que viva enclaustrado en aquella casa, donde ella me brindó todo el amor conocido por un hombre, no es una prueba de fidelidad con nuestros principios, nuestros recuerdos, o nuestros besos...Ah, quizás es muy triste esto, como cuando partió a Italia a trabajar de empleada, y las primeras cartas que me envió, cuando aún había  algo de esperanza en lo nuestro, o en lo mío ahora que lo entiendo bien. Su última carta decía que regresaba en dos meses, que tuviese paciencia, que estaba loca por tener hijos conmigo; sin embargo no pasaron dos meses, sino cinco años cuando yo tuve noticias, y no de su fuente, sino de esos rumores maliciosos que corren entre la gente vaga y  nos hacen pedazos el corazón cuando estamos impotentes de actuar. Una señora del barrio dijo que Marcela estaba muy bien en Italia, casada con un viejo magnate de Verona, un fabricante de colchones, el líder de la región; al parecer Marcela, fue contratada para limpiar su casa y, bueno, que más podría suceder, un anciano queriendo exprimir deseos de su decrepitud, y una peruana bellísima  en busca de fortuna, yo tomé la noticia con cierto desencanto, cierto dolor agudo que penetró por mi estómago hasta mi pecho, que me impidió respirar durante un buen tiempo. Sin embargo no hay que ser tan ingenuo, yo me esperaba algo parecido, eran cinco años y nada sobre ella, y lo peor de todo es que  estaba casada conmigo, no estábamos divorciados, cómo entonces había pasado aquello. Nunca me preocupé por comprobar la noticia, simplemente le di razón a todo aquello, ni siquiera averigüé si el chisme venía de una fuente confiable.Durante algún tiempo no hacía sino dormir, a cualquier hora, en cualquier lugar  (signo mayúsculo de depresión, según mi doctor Fidel Almirón ) y aunque yo vivía en la que por ese entonces fue su casa, pensaba ingenuamente que este sería un motivo formidable para tener noticias sobre ella, por el lado de sus padres al menos. Cuan equivocado estaba, la casa, los muebles y algunas cosas más de valor fueron el  precio que ellos pagaron para librarse de mí. A los pocos meses partí rumbo a la sierra del Perú, ya eran cinco años sin Marcela y mi estado reclamaba un cambio. Mis parientes intrigados por los comentarios de mis vecinos facilitaron mi marcha, me prestaron algún dinero (hace mucho que no trabajaba). Partí rumbo a Juliaca, mi padre tenía una casa allí y yo debía venderla . Mi llegada coincidió con el carnaval, acontecimiento suntuoso, como casi todas las fiestas de la sierra de nuestro país. Era conocida mi adicción con el cigarro y la bebida en mi ciudad, Arequipa, adicción que se exageró cuando Marcela se fue, y se exageró más aún cuando supe que no iba a volver. Recuerdo que los vecinos  se reunían en mi puerta y hablaban seriamente conmigo, yo casi nunca entendía sus reclamos, por que o estaba recién levantado de mis perezosas huidas de la realidad con el sueño, o estaba todavía ebrio. La droga aún no me atraía por ese entonces y a los vecinos no les quedaba otra cosa de tenerme una rara mezcla de compasión e intolerancia.Llegué a Juliaca con dos mil soles, lo suficiente para vivir tres meses, pero ni bien llegué, el señor Delfino, vecino de la casa que debía vender me invitó a la fiesta, esta se llevaba a cabo en las principales calles de la ciudad, con participación de muchos grupos folclóricos, peruanos y extranjeros, la fiesta me animó después de mucho, los andes tienen una fuerza renovadora y energía extraordinarias .La gente de Juliaca es muy hospitalaria, también saben cómo celebrar sus fiestas. Había un santo patrón por las calles al que todos debían tocar y yo no podía ser la excepción, algo debía hacer. Delfino me invitó a bailar en peregrinación hacia un cerro con un grupo de bailarines de Bolivia; mucha gente que ni siquiera se conocía se aparejaba y en el camino se perdía entre matorrales. Nunca en mi vida pasó tanta cerveza por mis manos. Existía alguien a quien llamaban el alferado y este pagaba todo tipo de comidas y bebidas para el pueblo, y en aquel pueblo me encontraba yo, bailando con una muchacha de Cochabamba que se cogió de mi brazo, en peregrinación por esos caminos del señor, que a mí en todo caso no debían importarme. Lucila que era como se llamaba la muchacha se dio cuenta rápidamente del estado deplorable de mi ánimo. Qué coquetería dios mío, esa muchacha devolvió, aunque sea por instantes el deseo, la emoción y me contagió un poquito  su vida, su forma de mirar el mundo.

