


| Escritor: | Rodolfotacandan |
| Públicado: | 25/04/2008 |
El frigorífico Anglo, planta de procesamiento de muchos tipos de alimentos, como extracto de carne, corned beef, lengua de cordero, dulces, etc. no solamente daba trabajo a los pobladores del Departamento de Río Negro, sino que exportaban lo producido generando divisas para el país.
Los habitantes de Fray Bentos, tenían durante su existencia, una calidad de vida aceptable. Calidad de vida que da el tener trabajo, ya que ayuda económicamente y psicológicamente a las personas.
La planta frigorífica por razones particulares dejó de funcionar. Esto produjo dolor en los hogares. El Anglo ya no les daría ocupación y lugar a ganar el sustento para el diario vivir.
El inmenso edificio quedó vacío. Era una mole de cemento, que traía recuerdos de un pasado agradable. También de un penoso presente.
Pasaron los años. En la época del gobierno de facto, la esperanza de trabajo, lleno de alegría a esa buena gente.
Los árabes aparecieron en escena. SAUDICO compraba ganado en pie. Ovejas. Las subían a barcos de dos y tres pisos. Luego las llevaban a sus territorios.
Por cierto hubo trabajo. Lo que no existió fue dinero.
Esos señores entregaron como forma de pago por los ovinos, cheques sin fondo. Por supuesto, como siempre sucede, estos cheques no se cobran jamás. El papel de cheque no se come. Tal vez, puede ser usado para otro menester. Quizás, ni para eso. Triste historia de la mala época vivida por nuestro querido "paisito".
¿Acaso, con la llegada de Botnia, los frayventinos volverían a tener fe? No, pero ese es otro tema.
Con respecto a la llegada de estos extranjeros, no era ni más ni menos que un arreglo político.
El señor López de baja estatura, moreno, ex-funcionario del Anglo, se dio cuenta de la estafa, que los hechos futuros, le darían la razón.
Cuando el pueblo reunido, aguardaba en las calles, con gran alegría y agasajos, ajenos a todo, a los señores del desierto, portadores de prosperidad, Don López, hombre ocurrente, tuvo una idea que puso en práctica.
Tenía una Ford T, de colección, negra como él, con tazas de bronce. Coche que poseía en estado impecable.
Esa antigüedad tenía cuatro asientos. Los traseros, estaban más altos que los delanteros. La bocina, bautizada "chancho", emitía un sonido muy parecido al del porcino. De allí su nombre. Hoy día, esa bocina vale una fortuna.
López, se vistió de árabe y "contrató" a tres señoras, a las cuales trajo de una de esas casas de luces rojas.
Vestidas a la usanza arábica, dos ocuparon los asientos traseros y la otra el delantero como copiloto.
Con la capota baja, se adelantó al cortejo de militares y árabes.
Los atuendos de las señoras, impulsados por el viento, flotaban dando un espectáculo de color y voluptuosidad.
El negro, al volante, apretando la bocina chancho, reía, haciendo reir a los espectadores que lo habían reconocido de inmediato.
Hizo todo el recorrido fijado por las autoridades, bordeó la Plaza Constitución, cercana al batallón de la ciudad.
Terrible ofensa. Horrible vilipendio a las F.F.A.A.
Los cuatro fueron detenidos y llevados a prisión.
¡Qué mal! Una infamia así no podía tolerarse.
Lo que sí, se pudo tolerar fue el empapelamiento con cheques incobrables, entregados por los del turbante.
No estoy seguro de esto, pero los frayventinos debieron luego, entonar el canto aquel que dice: "las penas son de nosotros, la ovejitas son ajenas". En realidad, hubo un pequeño cambio. La letra original de la canción, en lugar de ovejitas, hablaba de vaquitas.
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