Hablando solo

Hablando solo 

 

Para Iris IdoneIn memorian       

 

 

   Ella murió, yo me quedé con el corazón en la mano. Todo pasa, todo cambia irremediablemente y tal vez se a cierto lo que dicen, que me estoy volviendo loco porque realizo reverendas estupideces y siento que no existo para nadie y nadie para mí.

Ella llegó hasta atraparme, sumirme y hacer que mi vida fuera suya y yo dependa de su voluntad y gusto. ¿En un velorio se puede conocer la mujer de tu vida?

Sucedió un mes de agosto, falleció el único pariente que me quedaba, mi abuela, y cuando lo supe, estallé en lágrimas para correr por la chacra y dirigirme hacia la casa grande. Llegué con la noche, no percibí que había gente dentro y mi presencia provocó silencio absoluto en la sala.

 Estaba toda de negro cerca del ataúd y se volvió para verme, (es indescriptible lo que sentí, desencajaba la escena que estaba protagonizando, era tan hermosa, fue como la mirada de amor a primera vista), quité inmediatamente la mirada  de sus ojos,  perturbado, cómo escapar de algo que me distrajera en el instante. Al ingresar, experimente la sensación de pobre víctima y mientras avanzaba con mis estruendosos y sucios zapatos, un murmullo y miradas de todas las direcciones impidieron mi grito de pánico. Palabras como: pobre chico, era el único pariente, ya va llorar,  salían de todas esas bocas, esos monstruos que me veían llegar como un indicio de su tragedia.

En estas ocasiones he optado siempre disimular al máximo lo que siento, porque era lógico mandar a la mierda a todas esas personas que no me quitaban la mirada de encima. Me encontraba tenso, confundido, asustado, triste y mareado. Intenté saludar a un parcelario conocido, pero me salió atroz. Quería llorar con un nerviosismo aniquilador y al fin caí al ataúd para no caerme al suelo.

No quiero recordar lo que sentí cuando la vi allí porque podría morirme, era mi abuela: me tenía, me quería y yo la quería y...

— ¿Era tu abuelita?— pregunto ella, con una voz quedadita y tierna, como quien quiere consolar a alguien.

—Sí— respondí apenas quebradamente y al instante y a pasos agigantados llegué al patio. Salió  detrás. Me detuve al sentir la banca entre mis manos y cuando me alcanzó expresó que lo sentía y mi más sentido pésame, y con un abrazo me dejó tan aturdido que no resistí el impulso y me enrollé en su cuerpo con el llanto exacerbado. Me recordó luego que no podía seguir abrazándome toda la noche, pero luego se sorprendió mucho cuando me arrodillé y ya estaba llorando en su falda.

El llanto fue desesperado, largo  e imprevisto; decía cosas incoherentes, sin sentido. Hablaba de viajar a la ciudad, a mi mundo quimérico y absurdo, donde lo único preponderante, era el licor y las mujeres. “Y que los infelices que se encuentran en al sala se adueñen de la parcela de una vez si para eso han venido “.(El tiempo me dio la razón y ahora sólo me queda la casa). Mientras ella decía calma, calma y debí despertarle en ese momento algún instinto compasivo y desde entonces necesite su compañía y esos abrazos que me hicieron tanto bien durante los cuatro años que me acompañó.

Quiero aclarar que no fue así como empezó todo, después de una semana en la ciudad, la encontré en un bus. El sol de la tarde me acariciaba el rostro, el panorama a través de la ventana aparecía frío y triste. La reconocí cuando subió y se instaló a mi costado, nos saludamos apenas y no hablamos en el trayecto. (Tenía que encontrarme con el primer loco del CDM: Nivardo, para buscar unos cuentos de Sofocleto).

Llegaba al final de mi recorrido y atiné a preguntarle donde vivía y respondió “Por ahí”, le dije si se llamaba Rosa y contestó “Por ahí”, y por último ¿Dónde nos encontramos?, y  escuché “Por  allí“. Casi le dijo que le bautizaba “Por allí“, pero no hay que ser tan bruto como para decirlo. ¿El viernes a las seis y media de la tarde en la puerta de la UNSA?,  porfié  finalmente, pero ella se quedó callada  “ Ni que leyera mi mente “ pensé, y  luego me dispuse a bajar la puerta posterior; entonces ella gritó que el sábado a esa hora y en ese lugar, sonreí, pero  el mirarla y tener esa respuesta hizo que dejara pasar mi paradero, el parque San Francisco se alejaba ante mis ojos y  con aires de inocencia salté a vuelo, acostumbrado como chico de mundo que era, a salvar esas pequeñas, ínfimas peripecias que no debían importarme.

