HILVANANDO UN TEJIDO.

Categoría(s): GRATUIDAD.

A Doña Miriam Astorga Vindas,

lámpara que no se apaga,

Esposa Abnegada,

Madre de trece hijos.

Madre de cuatro generaciones,

A mí  Querida Madrecita.

               San José, Costa Rica, agosto, 15, 2006

 

“Hilvanando un tejido.”

 

   No me pude privar de decirte cuanto quise decirte, no me retuve – ni un instante – para escribirte de cuanto quise escribirte, tuve siempre la dicha de no reprimir palabra alguna en mi boca y expresarte lo tanto que te adeudo y lo tanto que te quiero.

   Madrecita Querida, todo cuanto tocas florece y ha prosperado, gracias a esa “magia” con la que estas dotada; tu transito por este mundo ha marcado una profunda huella que al mismísimo tiempo le costará trabajo olvidar.

   El avance de los años ha hecho que aquellos vigorosos pasos cambien a unos más cortos y profundos a su vez; a menudo escuchaba el susurro de tu voz en el dormitorio – junto a Papá – al caer la noche. La rutina hacía identificar el sonido de su recorrido al atravesar la casa, siempre dejando limpia la cocina y la mesa.

   Mis recuerdos llegan al fondo del patio, te rodeábamos en medio de la gran cosecha de elotes en la milpa sembrada por Papá, todos mucho más jóvenes, inquietos, sin requerir música alguna, celebrando verte sonreír.

   Los años marcan la lentitud al caminar, el consejo presente en tus labios, la oración pegada a tu pecho; tus temblorosas manos sirviendo el café.

   Admito que esta gratitud me obliga a reconocer, todo el esfuerzo y tarea realizada a mi favor, lo  has hecho pensando en el beneficio que  yo recibiría, renunciando a su vez a tu descanso; gracias por cocinarme tantos años, gracias por planchar mi ropa, gracias por lavar mis propias prendas, gracias por cuidar a Papá y amarlo como lo has hecho.

Quizás sin saber, sus tareas - por diáfanas y sencillas que te parezcan – han sido y son replicas exactas de un comportamiento auténticamente cristiano y apegado a las mismas palabras dichas por nuestro Señor Jesús, mismas en el Evangelio de San. Mateo 25:31-46:
… “porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis, estuve desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y fuisteis a verme “… .
Absolutamente, estas palabras teñidas de compasión y solidaridad  han sido el derrotero por el que se guía, quién teme, ama a Dios y a sus semejantes; por esas mismas cosas que solo en el destino de mi propia vida ha podido disfrutar, caigo simultáneamente en la razón de elevar la misma gratitud a nuestro Creador por haberte tenido a mi lado hasta este Día de Celebración.

   Madrecita, fuiste hilvanando un tejido generacional, manufacturado artesanalmente, manto de ternura, manto sagrado es este Ministerio precioso que Dios te ha concedido: Ser Madre y amiga a la vez de nosotros – todos – tus hijos e hijas. Quienes te amamos y necesitamos recordártelo constantemente.

 

 

 

 

 

 

 

   He podido ver tu envejecimiento, esa tierna transformación silenciosa que provocan los años, he podido meditar, callado, acerca de lo  que soy, de ti –mucho - lo he copiado; y de cómo su influencia positiva sobre mi vida deja grabado tu nombre sobre el mío.

   Tejer un calendario con paciencia y dedicación merece admitir esta alegría, vivir un año más con la dicha de tenerte a mi lado, un año más de gratitud, una año más de celebración se constituye en la verdadera ocasión para dedicarte estas palabras:


Madre Mía, tu nombre  bendito es,
recoges  cariño porque sembraste amor
compasión y  ternura, sus herramientas
peregrinan en la ruta del asedio.
Madrecita Querida, tesoro incalculable,
perla incrustada que construye esperanzas
faro de luz en medio de la penumbra
sus palabras conducen a la razón,
influyes diluidas  canciones de cuna
marcando un destino quebrado por el tiempo;  
un ardor hay en mi pecho,
creciente deleite cuando ceno contigo,
azafrán y estigma   - condimento sagrado –
perpetua gratitud dejan tus años de oro
bajo el sello singular de tu pacto renovado.

   Dichosos somos, quines  hemos podido tenerte de cerca y de cómo la fuerza que inspiras, ayuda a emprender ese camino agreste, que llaman vida; dichosos somos quienes hemos renunciado al orgullo y a la timidez, para dar paso al privilegio de amarte sin límites, ni fronteras; y  no vasta con solo admitirlo y reconocer este “milagro de amor”, porque es con los frutos como se diferencian las especies.

   Madrecita Querida, no es esta la única ocasión en que admito esta sostenida confesión y valga este hermoso día, para trasladarme a ese rinconcito, muy dentro y escondido de tu pecho, para envolverte a brazos llenos y darte mi mejor caricia; decirte gracias: Por enseñarme a hablar, a escribir, a leer, a amar a DIOS, a amar a Papá, por dormirme en tu seno, por alimentarme, consolarme cuando sufro, a entenderme cuando lloro, a mostrarme la parte positiva del vivir. Puedes tener la absoluta certeza de que cuanto me has mostrado lo he comprendido, hoy te honro solemnemente en una actitud de agradecimiento inconmensurable, me has mostrado  - indicando - el verdadero sendero por el que debo seguir tus huellas preciosas.

 

 

   Gracias, Mamita.

 

                                                                                                            heiner ulloa astorga.

  


 

 

 

 

 

 

 

 

  



Registrarte y comentar la historia

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Preguntas frecuentes    -     Anunciar    -     Publicar poemas
Nuestra red: Dietista online