


| Escritor: | Alfeizar |
| Públicado: | 01/09/2008 |
La conocí un sábado en una cervecería madrileña. Pasaba la tarde pensando en mis cosas, apoyado en la barra tomando cerveza -ya llevaba más de dos- y escuché los gritos que una joven morena de pelo corto y liso lanzaba contra los camareros. Debía de tener entre diez o doce años menos que yo. Me acerqué para saber lo que ocurría y de repente me dijo con desparpajo: ¡Eres tú el dueño del local. Bien pues diles a tus camareros que no me jodan más; que mañana les pago la copa que les debo. Ya podíais no ser tan ratas he invitar a la última copa!.
Me hizo gracia su forma de expresarse y sonreí. Tío, tienes una bonita sonrisa-me dijo.
¿Qué había visto en mí, para considerarme dueño de la cervecería?. Tal vez al verme llegar e indagar qué pasaba, pensó que el negocio era mío. El caso es que tras averiguar que solamente debía un whisky, lo aboné y volví a mi trocito de barra.
Se puso a mi lado a tomar su copa mientras yo consumía una jarra de cerveza. Si eres el dueño del local, ¿por qué has tenido que pagar la copa?-me preguntó. La miré y sonriendo le dije: Porque no soy el dueño.
Seguimos tomando cada uno nuestra consumición sin hablarnos. Estaba ebria y me sonreía sin decir nada. Aprecié sus claros y lindos ojos, sus blancos dientes, sus pechos generosos. De repente se acercó a mi oído y como si tal cosa, me preguntó: ¿Quieres follar?.
Me quedé perplejo. Nunca una mujer había sido tan directa conmigo en este tipo de ofrecimiento y menos nada más conocernos. Era una chica delgada pero con formas, con un buen par de tetas, de estatura media, vestía informal, algo hippy. La verdad es que físicamente me gustaba y la proposición era apetecible...
Lo estaba asimilando interiormente y sin darme tiempo a contestar me espetó: ¡Bueno qué!.¿Quieres follar o no?.
La miré sonriendo y le dije: Contigo sí. ¿Nos vamos?.
Salimos de la cervecería, cogimos mi coche y la llevé a plena luz del día a unas calles poco transitadas de la capital. Lugar escondido en el que ya había estado con otras chicas jugando. A pesar del alcohol que ambos llevábamos o tal vez por él, pusimos toda la carne en el asador y la temperatura dentro del coche subió en exceso. Fui derecho a tocar su sexo sin más dilación y algo enfadada me dijo: !Sois la hostia!. Todos los tíos sois iguales.
Yo, seguía a lo mío. Bajándole los pantalones y las braguitas blancas de algodón y contemplando su poblado, liso y oscuro pubis. Ella mientras tanto desabrochó el botón de mis vaqueros y deslizó la cremallera hacia abajo, buscando mi sexo.
- Me gusta tu coño -la dije.
- Y a mí tu polla -me contestó.
La visión de nuestros sexos desnudos acompañada del vocabulario morboso y lascivo nos excitó muchísimo a los dos.
La estaba masturbando con mis manos; introduciendo mis dedos en su sexo y comenzó a realizarme una felatio. Mientras su boca y sus manos terminaban su trabajo magistralmente; la dije que, con más tiempo y en un lugar más tranquilo y cómodo, iba a saber lo que era disfrutar de verdad. ¡Vas a flipar!-afirmé.
Terminó la felación y algo enfadada me dijo: El que vas a flipar vas a ser tú, gilipollas. Os pensáis que sois muy buenos en la cama y no valéis ni para tomar por culo.
En aquel tiempo, yo no tenía pareja fija. La relación con mi novia de siempre se había roto hacía varios meses y mantenía relaciones esporádicas con una mejicana llamada Asela. Joven de casi dos metros -me sacaba dos cabezas- que estaba encaprichada de mí desde hacía tiempo y al enterarse de que estaba sin pareja,¿ya no estás con la pelirroja?- me preguntó, se acostaba conmigo siempre que nos veíamos.
