ˇHÁZLO! ˇHÁZLO!




      Aún cuando, en la celda, la restricción de la libertad le dolía. No perdía su devoción por el cristianismo, persignándose antes de dormir y, en las mañanas, después de levantarse. Los demonios a veces le atormentan por la noche.

      Los planes no le habían resultado del modo en que pretendió inmortalizarse para no morir. La fama pasajera que vivió en 1980 le abandonó tan pronto como los tribunales norteamericanos le suprimieron la libertad de por vida.

      De por vida permanecería tras las rejas, inmolado estúpidamente por culpa de infantiles temores a la muerte y excesos religiosos. Aún recuerda aquella noche fría, hace veinticinco años; la recuerda porque es la misma sensación que se le impregna cuando una rata suele cruzar el corredor en busca de migajas de pan en las celdas de los reos.

 

      Esa noche, recuerda, agobiado por la noticia sensacionalista del fin del mundo en el cercano milenio; creyó haber visto en la habitación de su casa, mientras veía un film de terror, una especie de infiernillo carcomiendo las paredes forradas de postres. Seguidamente, el calor le había hecho quitarse los anteojos, suponiendo que las raras visiones podían ser fruto del estrés; quizás por las últimas jornadas religiosas a las que incansablemente asistía en la iglesia Cristiana de Decatur.

      El demonio podía estarle siguiendo, como si de un títere se tratara. Se había aterrorizado, pues sentía que el arcángel maligno llegaba para despertar a los muertos, que en vida no hicieron nada a favor de Dios, y llevarlos al infierno. Él no quería morir. Su dios le protegería de todo mal, pero tenía que hacer una buena obra; algo que pudiera verse agradable ante los ojos de Cristo. “¡Aléjate, Demonio!”, debió gritar. “No me llevarás contigo porque seré inmortal. Cristo ha hablado”, porque luego estranguló el control remoto del televisor y casualmente lo apagó. El Demonio había dejado de carcajear frente a él y el fuego que le rodeaba se difuminó; ahora sólo un murmullo maligno lloraba debajo de su cama.

      Cristo había hablado y él tenía que vengarle, para ser como un Santo, inmortal en el cielo, llegado el día del gran juicio.

      El negocio estaba hecho, casi no podía respirar creyendo que era el elegido, pero cuando puso los pies en el suelo, al ver correr al demonio reencarnado en un roedor (hacia una trampa) detrás del televisor, y al morir partido en dos, Mark se convenció. Era esa la señal que esperaba. Cristo le garantizaba el triunfo. La gloria

      Afortunadamente aún habían taxis a esa hora. los apartamentos Dakota frente al Central Park de New York, eran accesibles, incluso para un visitante de Georgia que se había vestido ligeramente para no pecar de vanidad o soberbia en su misión.

      Mark compró un diario donde la noticia que lo había transtornado aparecía en la sección de curiosidades. El ocho de diciembre de aquel año, los avatares políticos e intelectuales debieron haberle incitado a romper el New york Times, ninguna página se salvó a su conducta represiva y anómala. Pero Cristo debía estarle protegiendo, justificando los preámbulos que rondaban la hora principal en que debía cumplir con la misión encomendada.

     Respiró hondo y de pronto las carcajadas del infierno venían en ambas direcciones de las calles, iluminadas con las novedosas bombillas de luz en los faroles del central Park. Se persignó nuevamente, arrimado a un auto estacionado en la acera de los vistosos Apartamentos Dakota. Volvió a persignarse mientras miraba el reloj casero de su mano izquierda. El reloj se había detenido misteriosamente. Algo debía ocurrir en ese momento; entonces, por la esquina de la calle apareció un personaje polémico a quién creía haber pedido un autógrafo hacía pocas horas. “Por qué precisamente ahora”, pensó. El lerdo recuerdo que tenía con esta persona, de haber estado frente a ella en otro momento, le impacientaba. Tenía que tener un autógrafo suyo. Tenía algo de tiempo y la misión podía esperar.

      ¡Hazlo! dijo una voz divina, contundente y digna de ser obedecida. Se llevó la mano al interior de la chaqueta oscura y salió de su escondite, dándole alcance en la acera a esta persona, que le saludó cordialmente como hacia con muchos de sus admiradores. Mark sacó una libretita y un bolígrafo para que le dejara un autógrafo, ya que no recordaba si lo había hecho antes, esa era una buena oportunidad de obtenerlo. Procuró mantenerse sereno, mientras su acompañante le dibujaba su firma con modesta sonrisa.

      El personaje se quitó los anteojos, nada parecidos a los de Mark, y siguió su camino por la acera hacia la puerta principal de su apartamento. Mark Chapman metió sus dos manos dentro de la chaqueta, guardando la libreta con el preciado regalo, la presionó entre su cinturón y su grueso cuerpo, permaneciendo unos segundos con las manos detrás, cubiertas por la chaqueta, ocultando bien la libreta. Mientras la voz divina, a su juicio, le recitaba nuevamente: ¡Hazlo, hazlo!

      Ya había perdido algo de tiempo. Era hora de cumplir la desquiciada misión.

      Mark Chapman sacó sus brazos de la chaqueta, entonces, y los estiró hacia delante, sosteniendo un revólver entre sus manos con el pulso firme. Era la oportunidad de adquirir fama, lo que le haría inmortal. El infierno, entonces, no existiría para él como Cristo se lo había prometido. “Nada puede detenerme ahora”, pensó. Era como un tren sin frenos. ¡Hazlo! ¡Hazlo!

      Se acercó rápidamente algunos pasos detrás del que se iba y apretó el gatillo cinco veces seguidas.

      Había vengado la humillación de Jesús y recibiría su recompensa.

      El agredido oyó varios disparos a espaldas suyas. Su cuerpo amordazado por el dolor, la cobardía de su agresor, el arrepentimiento por el hijo abandonado y la fatal noticia que recibiría su amada Ono, lo fulminaron.

      El líder de los Beatles cayó muerto y Chapman había terminado de oír la voz engañosa de su álter ego.


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Comentarios:

Escrito por: NoU       16/04/08 04:47
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http://archivo.elnuevodiario.com.ni/2000/diciembre/14-diciembre-2000/estasemana/estasemana2.html

Es de esos casos en los que creo que la realidad supera a la ficción... cómo la mente puede jugarnos una mala pasada... cambiando todos los aspectos de la realidad que nos rodea....
Obsesión... locura???...
Muy buen relato... y llevas a preguntame (aún no habiendo dudas)... uno puede ser iinocente de su propia locura?...
Dejo links de interés sobre el tema...
Saludos...NoU

http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=206588
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/newsid_4482000/4482212.stm
Páginas: 1

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