-Un gusto poco usual -Dijo la voz-
Sentí unos pasos que se acercaban a mí y de pronto sentí una respiración a mi lado.
- Pero interesante-Dijo en un susurro en mi oído-
Me estremecí, la totalidad de mi piel se erizó al sentir su respiración tan cerca de mí, mientras mi nerviosismo cada vez se acrecentaba más. Como por reflejo me alejé un poco sobresaltándome por tan improvisado movimiento de aquel hombre desconocido.
-No te asustes No te haré daño -Dijo sensualmente-
Con los débiles rayos de luna que traspasaban a través de los vitrales de la iglesia pude ver el rostro de aquel misterioso personaje. Su rostro parecía esculpido por los mismos ángeles, sus ojos eran de un color azul profundo, imitando el color del cielo nocturno, su nariz finamente respingada, sus labios eran de un color tenuemente rosado y su cabello de un negro azabache que contrastaba sobre su blanca piel. Me quedé estupefacta a ver tal belleza viva.
Al sentir mi reacción, el hombre se me acercó nuevamente dejándose ver por completo bajo los rayos de la luna que se colaban por el vitral del centro de la iglesia, donde nos encontrábamos. Tomó delicadamente mi mano y la elevó lentamente hasta la altura de sus labios y besó dulcemente mi mano.
-Alexander Russell, un gusto-Dijo haciendo una leve reverencia y mirando fijamente a mis ojos-
-El gusto es mío -Dije devolviéndole la mirada-
En sus finos labios se dibujó una sonrisa de picardía que lo hacía ver más atractivo. Percibí como su mirada me evaluaba precisamente, como si pudiera conocer a la perfección los pensamientos que pasaban por mi mente.
Alexander volvió a su posición inicial. Mi mirada lo siguió en todo momento. El silencio se apoderó del lugar, era como si cada uno estuviese distrayéndose con la mirada del otro.
-Quien hizo eso?-Pregunté indicando al ángel de aquella pintura-
-Una persona lo bastante perversa como para perturbar y desmerecer la belleza de las pinturas de nuestra época, señorita -Dijo acercándose a examinar la pintura, rozando con sus dedos el detalle dibujado-
Sospeché que él lo había hecho, pero por otra parte sentía que él sería incapaz de cometer tal cosa. Me encogí de hombros y despejé mi mente de aquel pensamiento, al menos para mí, insignificante.
De pronto recordé que era tarde, ya debían pasar de las 11 de la noche, y los alrededores eran muy peligrosos a tales horas de la noche.
-Podría acompañarte si lo deseas-Dijo Alexander mientras esbozaba una sonrisa de medio lado-
-Como supiste?-Pregunté anonadada-
-Una dama como usted a estas horas de las noches en estos barrios tan concurridos por maleantes y demáses andando sola por ahí, no sería un muy buen panorama, o sí?-Dijo poniendo sus manos en los bolsillos de su lujoso traje negro, con camisa blanca que sobresalía por el cuello de su chaqueta-
- Esta bien, me sentiría agradecida de su compañía-Dije sonriendo amablemente ante el gesto de Alexander-
Sonrió con picardía haciéndolo ver aún más atractivo de lo que ya era. Caminó pasando por mi lado, ya que me había adelantado ligeramente. Lo seguí con la mirada hasta que su tenue figura sumida en la oscuridad se posó cercana a la puerta. Recordé que debía informarle al Padre de mi retirada, pero ¿El Padre sabría que aquel chico estaba en la iglesia? Después de todo, hubiese parecido que Alexander se hubiese materializado dentro de ella.
-Espera -Dije rompiendo el silencio-
-Que ocurre, Elizabeth?-Dijo Alexander-
-Debo avisarle al Padre de que salí, para que el pueda cerrarla con llave luego-Dije mientras caminaba hacia la esquina donde debía encontrarse el Padre-
-Te acompañaré-Dijo la voz de Alexander a mi lado-
Me sorprendí. Alexander estaba en el otro extremo de la iglesia, y sus pasos no fueron escuchados por mis oídos, ni tampoco era posible llegar a tal velocidad hasta ahí.
-Tendrás que acostumbrarte, querida -Dijo con picardía al observar mi reacción-
-Acostumbrarme?-Dije aún más extrañada-
-Todo a su tiempo -Dijo misteriosamente-
-Pero -Dije-
-Debes ir en busca del Padre-Me interrumpió sin inmutarse-
Lo miré un poco ofendida, el simplemente me sonrió y emprendió el camino por el oscuro y largo pasillo.
-Hey!, espérame!-Dije al reaccionar que se estaba alejando sin mí, y ya no podía observarlo-
Caminé a pasos apresurados hasta quedar a su lado. Caminamos por lo que a mi parecer fueron varios minutos, pero no hallábamos ninguna puerta o algún signo de que el Padre estuviera ahí. El silencio que abundaba el lugar sólo era interrumpido por el eco de nuestros pasos. Me sentía bastante extraña, estaba caminando por un pasillo prohibido para la gente común o sin cargo en la iglesia, con un misterioso, atractivo y extraño acompañante en plena noche.
De pronto oí un grito, o algo parecido. Tomé el brazo de Alexander como por reflejo y lo apreté firmemente. El puso su brazo ante mí, para que detuviera mis pasos.
-Que fue eso?-Pregunté más para mí que para Alexander en un susurro-
-Shh Calla-Dijo en un susurro-
Se adelantó a observar, al parecer el pasillo se desviaba hacia el lado derecho, donde se podía ver un leve reflejo de luz en el suelo. Alexander curvó en la esquina. Lo seguí manteniendo la distancia.
Cuando di la vuelta por el pasillo me percaté que Alexander estaba al costado de la puerta por la cual nacía aquella luz.
De pronto la luz se desvanece. Me acerqué más a Alexander tomándolo por el brazo, para no perdernos.
-Tranquila, Elizabeth, era el Padre- Dijo en un susurro girando sólo la cabeza para hablarme manteniendo si posición inmutable.
-Pero ese grito -Intenté decir-
-No quieres saberlo, créeme - Me interrumpió Alexander- Salgamos de aquí- Dijo girándose por completo hacia mí-
-Pero el Padre -
-Utilizas demasiado la palabra pero señorita- Me interrumpió nuevamente notando entre la oscuridad como en sus labios se dibujaba una sonrisa burlona y de leve picardía-
Me ofendí un poco, al parecer Alexander se dio cuenta de mi cambio.
-Sólo bromeo - Dijo Alexander acariciando mi mejilla delicadamente con el torso de su mano-
Sentí sus suaves caricias en mi rostro, lentamente dejé mis párpados caer para sentir más profundamente el tacto de su suave y fría mano contra mi rostro, a la vez sentía como su penetrante mirada parecía atenta a cada movimiento que hiciera en la prolija oscuridad en la que nos encontrábamos sumidos.
En un momento, abrí mis párpados y me percaté de algo. Al parecer el chico me tenía hechizada, por alguna extraña razón confiaba ciegamente en sus palabras, por lo que si el me decía que era mejor no saber lo que fue aquel bramido, es porque realmente no era necesario. Nuestras miradas se encontraron en la oscuridad, podía sentirlo y ve sutilmente el brillo de sus abismantes ojos.
Continuará ^^
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