 Su vestido traía una gama de colores fosforescentes que me emocionaron cuando ella comenzó a bailar , su rostro era rosado y sus rasgos finos. Su mirada reflejaba la coquetería  de su región, ¡ Qué hermosa !, mientras avanzábamos con la turba, ella se encargaba de que la cerveza no se me cayera de las manos y me la bebiera ipso facto. El calor hizo que me emborrachara rápidamente, la peregrinación era pues larguísima , aproximadamente  cuatro horas ,mientras el sol me quemaba el rostro y las trompetas  de las bandas tocaban un compás exacto durante horas, mientras Lucila cogida de mi brazo se meneaba coquetamente con cerveza en mano, algo comencé a contar, algo comencé a decir , que Lucila me jaló hacia un lado del camino, por donde habían árboles y se escuchaba el correr de los ríos. Nos sentamos bajo un árbol, ella sonreía.

- Estoy enamorado, yo...-Mentiroso , eres un mentiroso.

-Lucila, ¿alguna vez pensaste en casarte? - No respondió, en vez de esto reaccionó de la manera más increíble que se pueda imaginar, pues yo ya me estaba arrancando a contar mi tragedia con Marcela, cuando de pronto,  ya tenía sus labios en los míos. Su boca  caliente , quemaba, excitaba .No pude dejar de besarla, y ¡ Hacía tanto tiempo!, aún recordaba los besos de Marcela, y trataba de encontrar en esos labios , los labios, los besos , los resabios, o lo que fuera de mi adorada Marcela .Su desnudez  enloqueció mis instintos, mientras hacíamos el amor con la naturaleza de testigo, con las copas de los árboles cubriendo nuestros cuerpos, con el sonido del río, , con el canto de las aves...fue hermoso. Pero hubo un detalle que lo arruinó todo, un detalle enorme que mi inconsciente hizo ahuyentar a aquella muchacha hermosa. Mientras hacíamos el amor y la besaba con desenfreno, con locura ,comencé a pronunciar aquel nombre que me había hecho tanto daño durante tantos años.

Yo gemía el nombre de Marcela, y en mi mente , mi imaginación yo hacía el amor con Marcela, recordando cada beso, cada instante , cada rincón apasionado de esta muchacha que conocí en una fiesta, de esa muchacha a la que llevé al altar, de esa muchacha... 

 

-         ¡Vete a la misma mierda, pedazo de imbécil ! - Oye, que te pasa , yo...

 

- Pero era tarde, la había herido, ahora Lucila lloraba y se vestía. Se le veía tan ridícula colocándose todos esos trajes , con la boca despintada por mis besos, su mirada coqueta se le veía tan triste, estaba herida. Pues pasó que cuando casi llego al orgasmo comencé a gritar : Marcela, Marcela, Marcela; mientras Lucila , terminó de incomodarse y me botó a un costado, que fue cuando empezó a llorar. Nuca podemos imaginar lo que puede hacer el dolor de una mujer herida en su vanidad , en su orgullo, yo la había utilizado como instrumento para recordar a Marcela, mientras ella pensaba que produciría en mí un recuerdo único , maravilloso, cuánto se equivocó. 

- ¡ Auxiliooo, !, ¡ Socorroooo !- gritaba, y gritaba con toda su maldita voz, que fue cuando empezó a llegar la gente, las autoridades y hasta el alferado, que no se explicaba que sucedía allí. 

