1ºCapitulo La espesura de la noche nos cubría y camuflaba entre las aguas, la niebla no nos dejaba divisar con claridad las costas del oeste. La incertidumbre de la tripulación aumentaba por momentos, era algo inevitable. Alejados de nuestras tierras, alejados la mayoría de nuestros familiares y amigos. Algunos nos resguardábamos del frio en los húmedos re cobijos que encontrábamos en el barco, otros dormitaban en el desnudo y frio suelo mientras que unos pocos cantaban viejas canciones de mar. Habíamos perdido muchos hombres en aquel endiablado viaje hacia los mares del oeste, cincuenta y siete hombres que lucharon con honor y a cambio de ello perdieron sus vidas. Muchos de nosotros habíamos partido hacia una guerra alimentada por la codicia. Las tierras del oeste necesitaban nuestra ayuda. Pues nos había llegado la terrible noticia de que peligrosos asesinos habían atacado y matado a una de nuestras tropas. Al saber la noticia partimos antes de las primeras nieves. Cincuentaisiete hombres y el rey, Björn, partieron de apoyo para matar a los asesinos que tanto atormentaban a los campesinos. Al cabo de cuarenta días llegamos a las costas del oeste. Había sido un viaje bastante tranquilo. Aquellas costas estaban muertas, totalmente muertas. No se divisaba más que hielo por todas partes, parecía que el agua, la tierra e incluso el aire se habían convertido en hielo. Parecía como si algo hubiera destruido, aniquilado todo ser viviente. Al cabo de dos días en tierra, nuestro suboficial descubrió un navío totalmente helado en las costas del suroeste del país. Estaba totalmente petrificado por el hielo. Cuando descubrimos de qué navío se trataba el rey Björn ordeno que cuatro caballeros partieran hacia el oeste para encontrar la fortaleza de Guldhem y una vez encontrado volver e informar a los demás de su posición. El navío había pertenecido al rey Björn. Hacía cinco años de su desaparición pensando que se había sumergido por siempre en las aguas. El navío tenía que cumplir con la misión de informar a su hermano, el rey Grâbergh de la muerte de su difunto padre y rey de Suecia y de la sucesión al trono de su hijo mayor Björn. Pasaron cinco noches hasta que el primer y único caballero regreso al campamento que habíamos construido en la costa. El pobre hombre yacía moribundo sobre su caballo. Varios hombres le ayudaron y le bajaron del caballo en el que estaba gravemente herido. Entre sollozos y murmullos pudo contarle a los hombres que los cuatro caballeros habían sido atacados de noche mientras cabalgaban entre la espesura de un bosque maldito según el. Un bosque que se encontraba a sesenta millas al norte del campamento. Dijo que era un bosque maldito, un bosque muerto y helado al igual que el resto del reino. Comentó que oyeron extrañas voces en mitad de la espesura, entonces dos de los caballeros, Lillson y Tolfsen se adentraron entre la espesura y en breves momentos los dos otros caballeros que estaban a su espera escucharon no muy lejos de ellos un agudo chillido. Entre la espesura surgieron los dos caballos que salieron despavoridos del lugar. El caballero que se había quedado junto a el, se bajo del corcel, empuño su espada y se adentro en la espesura de la noche. El caballero nunca volvió, en lugar de ello surgieron sombras tan negras como la noche entre los árboles y atacaron al único caballero con vida. Con gran dificultad el caballero empuño su espada y se la clavo a una de las sombras en uno de sus costados. Desgraciadamente el caballero resulto gravemente malherido en uno de sus brazos y parte del pecho. Al encender una pequeña antorcha se dio cuenta de que no había rastro de la bestia a la que había herido, ni un solo rastro de sangre ni de huellas. Al escuchar la historia muchos de los presentes se alarmaron de tal forma que algunos huyeron hacia las barcas en busca de seguridad. Entonces el rey dijo que todo hombre que huyera de ahí sería condenado por alta traición y deshonor, y que teníamos que ser valientes y luchar contra las terribles bestias que masacraban al reino. Los hombres que se dirigían a las barcas, retrocedieron, y dieron la vuelta hacia al campamento. En ese momento no sabíamos a que nos enfrentábamos, ni que debíamos hacer. Todos sentíamos temor por lo que se avecinaba, exceptoel rey que parecía estar sereno en todo momento, mirando hacia el norte como si intentara divisar el bosque desde lo lejos. CAPITULO 2 El caballero yacía tendido sobre unas capas de pieles, y a su lado una hoguera, alimentada por la leña, iluminaba todo a su alrededor. Moribundo, esperando su ultimo aliento hizo llamar al rey. Le imploró que vengara la muerte de aquellos valientes hombres que le acompañaron y que desgraciadamente perdieron sus vidas. Y le advirtió de lo peligrosas que eran las extrañas bestias que les habían atacado. A la noche siguiente el rey ordeno a los caballeros que recogieran el campamento y marchar hacia el norte donde el caballero ya muerto le había