¿historia de otra historia? (Parte I)

Era una cuchara tan pequeña que nadie podía comer en ella.  !Un momento!...siempre hubo una excepción: el señor Gonzalez.  !Como olvidar al hombre de los nueve centimetros de estatura!.  Su nombre: Mateo Gonzalez (más conocido como "el pequeño gigante¨).  Desde que doña Marina, la dueña del restaurante ¨Doña Rosa¨, ese mismo que quedaba al lado de la librería latinoamericana, llegó con una pequeña cuchara traída desde la isla perdida, desde ese día el pequeño hombre comenzó a ir allá.  Siempre pedía alguna bandeja con carne asada, se fumaba un cigarro-hasta eso que doña Marina dejaba que fumaran sus clientes dentro del restaurante, al que se considero en la ciudad como un sitio para fumadores- y luego se iba silencioso. 

 

La isla perdida es el sitio donde viven ¨los pequeños hombres¨; este grupo social esta compuesto por seres humanos con una estatura no superior a los diez centimetros.  Esta comunidad vive pacificamente en una isla que posee un extensión de tierra no mayor a los 8 metros de largo por 9 de ancho.

 

Son muy pocas las personas que han localizado esta isla perdida en la nada.  Doña Marina adquirio la cuchara en una pequeña tienda de antiguedades en la ciudad de Sotnei.  la isla perdida pertenece al E.E.C.C (Estado de de los Confederados Ciudadanos) un conjunto de islas donde se resguardan las municipalidades de: Nocimi, Coentos, Ientos, Sotnei y, como no, La isla perdida. Claro esta, y de nuevo se le aclara a usted !curioso lector!, que esta islilla es casi imposible encontrarla.  El vasto oceano de ¨Las marianas¨ es tan profundo que no posee fondo, es una abismo infinitesimal, en este oceano estan las islas de los E.E.C.C.

 

En todo caso, la cuchara y la repentina llegada del señor Gonzalez causaron bastante curiosidad, por no decir que desconfianza o duda.  Doña marina pagó una suma de dinero bastante alta por esa cuchara de plata de la isla perdida.  La pequeña cuchara era de unos diez milimetros de largo, era una cuchara sencilla, bastante simple, pero pequeña, diminuta !atractiva!.

 

Al día siguiente la cuchara estaba exhibida en un pequeño cofre de vidrio transparente.  Mucha gente se acercó para contemplar la pequeña cuchara hasta que ese martes, !Sí! !era martes!, llegó el hombrecillo de los nueve centimetros.  Por un momento la sorpresa y el asombro nos silencio a todos.  Claro, como no silenciarse con la presencia de un hombre de solo nueve centimetros de altura.   Era un hecho fantastico verlo caminar entre nosotros !como uno más¡.

 

El hombre llevaba un panatalon de dril café, una camisa blanca, con una corbata azul, y sus zapatillas, unas zapatillas blancas !horribles!.

 

Realmente era un sujeto extraño...y diminuto....

 

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Comentarios:

Escrito por: ricardo48       15/04/08 21:19
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Andrés es una historia que pinta divertida y amena, te sigo compañero y amigo.
Un abrazo
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