 

- Pero si está claro como el agua- dijo una vieja enana , con cara de bruja.

- Este inmundo ha abusado de la joven. 

La noticia me cayó como patada de burro, ahora resulta que era un violador. Ella seguía llorando, y cada vez que le preguntaban algo , sólo movía la cabeza, como señal de afirmación. Lo peor de todo fue cuando llegaron los integrantes de su grupo. Un indio enorme con cara de bruto me cogió por la espalda, me alzó en vilo arrojándome cuatro metros a lo  lejos, a lo que toda la gente ( que ahora peregrinaban a mi alrededor), festejaba.    Luego una muchacha casi tan guapa como Lucila , se me lanzó encima  y me arañó media cara, e incluso gritó por que se le quebró una  uña. Luego no entendí muy bien , hasta casi pido más cerveza para no sentir dolor. Fui ajado, golpeado, escupido , y levantado en vilo diez veces más, para volar, decenas de metros más, mientras el alferado  y la gente  se preguntaban si me enviaban a la comisaría, o me ajusticiaban en el acto.

 

-         Podría malograr nuestra fiesta, tu sabes , el escándalo - dijo el alferado. Yo buscaba con la mirada a Lucila, para que dijera la verdad, pero no lo lograba por tanto golpe. La sangre no me dejaba respirar, la rodilla, la tenía quebrada. En eso apareció Delfino, quien calmó a una gran parte de gente, haciéndose pasar por Gobernador. Igual me llevó de los cabellos , ante la multitud eufórica , que pedía que me corten el pene.-Oye, Delfino, despacio porque tengo la rodilla quebrada, gracias por hacerte pasar por gobernador.

-         Soy gobernador, imbécil, te vas a podrir en la cárcel.

Fue en ese instante, que me percaté en verdad del problema, y jamás pensé que fuera Lucila , la artífice de mi liberación. Pues, de entre la multitud, que arrojaba basura, piedras, botellas, carnes podridas y escupitajos, salió ella, dándome un empujón bienhechor, pues, tropecé con un perro , me resbalé y caí por un barranco profundo, rodando como un saco de huesos rotos hacia la carretera principal, mientras la gente gritaba y decían :¡ muerto, muerto, muerto!

 

El efecto, fue inesperado, yo pensé que igual me corretearían hasta abajo y me llevarían a la policía. Pero al parecer yo había quedado desmayado, con el rostro bañado en sangre. Cuando desperté era de noche, hacía frío, y la borrachera se me había pasado. Me encontraba tendido entre rocas y basura, el frío había entumecido mis huesos. Miré a mi alrededor y no había nadie, de pronto un dolor en mi cabeza, y la ropa ensangrentada me hicieron recordar lo que había sucedido, pero ¿ Y dónde estaban las otras personas?, ¿porqué no estaba yo en una carceleta ?, definitivamente..." 

 

De pronto, Jesús  movió la cabeza, comenzó a decir algo y luego a toser. Virginia guardó rápidamente la libretita  y sacó el bacín, por si el viejo vomitaba. La lectura le había divertido y ahora observaba al viejo limpiarse la boca , seca y cubierta casi totalmente por el bigote.

-         Señor, ¿durmió bien?

-         ¿Quién mierda eres tú?

-         Mi nombre es Virginia señor, soy su enfermera de cabecera.

-         ¿Cuántos años tienes?

-         Dieciocho, es mi primer año en  la universidad y también de prácticas.

-          Y ¿Por qué chucha  me ponen una principiante ?, ¿ Es por que no pago?, carajo.

-         Señor, por favor, no se exprese así , a mi me tocó por sorteo, voy a atenderlo lo mejor  posible.

-         Y ¿Cuándo mierda han atendido bien a alguien ustedes?, ¡ Gente de mierda del gobierno , lameculos!... 