indicado. Pasaron tres días hasta llegar a los comienzos del frondoso y helado bosque. Habían sido retrasados por las enormes tormentas de hielo. Atravesando el bosque los hombres temerosos y desconfiados agudizaban sus sentidos esperando que algo o alguien los atacase. Todos empuñaban sus armas, cubiertos con sus armaduras y pieles, escudriñando la oscuridad de aquel bosque embrujado, lleno de secretos y de sufrimiento. Era un bosque muy viejo, lleno de altos y fuertes abetos, que desafiaban al cielo. Cubiertos de nieve, petrificados por el intenso frio. Pronto se hizo de noche. Ese inhóspito lugar se hacía cada vez mas incomodo, era como si los arboles les asechasen, mientras los hombres cabalgaban entre la espesura. Cabalgaron durante varios días hasta al fin descansar por primera vez en aquel lugar. Dos hombres hacían guardia mientras que los demás descansaban, todos menos el rey. Era el único que se mantenía atento, despierto, esperando la llegada de las extrañas sombras. Pasaban las horas, ningún rastro, ninguna señal. Todo seguía tranquilo, dormido. Solo se escuchaban a lo lejos los aullidos de algunos lobos y el murmullo de los hombres intranquilos. Algunos maldiciendo y otros rezando por sus vidas. Cuando el díaestaba a punto de caer, uno de los guardias divisó a lo lejos unas luces, unas luces que se adentraban en lo alto de la montaña. Entonces el rey ordenó que al amaneceruna vez allí buscaran algún rastro del hombre o ser que les había asechado durante la noche. Al llegar la mañana, los caballeros se dirigieron a la montaña, por un estrecho sendero de piedra. Un sendero sin duda creado por el hombre, estaba tallado en la piedra, como si hubieran surgido de la montaña unos escalones. Los hombres tuvieron que seguir a pie, dejando a uno de los hombres a cargo de los caballos. Siguieron el rastro de unas huellas de pie desnudo. Los hombres habían seguido el rastro durante horas hasta cruzar la montaña. El rastro se perdió tras un pequeño riachuelo, al otro lado. Al otro lado, se veía beneficiado por una extensa pradera, de pasto verde. Había varios caballos pastando y no muy lejos se divisaban hogueras alrededor de un pequeño poblado. El rey ordeno que se quitasen las armaduras para no resplandecieran a la luz del sol y de que esa forma los enemigos no descubrieran su posición. Sigilosamente nos adentramos entre la maleza y observamos al poblado. Cuál fue nuestra sorpresa al descubrir unos hombres de piel tan oscura como el tronco de los arboles, con vestimentas tan extrañas como su forma de hablar. Las plumas les adornaban la cabeza al igual que algunas de sus vestimentas. Vivian en unas extrañas casas construidas de madera y barro, cubiertas con pieles y de extraños dibujos. Al anochecer nos refugiamos en la roca desnuda de la montaña. Fue una noche tranquila, silenciosa y muy triste. La falta de hogueras y risas en el ambiente, hacia que el lugar pareciera más lúgubre y triste de lo que era. Prescindimos de las hogueras para que la tribu no conociera existencia de nuestra llegada. Los hombres comentaban la extraña apariencia de la tribu. Nos extrañaban sus vestimentas, sus costumbres y su lenguaje. CAPITULO 3 Al amanecer del nuevo día descubrimos a dos hombres muertos a causa del frio. El rey Björn dispuso que volviéramos al barco a causa del frio y la escasez de provisiones. Muchos de los hombres estaban en contra de la decisión tomaba, querían abatirlos durante la noche vengando la muerte de sus tres compañeros. La vuelta no resulto tan fácil como esperábamos, la nieve había cubierto nuestras pisadas. El rey ordeno marchar a unos cuantos exploradores para descubrir la senda perdida. A las pocas horas uno de ellos regreso. Regreso con malas noticias. Había descubierto el regreso al campamento. El barco se había petrificado. Estaba totalmente cubierto de hielo al igual que el campamento. La moral de los hombres había decaído. Al igual que había dicho el rastreador, el campamento había quedado totalmente helado, cubierto de hielo y nieve. Lo más probable es que hubiera sido causado por una tormenta de hielo. Aquella noche construimos pequeños refugios de nieve para refugiarnos de la tempestad que se avecinaba. Troy, uno de los hombres más dóciles en el manejo de la espada y Birien, un hombre robusto, de larga barba roja y ojos de águila, hablaron durante la noche sobre la extraña procedencia de los salvajes. Sabia de lo que habían hablado pues esa noche habíamos compartido techo. CAPITULO 4 Fue algo inesperado.Mi despertar fue algo extraño, el hedor me despertó, estaba tendido boca abajo y no recordaba con exactitud sobre lo que había sucedido o en donde me encontraba. A mí alrededor, descubrí restos de sangre y signos de lucha dentro del refugio. Me incorpore e intente buscar ayuda. Me di cuenta de que los rastros de sangre continuaban fuera del refugio. Björn fue el primero en encontrarme. Juntos buscamos a Troj y a Birien, pero los rastros se alejaban del campamento