La tarde de que os hablo, mi plan era haber ido a ver a la mejicana en el disco bar donde acudíamos los fines de semana y tras tomar unas copas, buscar la oscuridad de la noche y fornicar en mi coche.
Lo cierto es que me apetecía más pasar la noche con la joven que acababa de conocer y le propuse averiguar si era tan buena en la cama como decía. Se llamaba Gema, era ATS y me estuvo contando que vivía con su novio en el Madrid de los Austrias, en la calle de Segovia. Su chico al parecer le había sido infiel y ella quería vengarse, acostándose conmigo. De ahí la borrachera que llevaba tras saber que su novio la había coronadocon otra.
Estaba dispuesto a buscar un hotel donde alquilar una habitación para pasar la noche y me sorprendió que me dijera que no hacía falta, que la velada nocturna la íbamos a pasar en su casa.
- Pero... ¿Y tu chico?.-la pregunté.
- Hasta mañana seguro que no viene. Se ha ido de marcha con sus amigos, o con la puta que se está follando. No sé. Y si nos pilla mejor. ¡Que se joda!-me respondió.
Como os comentaba anteriormente no hacía mucho que acababa de romper con mi novia de siempre y la verdad es que casi todo me importaba muy poco o nada y siempre he tenidobuenas manos, así que sin pensármelo dos veces, cogí dirección a su casa. Todo sería que la noche de pasión pudiera convertirse en una velada de boxeo.
Me preguntó si llevaba condones y al saber que no, paramos antes de llegar a su casa en una farmacia donde compré una caja de preservativos. Subimos a su casa y fuimos derechos al dormitorio. Tenía un bello desnudo, un bonito y apetecible sexo y la verdad es que era excelente en la cama. Nos compenetramos desde el principio a la perfección y me dio un notable alto como amante, reconociendo que se había equivocado pensando que yo era un charlatán más. Sobre las cinco de la mañana caímos rendidos en el lecho. Desperté y eran cerca de las ocho de la mañana. Gema, dormía placidamente boca abajo, ligeramente tapada por la sábana. Estaba preciosa. La estuve besando suavemente la espalda y fui bajando por todo su cuerpo hasta llegar a su gustoso trasero. Se dio la vuelta, aún con los ojos cerrados y, bien abierta de piernas me ofreció su jugoso sexo de oscuro y poblado pubis, que besé, lamí y chupé hasta sentirlo inmensamente húmedo y oloroso; momento en el que la penetré de nuevo hasta eyacular, esta vez dentro de ella.
Estaba cansada. Habíamos dormido poco y tenía la resaca del día anterior. Me pidió que la dejara dormir. Pensé que en cualquier momento podía aparecer su chico. No quise tentar más al diablo y opté por irme a casa.
- Gema me voy -la dije dándole un beso en la espalda.
Antes de irme me pidió mi número de teléfono y me dio el de casa de sus padres - donde iba habitualmente a comer - para llamarla y quedar otro día.
Nunca me llamó. Yo si lo hice varias veces pero no quiso que volviéramos a quedar. Siempre puso excusas para no vernos. La última vez que hablé con ella me dijo que se había teñido el cabello. Quise saber de qué color y entre risas me dijo que era una sorpresa y que ya lo vería cuando quedáramos.
- ¿El pubis no te lo habrás teñido? -la dije.
- No. Lo tengo igual. Ya sé que te gustó mucho.
Pasaron un par de años. Yo tenía una relación estable de nuevo y un día por Navidad llamé a Gema para saber cómo le iba la vida y tal vez quedar y tomar una cerveza juntos.
Una voz de hombre joven me preguntó que quién era yo. Le dije que un amigo de Gema de hacía un par de años.
- Soy su hermano. Gema murió hace un año -expresó apenado.
Me quedé de piedra. Había tenido un infarto y falleció en la misma ambulancia.
Me entristeció saber que ya no existía. Era bastante más joven que yo y estaba muerta. Recordé sus ojos claros, su media sonrisa, sus pechos generosos, su sexo oscuro...
Me sentí afortunado de haber podido disfrutar de ella sexualmente. De una forma u otra, Gema había sido parte de mi vida y me había dejado un bello recuerdo.
Madrid, julio de 2007
El marqués de Alféizar
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