 

Esta vez Virginia se quedó callada, hizo una mueca triste, de impotencia, estaba calladita a punto de llorar. El viejo quiso continuar, pero observó esos ojos rojos detrás de esos lentes, esos labios que se torcían de amargura, de tristeza.-         Ya muchacha, no llores, yo no quise insultarte, es que uno maldice a veces por todos, no solamente por uno, pero, no pues hija, no llores no tienes por que llorar, me van a botar del hospital por tu culpa,  ya no llores pues hombre.

-         No soy hombre- replicó Virginia con una pequeña sonrisa, el viejo también sonrió. Aquella mañana algo se transformó en Jesús, mientras Virginia le sonreía  el también, después de mucho tiempo empezó a sonreír, y aquel rostro tan bello se parecía increíblemente a uno que a él le había encantado acariciar, ahora sus ojos pequeños e irritados , no se desprendían de aquella muchacha tan linda con su uniforme blanco. Virginia descubrió entonces que aquel viejo cascarrabias no era el ogro que todos comentaban, era en realidad un hombre incomprendido, resentido y sobre todo, tremendamente solo. Jesús no tenía dinero para  nada, había llegado al hospital con el convencimiento que no volvería a su casa, que sus últimos días los pasaría en ese hospital infame, Virginia en cambio se convirtió en su  confidente preferida , la víctima de sus bromas ( por que increíblemente  comenzó a hacer bromas ) y astutamente aprendió que se puede ayudar mucho a alguien con un poquito de  astucia, de viveza,  cuando recetaba   por ejemplo, algún medicamento a alguien en especial, trataba siempre de pedir algo más , aprovechando la ignorancia de los pacientes, así pudo proveer a Jesús de suero, antibióticos, vendajes , vitaminas y hasta un calzoncillo que le compraron a un paciente y que ella arguyó que se le había perdido.Por esos días, Virginia tuvo una enorme curiosidad que a veces no le dejaba dormir,   era el contenido de la libretita, aquella que le había producido una serie de preguntas y suposiciones ; sin embargo se sentía avergonzada de haber hurgado la intimidad de su nuevo amigo y simplemente no se atrevía a pedir ningún tipo de información a Jesús.

 

Una mañana, en que llegó más entusiasmada que de costumbre  y en que pensaba regalar a Jesús una chompa café que hacía mucho su padre no usaba se encontró con que en la habitación 206 su amigo no estaba, preguntó a la controladora del pabellón y esta le avisó que sin explicación lo habían trasladado de noche, poco a poco escuchó sorprendida y temerosa como Jesús había protestado, había puesto resistencia, había gritado cosas sobre la prepotencia, sobre el olor de mierda del desinfectante, sobre el abuso a  los pobres, habían tenido que sedarlo, que cogerlo entre cuatro enfermeros, ahora estaba en el pabellón de los desamparados, como comúnmente le llamaban, allí donde nunca nadie los visitaba, ni siquiera los médicos, donde las enfermeras jamás estarían de turno, allí habían llevado a su amigo. Virginia corría por cada pabellón, buscaba el lugar, entró por el umbral, un olor fétido a suciedad, baños, le impidió por unos segundos avanzar, pero prosiguió, ahora observaba cara por cara, aquellos rostros donde la flacura o la depresión nos harían conocer el sello de la muerte, ahí estaba, flaquísimo y como siempre con la mirada perdida hacia la ventana, se le notaba muy triste.

-         Buenos días su alteza- El viejo volteó emocionado, sus facciones arrugadas cambiaron de inmediato hasta convertirse en  una expresión de júbilo.

-         Hola amor, cómo estas.-         Aquí pues preocupada, usted se cambia sin avisar, no para de sorprenderme.

-         No fui yo, ¡Fueron esos lameculos de porquería! , tuvieron que ser cuatro Virginia, mariconazos,  en jauría si son valientes, pero espera a que los tenga de frente, ya verán, ya veras amor mío como es la dulce venganza

- Mientras el viejo gritaba y movía las manos en señal de venganza, agitándose, Virginia se acercó y cuando tuvo muy cerca al viejo le dio un beso pausado, suave, dulce, en la frente de Jesús, éste se detuvo.