Anduve frotándome la nariz hinchada y poniéndome tapón sobre tapón de algodón en la farmacia de la calle Ayacucho para que cediera la hemorragia. ¡Qué bestia! Al salto del bus le siguió un empellón contra un poste, yo sólo recuerdo haber visto de cerca la foto de la cara de Ramírez Alfaro  (un ex candidato político) cuando punnn, el choque de cara contra el poste y mi caída instantánea al vacío.

En vano sería decir que la pasamos bien, la pasamos excelente (yo con la nariz hinchada), necesitaba eso después de la muerte de mi abuela, llenar aquel espacio,  no contenerme en mis apreciaciones y colmarla de poemas y cartas.

 Rosalíe era preciosa, su piel muy blanca, su silueta delgada y coqueta, ojos negrísimos como sus cabellos; poseía en su rostro ese aire angelical de inocencia y ternura que nos vuelven locos a los hombres.

 Nuestra relación estaba basada en nuestras confesiones sin mentiras ni hipocresías y en las increíbles bromas que hacíamos a la gente cualquiera y que yo exageré cuando ella se marchó, motivo por el que me llaman loco. Cada mañana sorprendíamos a alguien, asustábamos algunos amantes, nos vacilábamos con algún borrachín, me enseñó piropos que enloquecían a las mujeres. La primera vez que bromeó me sorprendió mucho.

—Acompáñame Paúl aquí a la esquina.

—Pero amor... ¿Para qué? —Es que los cambistas de dólares me molestan mucho, el otro día se acercaron y uno me abrazó por el cuello, otro me cogió por la  cintura y otro...

— ¿Qué?— a lo mejor está borracha— pensé.

—Ja, ja, ja, — su risa no cesaba y me lo recordaba cada cierto tiempo

—la cara de idiota que pusiste Paúl, parecías un tipo atropellado — seguía riéndose (la verdad, a veces la idiotez se me centra en el alma y la irradio en una forma expansiva, parezco un ser realmente atropellado, los locos del CDM encabezados por Nivardo le llaman Chiripiolca).

 

Y aquella vez que corrí tras del infeliz que intentaba subir a vuelo a su bus, corrí por mandato de ella, persiguiendo al infeliz y gritando.” Agarren al ratero“, para que los transeúntes  vieran la versión moderna de Miami Vice. Lo hice caer es cierto (pues sucede que mezclo mucho la realidad con la ficción), pero no fue motivo para que me dejara el ojo verde; y esa vez en el matrimonio, Rosalíe con su mirada desde el otro lado de la sala me comunico el plan.

—¿Ocupado el baño patita?— pregunté al tipo que esperaba afuera.

—Síííí— removiéndose – hace horas que no salen.

— ¡Acá nomás patita! Todos están bailando y no se dan cuenta.

—Pero, ¡Es la pared de la sala!—Acá no mas— dije finalmente y bajándome el cierre del pantalón hice la  finta de orinar disimulado en la pared, el imbécil copió exacta mi actitud y cuando Rosalíe llegó, me aleje rápidamente y lo dejé miccionando con un rostro de “Por fin” al pata ese. Por supuesto que para encajar  todo, Rosalie irrumpió el  ambiente con gritos y exclamaciones para que todos los vieran ja, ja, ja, la cara del idiota cuando volteó asustado con la mano en el pene y aún orinando. La música se detuvo, unas señoras gritaron en coro  “Ayyy “y un palomilla agregó  “Qué rico “. A todos les dio asco aunque se tratara del novio. Fue una perrada lo reconozco; el tipo me estuvo buscando por toda la fiesta pero yo ya no sentía nada, tocaban una balada de Luis Miguel niño, esa original de los Platters, “Cuando miro tus ojos siente alivio mi corazón “y yo abrazadísimo de Rosalíe como la primera vez. Luego tocaron un tecno llamado La Danza de la Tribu y todos comenzaron a saltar como canguros (¡Después  el loco soy yo!). Cerré los ojos y dirigido con mis instintos di con sus labios. 

