


| Escritor: | heiner |
| Públicado: | 10/02/2008 |
A Doña Miriam Astorga Vindas,
lámpara que no se apaga,
Esposa Abnegada,
Madre de trece hijos.
Madre de cuatro generaciones,
A mí Querida Madrecita.
San José, Costa Rica, agosto, 15, 2006
Hilvanando un tejido.
No me pude privar de decirte cuanto quise decirte, no me retuve ni un instante para escribirte de cuanto quise escribirte, tuve siempre la dicha de no reprimir palabra alguna en mi boca y expresarte lo tanto que te adeudo y lo tanto que te quiero.
Madrecita Querida, todo cuanto tocas florece y ha prosperado, gracias a esa magia con la que estas dotada; tu transito por este mundo ha marcado una profunda huella que al mismísimo tiempo le costará trabajo olvidar.
El avance de los años ha hecho que aquellos vigorosos pasos cambien a unos más cortos y profundos a su vez; a menudo escuchaba el susurro de tu voz en el dormitorio junto a Papá al caer la noche. La rutina hacía identificar el sonido de su recorrido al atravesar la casa, siempre dejando limpia la cocina y la mesa.
Mis recuerdos llegan al fondo del patio, te rodeábamos en medio de la gran cosecha de elotes en la milpa sembrada por Papá, todos mucho más jóvenes, inquietos, sin requerir música alguna, celebrando verte sonreír.
Los años marcan la lentitud al caminar, el consejo presente en tus labios, la oración pegada a tu pecho; tus temblorosas manos sirviendo el café.
Admito que esta gratitud me obliga a reconocer, todo el esfuerzo y tarea realizada a mi favor, lo has hecho pensando en el beneficio que yo recibiría, renunciando a su vez a tu descanso; gracias por cocinarme tantos años, gracias por planchar mi ropa, gracias por lavar mis propias prendas, gracias por cuidar a Papá y amarlo como lo has hecho.
Quizás sin saber, sus tareas - por diáfanas y sencillas que te parezcan han sido y son replicas exactas de un comportamiento auténticamente cristiano y apegado a las mismas palabras dichas por nuestro Señor Jesús, mismas en el Evangelio de San. Mateo 25:31-46:Madrecita, fuiste hilvanando un tejido generacional, manufacturado artesanalmente, manto de ternura, manto sagrado es este Ministerio precioso que Dios te ha concedido: Ser Madre y amiga a la vez de nosotros todos tus hijos e hijas. Quienes te amamos y necesitamos recordártelo constantemente.
He podido ver tu envejecimiento, esa tierna transformación silenciosa que provocan los años, he podido meditar, callado, acerca de lo que soy, de ti mucho - lo he copiado; y de cómo su influencia positiva sobre mi vida deja grabado tu nombre sobre el mío.
Tejer un calendario con paciencia y dedicación merece admitir esta alegría, vivir un año más con la dicha de tenerte a mi lado, un año más de gratitud, una año más de celebración se constituye en la verdadera ocasión para dedicarte estas palabras:
Dichosos somos, quines hemos podido tenerte de cerca y de cómo la fuerza que inspiras, ayuda a emprender ese camino agreste, que llaman vida; dichosos somos quienes hemos renunciado al orgullo y a la timidez, para dar paso al privilegio de amarte sin límites, ni fronteras; y no vasta con solo admitirlo y reconocer este milagro de amor, porque es con los frutos como se diferencian las especies.
Madrecita Querida, no es esta la única ocasión en que admito esta sostenida confesión y valga este hermoso día, para trasladarme a ese rinconcito, muy dentro y escondido de tu pecho, para envolverte a brazos llenos y darte mi mejor caricia; decirte gracias: Por enseñarme a hablar, a escribir, a leer, a amar a DIOS, a amar a Papá, por dormirme en tu seno, por alimentarme, consolarme cuando sufro, a entenderme cuando lloro, a mostrarme la parte positiva del vivir. Puedes tener la absoluta certeza de que cuanto me has mostrado lo he comprendido, hoy te honro solemnemente en una actitud de agradecimiento inconmensurable, me has mostrado - indicando - el verdadero sendero por el que debo seguir tus huellas preciosas.
Gracias, Mamita.
heiner ulloa astorga.
|
Imprimir |
Enviar historia |