-         Esteeee..., bueno no sé que decir, y  es que hacía tanto tiempo, que  nadie me besaba, yo...

-         ¿Cómo el de  Lucila?-  Sorprendió Virginia, de pronto el viejo se contuvo, enrojeció, pero cómo podía enojarse con alguien como Virginia.

-         ¿De dónde has sacado eso?-         ¿Yo? , es que una vez... El viejo hizo memoria, ahora estaba pálido, increíblemente no estaba enojado.

-         ¿Has leído mis apuntes?-         Sí, pero no fue con mala intención, si no mas bien accidental, pero estaba muy divertido y sentimental.

-         ¿Quieres que te lea un poco?-         Sí, por supuesto.

-         Pero, vas a llegar tarde a tu trabajo,

-         Pero estoy trabajando, ¿Acaso no lo estoy atendiendo con cariño?,

-         Sí mi amor , aquí va

-         Pero yo le señalaré dónde me quedé: <<...definitivamente  había perdido una buena oportunidad para mi tranquilidad, ahora me dirigía hace la plaza principal en busca de un hotel, donde pasar la noche, a lo lejos se escuchaban trompetas, bombos, la fiesta aún proseguía y seguiría así durante una semana más ;pero ya no era mi fiesta , yo no era ellos, yo era el elemento extraño que les jodió la tarde.El portero del hotel me atendió desconfiado, obviamente, mi atuendo no era el más perfecto, estaba sucio y con sangre seca en mi rostro y ropa, caminaba cojeando y un poco mareado, le dije algo apurado que me habían asaltado, que no era del lugar, que era un turista. << Todos sabemos que no eres de aquí >>, respondió el tipo, un gordito con granos en la cara, de una manera renegada.La habitación era de madera, como la casa, un poco rústica, pero tenía baño privado y eso era lo principal , me duché de inmediato sin pensar luego que no tenía toalla, ni ropa limpia, me  sequé con las sábanas  ; y en unas frazadas que me hacían picar el cuerpo me enrollé y  me sumí en el sueño más profundo de mi vida.A la mañana siguiente salí temprano, tratando de disimular al máximo la suciedad de mi ropa, mi rostro estaba hinchado, mis cejas,  rotas. Sin embargo a pesar del temor de que alguien me reconociera y se volviera a armar la gorda, eso no pasó, por el contrario todos en el pueblo poseían un rostro de felicidad acumulada, de vigor exasperante, la fiesta todavía les daría mucho. Recibí un poco de dinero de un primo, que me lo envió por el banco Hispano,  gracias a una  llamada, so pena de quedarme en la ruina, o tener que regresarme  caminando. Era obvio que no podía volver a la casa de mis familiares custodiada por Delfino, sin embargo a pesar de todos los pronósticos, viajé aún por mucho tiempo, pues en un seudo  terminal terrestre, donde se agrupaban buses viejos y destartalados, me animé a conocer otros pueblos. Un bus verde, anunciaba viaje hasta el pueblo de Azángaro y luego a otro llamado Ayapata, la naturaleza del lugar se tornaba misteriosa, un ventarrón inocuo despejó lo mojado de mis cabellos, además Marcela me había abandonado, qué más podía sucederme, ¿ Otra golpiza ?, bueno estaba vivo ¿ No ?, lo que probaba que aún poseía algo de suerte. A través de la ventana todo se tornaba apacible, bondadoso, quieto. Las montañas enormes con sus picachos blancos, el sol a través de ellos haciendo brillar el hielo. No cesaba de repetirme que aquello era maravilloso, y de pronto algo sucedió, una inquietud increíble me movió a querer subir a esa cumbre, mojarme quizás con ese hielo, tocar con mis manos la pureza de ese vegetación. Me incorporé, dije al chofer que se detuviera que allí me bajaba yo, éste puso cara de signo de interrogación, alegué que tomaría fotos, trató de disuadirme, pero me dejó bajar.Llevaba dos horas caminando hacia arriba, pisando una enorme montaña, mi equipaje se reducía a una mochila llena de envases de agua y dos bolsas de pan, en