Había sido uno de los mejores boxeadores de su país. Fue campeón de España durante muchos años y no lo fue de Europa por su vida desordenada. Cuando yo lo conocí vivía en una casa de corredores exteriores, es decir, en una corrala de las muchas que había en el barrio de Lavapies. Se había criado en Madrid pegándose con chavales de la plaza de la Paja, en el distrito de la Latina, que era el ring de los muchachos callejeros de los barrios bajos. Se entrenó tiempo después en la calle del Amor de Dios, en La Ferroviaria, en un piso de suelos de tarima de madera que aún se conserva como gimnasio. Encima estaba una academia de danza española. Luego se hizo profesional boxeando en el Metropolitano. Boxeaba en línea y tenía un maravilloso juego de piernas y un buen giro de cintura. Concebía el boxeo como lo que es; el arte de pegar y que no te peguen. Igual boxeaba con la guardia francesa como la cambiaba por la americana. Era muy bueno encintando y su mejor golpe era el uppercut ogancho, que es el golpe que se dirige de abajo arriba buscando el mentón del adversario. De amateur salto a profesional con diecinueve años y todo fueron victorias. Siendo campeón de España había ganado todas sus peleas por KO. Militaba en la categoría de los pesos ligeros. Su peso gramo arriba, gramo abajo, rondaba los 61 kilos. Llevaba una carrera meteórica para conquistar el Campeonato del Mundo hasta que la conoció. Fue una noche siendo ya Campeón de España. Esa noche había revalidado su titulo y con su promotor se fue a tomar unas copas por Madrid. Ya salía en la Prensa como una gran promesa, como futuro campeón europeo. En un local de moda conoció a Marta. Mujer entrada en la treintena cuando nuestro protagonista tenía veintidós años recién cumplidos. Ella era una mujer con mucha vida corrida. Guapa, rubia, de larga melena ondulada, verdosos ojos, prominentes pechos, largas piernas y buen trasero. Fue ella quien se acercó a él pidiéndole fuego. Nuestro campeón en aquel tiempo no fumaba y lo que hizo fue invitarla a una copa. Acabaron de madrugada en un hotel, y ese fue el principio del fin de su carrera. Se enamoró locamente de ella y dejó de llevar una vida ordenada, tan necesaria en un deporte tan duro como es el de las doce cuerdas. No estaba centrado en sus entrenamientos y llevaba excesiva vida nocturna gastando todo lo que había ganado hasta el momento. Marta todo lo que tenía de atractiva lo tenía de materialista. Era una mujer fría y calculadora que lo único que hizo fue aprovecharse del joven campeón. Llegó su gran oportunidad de conquistar el titulo europeo y pese a la oposición de su promotor y de su entrenador se llevó a Marta con él a Inglaterra que era donde se disputaba. La noche anterior al combate discutieron en la habitación del hotel Marta y nuestro protagonista. Ya de mañana hicieron las paces los amantes y estuvieron practicando sexo hasta caer rendidos. A las seis de la tarde su entrenador le levantó de la cama, pues iban ya muy justos para toda la parafernalia montada con la pelea. El púgil ingles era bueno y zurdo. Nuestro campeón se había pasado los últimos meses entrenando con sparring zurdos, difíciles de boxear por el cambio de guardia. El combate era a ocho asaltos y nuestro protagonista en buenas condiciones era infinitamente superior. Los cuatro primeros asaltos se los llevó nuestro campeón de calle, pero a partir del quinto comenzó a quedarse sin gas. Su fondo físico no era bueno tras meses sin entrenar seriamente. Eso, y el no haber descansado la noche anterior, con abuso excesivo de alcohol y sexo, le pasó en aquellos momentos factura. En el séptimo asalto tuvo dificultades y a punto estuvo de irse a la lona. En el octavo y último recibió golpes desde todas las trayectorias y solo se limitó a defenderse como pudo contra las cuerdas. La puntuación de los jueces fue favorable sin discusión al campeón ingles. Para haberle arrebatado el titulo tenía que haber demostrado una superioridada todas luces inexistente. Desde ese día todo en su vida fue cuesta abajo. Realizó varias peleas en España y tras dos derrotas consecutivas y sin apoyos, ya que su promotor tras perder el titulo europeo dejó de financiar su carrera, abandonó el boxeo para siempre. Marta como era de suponer, acabados los ingresos le abandonó y comenzó una relación con el dueño de una barra americana, mucho mayor que ella. Nuestro protagonista sin un duro de lo ganado anteriormente volvió a vivir a su antiguo barrio de Lavapies alquilando una buhardilla mísera en una corrala. Sacaba para mal vivir trabajando de noche como portero de discoteca. Alcoholizado en las barras de los bares, solía contar que fue un gran boxeador, campeón de España y que a punto estuvo de conquistar el titulo europeo, entre las mofas y risas de los jóvenes, que le desconocían y le consideraban un borracho mentiroso. Así acabó sus días el que muchos consideran el mejor boxeador español de todos los tiempos. A Marta la última vez que la vieron estaba haciendo la carrera en la calle de la Montera. Su belleza con los años y la mala vida se había esfumado.