


| Escritor: | Aurelio |
| Públicado: | 15/01/2008 |
Un vapor fosforescente escapó a borbotones cuando la cámara una especie de compartimiento en forma de dodecaedro, cuyo exoesqueleto estaba revestido de titanio desplegó una abertura levadiza, dejando ver el cuerpo yerto de un hombre, aparentemente sin vida. Sin embargo, las pulsaciones registradas en el monitor ultrasónico de los genetistas detallaban el típico estado de despertar en aquellos casos. Así, la cámara criogénica C-21, que confinaba al recluso Denzel Novalk, interrumpía sus actividades de suspensión molecular después de casi una centuria humana. Era la última persona en quien se debía confiar.
La especie humana se había diseminado por toda su galaxia en un cuarenta por ciento, explorando sectores nunca antes imaginados allá en su precario pasado del siglo XXIV hace aproximadamente ochocientos años, cuando su tecnología le permitió al fin visitar otros mundos. Ahora, en el año 3107, tenían la capacidad para hacer habitable lo inhabitable, y una muestra de ello lo constituyó su primer megaproyecto de terraforming, donde el planeta Marte se convirtió, para las futuras generaciones terrícolas, en la Segunda Tierra.
Las Grandes Instancias Galácticas determinaron que, al recluso Denzel Novalk eximio científico de la generación del año 3010 que, por razones aún no esclarecidas (aunque lo más probable haya sido un evidente trastorno psicológico), trató de desintegrar tres cuadrantes de la Vía Láctea sobrecargando unos reactores nucleares interconectados a la red computacional de cinco sistemas planetarios, que había sido condenado a cadena perpetua, se le conmutara tal deuda para que, junto con renombrados especialistas en ingeniería fotónica, intentaran dar solución al problema que sus poderosos radiotelescopios habían captado desde hacía medio siglo. Tras la correspondiente inspección médica y uno que otro formalismo legal como el de reintegrarlo al sistema poblacional de la galaxia, del cual había, literalmente, desaparecido, Novalk compareció ante la asamblea, la cual estuvo conformada por todos las autoridades que representaban a las doce galaxias colonizadas por la especie humana, además de otros seres humanoides provenientes del sistema estelar Alfa Centauri, en representación de las demás especies que habitaban el universo habrían sido ellos los primitivos dioses humanos que, a partir del siglo XXIV, contribuyeron a que la humanidad alcanzara el nivel tecnológico que ahora ostentaba.
Novalk permaneció callado, oyendo los cargos que se le imputaron hace noventa y siete años atrás, sintiendo un amargo déjà vu en cada una de las acusaciones esgrimidas; luego, utilizando un simulador tridimensional que fue proyectado desde el Centro Galáctico Militar a manera de holograma, precisamente entre las autoridades y Novalk, pasaron a detallarle la problemática en sí
En efecto, fue en los albores de la historia galáctica cuando los radiotelescopios detectaron ingentes cantidades de púlsares y cuásares provenientes de una zona inimaginablemente próxima a la Vía Láctea. Realizando los cálculos más abstractos e inconcebibles, coligieron, después de dos centurias de agotadores estudios, que el universo había empezado su retraimiento hacia su centro, el cual, hipotéticamente, se hallaba muy cerca del dominio humano. Pero, a diferencia de la primera expansión del universo, que había tardado millones de años, éste retraimiento se sucedía con una velocidad vertiginosa, ocasionando choques de galaxias, generando vórtices electromagnéticos, agujeros negros y de gusano los entonces denominados y desconocidos puentes de Einstein-Rosen, removiendo de su órbita gran cantidad de asteroides que casi siempre se precipitaban sobre cualquier astro que hallaban en su errabunda trayectoria. Se realizaron rigurosas investigaciones a futuro para contrarrestar tal amenaza global, se efectuaron exploraciones destinadas a encontrar el centro del universo, todas infructuosas; se destinó el ochenta y cinco por ciento de los recursos político-militares siendo al mismo tiempo los más favorecidos en cuanto a innovaciones a la ejecución de proyectos, experimentos a gran escala, sofisticación de armamento y maquinaria, en fin, se hizo todo lo humanamente posible para combatir la catástrofe que venía cerniéndose sobre la humanidad, pero al cabo de casi ochocientos años todavía no contaban con alguna estrategia. Fue ahí donde, desesperados y sobrecogidos con las últimas noticias acerca de la colisión progresiva de las galaxias vecinas de Andrómeda y NGC 221, ambas fusionadas en una gigantesca nube de polvo y fuego estelar en forma de espiral, elongándose sobre sí misma, desatando estruendosas explosiones que el vacío del universo ahogó con indiferencia, decidieron recurrir a todos los medios posibles, instaurando la alarma general, paralizando todas las demás actividades que no estuvieran relacionadas al proyecto. Sabían qué clase de científico era Novalk, pero también le guardaban un fuerte rencor por las acciones que cometiera en el pasado. Y, aunque un gran sector de la galaxia mostraba su inconformidad con su liberación de la celda criogénica, no se opusieron a que desempeñara el cargo que ahora se le estaba confiriendo. En síntesis, la misión de Novalk era la de tratar de hallar alguna manera de contrarrestar o en el peor de los casos, aminorar o prolongar el retraimiento del universo hacia su centro; en pleno siglo XXIV, esto hubiera sido tomado no sólo como una locura, sino como el grado de soberbia humana llevada al extremo de la divinidad. Tal vez aún.
Con un gesto de altivez, Denzel Novalk aceptó la misión impuesta por las Grandes Instancias Galácticas. Sería puesta a su disposición la mejor astronave hiperestelar de la historia humana, la cual fue construida en base a tecnología humana y alienígena durante los últimos quince años. También se le asignó una especie de libre albedrío para ejecutar lo que creyera conveniente; sin embargo, esta potestad no era del todo sincera, puesto que nombraron al destacado astrofísico Otto Brown quien se encontraba al mando del Departamento Experimental en el Centro Galáctico Militar para que lo supervisara, además de un androide capaz de proporcionar datos cuánticos al cerebro computarizado de la astronave.
Cuando ambos personajes se trenzaron, frente a las demás autoridades, en un diálogo que debería haber sido diplomático, muchas de las expectativas y esperanzas parecieron diluirse por completo.
Señor Novalk le dijo el supervisor al verlo venir a su presencia, tengo entendido que está al tanto de nuestro problema, por lo que le sugiero que nos pongamos a trabajar en el acto.
Antes quisiera revisar los microfilms; los quiero todos, desde el momento en que fuera detectada la anomalía.
No tiene sentido que lo haga, ya han sido revisados meticulosamente por el personal a mi cargo y
Los quiero todos, ¿me oyó? Yo no soy su personal ni estoy a su cargo.
¡Soy quien supervisará su trabajo!
Usted no es más que un fisgón que gustosamente me depondrá de esta misión por si algo llegara a salir mal.
Brown no supo qué contestar, por lo que dirigió una mirada interrogativa a las autoridades allí presentes, como si esperara algún respaldo, pero sólo oyó la voz de Novalk nuevamente, con ese tono de altivez característico de su personalidad.
Como usted dijo, no tenemos tiempo que perder, quiero ver los microfilms.
De nada le servirá revisarlos de nuevo respondió mientras accionaba un conmutador inalámbrico adosado a la solapa de su traje para que le trajeran los microfilms; de más está decirle que nuestros colegas tardaron años tratando de hallar una solución, llegando incluso a sugerir que la catástrofe cósmica podría ser contrarrestada por otra de semejante envergadura.
Continuará...
Carlos Aurelio Díaz Enciso
|
Imprimir |
Enviar historia |