realidad no sé por qué lo hacía, algo en esa montaña me había conmovido, sentía una fuerza enorme hacia esa cumbre, una energía fortísima que me impulsaba. Pronto comenzó a llover, luego a nevar; me oculté debajo de una roca, una especie de cueva, donde, y vaya milagro, el agua no ingresaba por ninguna razón. Quizás era porque se situaba hacia una pendiente, una bajada. A veces un perdido vientecillo me soplaba gotitas de agua. El frío era más bien el temible, felizmente las frazadas serranas son a prueba de balas, cada vez que descubría uno de mis miembros notaba la cruel diferencia, qué increíble la situación en que me encontraba. Revisé una pequeña alforja que me  había vendido  un indio, llevaba un poco de coca, comencé a masticarla,  a intentar saborearla, pero pronto me di cuenta que no era el sabor lo que incitaba a los indios a  << pikchar >> que es como ellos le llaman a masticar su coca ( pensándolo bien  << pikchar >> no sólo es  masticar, es una comunión especial entre los indios y su filosofía, en la que intervienen la tierra, el alma, y algo indescifrable para nosotros los alienados occidentales ), era algo, muchísimo más profundo, trascendental. Pasaban las horas , y yo allí en mi cueva, mi nuevo hogar , la nieve  en copos viajando hacia todas partes, los vientos arreciando a veces mis ojos hasta hacerlos cerrar, aquí la naturaleza te habla, te grita, te llora, en ese silencio fantasmal , donde aparecen aquellas voces de un ande, de los árboles, las lagunas, las plantas pequeñas. No llevaba mucho de comer, sólo algunos bidones de agua, un poco de maíz tostado , que aquí llaman cancha, y las hojitas  verde oscuras de coca.Aquella vez, pareciese que mis días acabarían allí, no observaba otro tipo de realidad que me favoreciera, sólo pensaba que pronto se me acabaría la coca, el maíz , el agua y que a lo mejor había sido una estupidez  dejar el bus. Llegó la noche , oscuridad completa, ruidos ágiles , distintos, nuevos para mi memoria, el sueño ,la divagación, la conciencia alerta y luego confusión, era un sueño, pesadilla completa, o avizoramiento de un juego lo que me pasaría ,pronto lo sabría, sólo era cuestión de esperar unas horas más , que el desasosiego y el desaliento , se aparten de mi alma enferma y confundida.>> Virginia lo observaba con ternura, e incluso a través  de sus lentes se notaba cierta turbación, cierto ánimo que luego se confundió con un suspiro. El viejo había cerrado la libretita, había estado observando sus manos, encallecidas, con la piel seca y un poco deformes; luego sus pupilas  se dirigieron hacia Virginia, aquella luz en la mirada , aquella luz en mi pupila, belleza inconfundible de un nuevo amor, pero a pasado tanto, ya he sufrido tanto, no dejes de mirarme así, no , no bajes la mirada ,  si tan sólo fuera más joven, si te hubiese conocido antes, ternura de una marea que nos trajo Dios, luz vespertina que nos inicia al día, mírame  no bajes la mirada  mi amor, quizás aún hay tiempo para sortear el día, el monstruo acecha en cada pasillo, resquicio de espacio que  eculubra razones, soledades que asesinan el espíritu, enredaderas de suspiros y divagaciones , aún te quiero.

 

_ En qué  piensa señor Jesús.

_ Pienso que debimos conocernos antes, que un gravísimo error de Dios acrecentó mi fatalidad, pienso que eres muy hermosa y tienes un carácter angelical, eres la mejor enfermera que este anciano pudo tener alguna vez.

_ Y si le toca  una enfermera guapa, y le gusta más que yo.

_ Imposible, desde ya te juro no mirar jamás a otra enfermera.

_ Promesas, sólo promesas. No se dieron cuenta desde cuándo había comenzado entre ellos esa especie de camaradería con bromas  que los demás en el hospital, envidiaban .     l        

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