 

Estas bromas cogieron un lado distinto cuando ella se marchó, a la primera fiesta oriné de verdad en la maceta de una sala, le pegué a un tipo que no me dejaba hacerlo y al ratero que perseguí lo llevé a la comisaría y al que encerraron fue a mí, con la excusa de que el otro no había robado nada y: “Este loco me cogió cuando iba a abordar mi bus “ como se quejó el infeliz.

Y las cosas sucedieron  así, realmente valían oro esos cuatro años que transformaron en forma radical mi carácter, mi manera de pensar y lo transformaron más aun cuando ella se marchó.

Todos los recuerdos me suelen atacar en una semana, día, minuto, e incluso en un segundo y entonces sucede. Ella esta muerta y me transformo y evoco sus locuras, siento sus pensamientos, sus consejos; y suspiro cuando siento un abrazo o beso suyo, pero ¡Ella está muerta! y aunque caminaría el universo entero por recobrarla ¡Ella esta muerta! Se fue aquel mismo mes de agosto en que se fue mi abuela, cuatro años después y  hoy, a un año ya, como todos los días de este mes de agosto me bebí cuatro botellas íntegras de vino, ¡Qué importa  que los integrantes del CDM digan que estoy loco!. Encabezados por Nivardo, ¡Ella esta muerta!, y yo sigo bebiendo y cometiendo locuras en honor a ella, aunque nadie las entienda y pagando con este sufrimiento los errores que cometí, los golpes que di a mucha gente, y ni siquiera los pago en letras si no al cash. ¡Ella esta muerta! Y esta copa sirve para sentirla más en este bar y recordar su rostro, carácter, caricias, halagos, poemas y ¡Ella esta muertaaaaaa!

 

—Boten a ese borracho que se esta cruzando — Grito Nivardo en nombre del CDM,  ya iba a ser de  madrugada y el bar   “ La piscina “  estaba sólo con dos mesas ocupadas, una con los locos del CDM (agrupación de literatos dudosa) y la otra únicamente con Paúl, sintiéndose ofendido por el grito de Nivardo.

 

—¡Ella esta muerta!, grito Paúl — ¡Esta muerta! Y yo bebo en su honor, esta allá en el cielo al costado de mi abuela y bebo por las dos, porque nunca bebí cuando ellas vivían y aunque todos dicen que estoy loco porque hago estupideces, me siento el hombre más feliz y triste de la tierra por haberlas tenido y perdido. Y hoy en este mes de agosto, Rosalíe bebo por ti, por el amor que vence a la muerte  es tan corto el amor y tan largo el olvido, creo que es de Neruda, y que nos une... no, no te preocupes, no lloro, es algo desde niño, siempre que bostezo se me corren las lágrimas, no lloro... se me corren... no lloro... yo no lloro... yo lloro.

 

Y en la radio se escuchaban esas canciones:

 

No, no te vayas amor/ Que me causarías dolor/ Si es que ya no te viera. / Yo que no quise tener/ Ningún otro querer/ Si a ti te perdiera. /Todo perdería el encanto si no estás,/ Pues si te marcharas, sufriría más y más./ Oh, amor, si tú te quedaras/ No habría nada que anhelar,/ Todo sería tan bello/ Como el cielo y el mar,/ Todo sería color de rosa / Y tú la única diosa/ Que tenga que adorar.

 

 

Sólo/ Voy pasando entre la gente/ Que me mira indiferente/ Sin mostrar curiosidad.Sólo / Como un perro callejero,/ Como barca sin velero,/ Solo con mi soledad.

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Comentarios:

Escrito por: utopikaun       08/08/07 00:44
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wow!!! me encanto la historia...precisa, para relatar algo tan intenso. me gusta cuando la historia se basa en un recuerdo, sea raconto o flash back...da igual, da un toque especial... sobre todo porque te mantiene en suspenso hasta el casi el final..y no como otras historias que descubres todo de una sola vez y ya sabes que el jovencito se queda para siempre con el amor de su vida. Creo que están de moda los finales no felices, son mas autenticos, mas humanos.

saludos desde chile
marjorie
Páginas: 1

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