


| Escritor: | gmmagdalena |
| Públicado: | 24/10/2007 |
![]()
Atrapé las golondrinas que querían fugarse de mis ojos y las escondí pudorosa tras mis pestañas.
Giraba en el aire el cristalino presagio de un beso y el rubor ascendió presuroso por el ascensor de mis venas, instalándose en mis mejillas.
Acariciaron tus pestañas las mías suavemente y mis golondrinas aletearon en compás de espera, mientras tu boca se hacía dueña y señora de mi boca repentinamente viva bajo la caricia que fue tornándose más intensa.
Nos saboreamos con el deleite que brinda disfrutar de la caricia anhelada y tantas veces postergada.
Entrecruzamos lenguas y salivas, incursionando deliciosamente en la boca ajena, sorprendidos ante la nueva sensación de sentirnos, descubriéndonos intensamente vivos, juveniles y palpitantes.
Mis golondrinas se transformaron en líquido salobre escapando de la cárcel de mis pestañas, humedeciéndonos las mejillas en la emoción compartida.
Nos separamos, nos miramos, nos abrazamos riendo como niños, felices de haber traspuesto esa fina línea que separa la amistad del amor.
Volvimos a separarnos y mirarnos, repentinamente rejuvenecidos, adolescentes con canas insuflando fuerzas renovadas a nuestro espíritu, sintiéndonos intensamente deseados y deseando aún más, mucho más que un beso.
La última golondrina aleteó desde el borde de mis pestañas hasta las tuyas haciendo nido en tu mirada y, despojándonos del último rastro de la obligada cordura que dan los años, nos descubrimos en septiembre, enamorados.
María Magdalena
|
Imprimir |
Enviar historia |


